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EDITORIAL

La Laguna y el desarrollo sostenible (II)

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ
miércoles 10 de julio 2019, actualizada 7:26 am


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En la columna anterior mencionamos que el desarrollo sostenible es el nuevo paradigma en el que se basa el quehacer humano y su relación con el entorno que le rodea, constituye la visión más elaborada que recientemente haya formulado la especie humana en la que se pretende fincar su desarrollo presente y futuro, en la medida que integra los diferentes elementos económicos, sociales, ambientales, culturales y políticos que le caracterizan.

A la fecha el desarrollo sostenible es más un paradigma científico o una utopía social que algo real. Si bien hay ya un acervo importante sobre este tema, está muy lejos de que ocurra una transición entre la situación que se vive y la que se aspira, prueba de ello es que la mayor parte de los países, regiones o localidades del orbe no planifican sus políticas y acciones con base en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), o si lo hacen, escasamente cumplen, aquellos que Naciones Unidas ha definido a través de su programa para el desarrollo (PNUD), así como de las directrices que derivan de los acuerdos y convenios internacionales que se suscriben para hacerlos posibles.

La mayor parte de los gobernantes y empresarios, como principales tomadores de decisiones en las diferentes escalas del poder público y privado, tienen visiones no convergentes o desfasadas del desarrollo sostenible, por ello corresponde a los ciudadanos incidir anteponiendo el interés de la mayoría sobre los intereses particulares de quienes decidan sobre el erario público o acotar la inversión privada que apunta a un crecimiento económico que busca la competitividad sin sostenibilidad. Preocuparse por la sostenibilidad del desarrollo en la política pública local es fundamental, y lo será mejor si se basa en los Objetivos del Desarrollo Sostenible (17) y los estándares que derivan de su cumplimiento.

México es un país demostrativo de lo anterior, o la propia Comarca Lagunera. Un ejemplo tajante es la información que difunde Naciones Unidas a través de la Comisión de las Partes sobre Cambio Climático, que apura a la población mundial para evitar continúe el calentamiento del planeta porque los desequilibrios en puerta tendrán un impacto que alterará la vida en la naturaleza y la sociedad. Ante ello, ¿Cuantas de las municipalidades locales están elaborando y aplicando algún plan de acción ante el Cambio Climático?, hacerlo implica cumplir con el Objetivo No.13, Acción por el Clima.

Si bien hay acciones que muestran avances como el metrobús de la zona metropolitana, ya retrasado en la parte de Coahuila y obstruido por los transportistas privados en la de Durango, no hay inversión en infraestructura para movilidad no motorizada porque se sigue priorizando la que favorece el uso del automóvil, o mínimo el esfuerzo para cambiar la cultura ambiental en el sector educativo formal y entre la mayor parte de la población, es tangencial el esfuerzo para mejorar y aumentar la cubierta vegetal urbana, solo por mencionar algunos temas competencia de los gobiernos y los ciudadanos a nivel local. Atender estos temas también nos acercará a cumplir otro Objetivo, el No.11, Ciudades y Comunidades Sostenibles, que al analizarlo a nivel local veremos de que estamos muy lejos de cumplir las metas que se propone para 2030.

Lo mismo ocurre con el Objetivo No. 6, Agua Limpia y Saneamiento. Como mencionamos en otras ocasiones las ciudades de la zona metropolitana lagunera crecieron, y siguen haciéndolo, de manera desordenada, más acorde con los intereses particulares de quienes se benefician con la renta urbana que de los propios ciudadanos, por lo que atender la deficiente gestión del agua urbana no ha sido posible ya que ni siquiera somos capaces de abastecer agua de calidad, potable, a la población porque la que se extrae del subsuelo está contaminada con Arsénico, aunado a que ya existen problemas de abasto.

Es lamentable que aun cuando se comparte el diagnóstico sobre el origen de esa contaminación, la sobreexplotación del Acuífero Principal, nuestra fuente básica de abasto, las élites económicas y políticas locales pretendan construir una potabilizadora de agua del río Nazas, cuyo costo oscila en alrededor de ocho mil millones de pesos, en vez de ver como se revierte el abatimiento del agua almacenada en el subsuelo. Otra vez se anteponen los intereses de los grandes usuarios que concentran las concesiones de agua subterránea sobre los de los ciudadanos.

Pero también habrá que reflexionar sobre el modelo de producción en que se basan las actividades agropecuarias, donde uno de los pilares de la economía local (cuenca lechera) no puede soportarse en una práctica que ejerce fuerte presión sobre los recursos naturales, lo contrario a las metas del Objetivo No. 12, Producción y consumo sostenible. En La Laguna el agua esta sobreexplotada y contaminada, los suelos agrícolas contaminados, los ecosistemas deteriorados y bajo presión humana constante, el aire contaminado y otros señalamientos verificables. El modelo de producción en que se base la economía local debe hacer compatible competitividad con sostenibilidad, sino carece de futuro.

Quizás ese desfase entre las élites políticas y económicas con los ciudadanos denota el vacío u omisión de las primeras al no percibir la importancia que tiene para los segundos un transporte público decente y accesible, el acceso a agua en calidad y cantidad suficiente, o basar su economía en un modelo de producción más amigable con el ambiente, pero ese vacío también lo cultivamos los ciudadanos al no involucrarnos en los temas que tienen que ver con la gestión pública y exigir que esta responda al interés ciudadano. Para transitar de una forma de producción y vida a otra se requieren muchos años, pero más nos tardaremos si continuamos con gobernantes con perfiles similares a quien hoy nos gobiernan: o los actuales cambian su visión del mundo o los nuevos deben contener una nueva más acorde con la realidad. Esto depende gran parte de nosotros, los ciudadanos.

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