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EDITORIAL

El Metrobús

ARCHIVO ADJUNTO

LUIS F. SALAZAR WOOLFOLK
miércoles 26 de junio 2019, actualizada 7:28 am


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La cancelación del proyecto Metrobús, que fue concebido con el pretexto de satisfacer las necesidades de transporte público en la zona conurbada de la Comarca Lagunera, revela no tan solo el estilo autoritario del gobierno de López Obrador, sino también la inconsistencia de los Gobiernos locales de Coahuila y Durango y, como siempre, pone de manifiesto la corrupción en el manejo de los recursos públicos.

Como es del conocimiento, la materia del proyecto consiste en una ruta rápida de autobuses, basada en un diseño de las vialidades y un conjunto de muros de concreto, que crean un carril de circulación exclusivo que permite el flujo continuo de las unidades vehiculares integradas al sistema.

Del lado de la Laguna de Durango nunca ha existido voluntad política orientada al desarrollo del proyecto, por la complicidad entre autoridades que ven amenazada su alianza ancestral con los concesionarios del transporte, y los propios concesionarios, que vieron en el Metrobús un peligro para sus intereses. Como consecuencia de lo expuesto, no se destinaron recursos al proyecto, ni durante el sexenio de Jorge Herrera Caldera, ni en lo que va del gobierno de José Rosas Aispuro por lo que en consecuencia, el proyecto no se diseñó ni se construyó en el área duranguense.

En la parte de Coahuila ocurre cosa distinta, pero igual o más perniciosa. Rubén Moreira gestionó y obtuvo del Gobierno de Peña Nieto recursos sin que existiera un proyecto integral, e inició en solitario con tal de hacerse de recursos Federales que pudiera utilizar a su antojo y sin rendir cuentas, como lo han hecho en forma sistemática los Gobiernos del moreirato, incluido el de Miguel Riquelme. A ello obedece que además de la opacidad reinante en el tema de los dineros, el Gobierno de Coahuila no se haya molestado en proponer el modelo de negocios que piden conocer los concesionarios del transporte de este lado del Nazas, ni se dieron a conocer las formas de operación que se esperan en beneficio del usuario de carne y hueso.

Dados tales antecedentes, lo más seguro es que el proyecto en Torreón se abandone, o en el mejor de los casos se aproveche hasta donde va como paliativo al problema, y en la parte de Durango, se cancele sin mayor trámite. Lo anterior se advierte como escenario muy probable, porque después del manotazo en la mesa dado por López Obrador, el gobierno local de Coahuila y los concesionarios, siguen enfrentados y dando palos de ciego.

Lo cierto es que la cancelación del Metrobús, fue decretada bajo el pretexto de reforzar los sistemas de salud pública y la escasez de agua en la Comarca. Lo menos que podemos esperar, es que el presidente hubiera dictado instrucciones inmediatas al Secretario de Salud y al director del Seguro Social, para acometer un plan de emergencia que como mínimo, ponga a operar el hospital de especialidades del IMSS recién construido en Gómez Palacio, antes de que se convierta en un elefante blanco o peor aún, en un "yonque" objeto de vandalismo.

También era de suponer que el Presidente hubiera girado instrucciones al Director de la Comisión Nacional del Agua, para concretar en un término perentorio, un proyecto para potabilizar el agua de la presa Francisco Zarco, y conducirla a las diversas poblaciones de la región.

Es importante evitar que el tema en comento quede reducido como está ocurriendo, a un tópico de discusión estéril que enfrente a la sociedad lagunera consigo misma. Es menester por otra parte, impedir que la cancelación del Metrobús se convierta en una cortina de humo que permita al Gobierno de Coahuila, que preside Miguel Riquelme, salir airoso del problema de opacidad, con la que se han gastado los recursos federales destinados al proyecto, cuyo comentario nos ocupa.

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