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EDITORIAL

Biodiversidad y sostenibilidad

A la ciudadanía

MANUEL VALENCIA CASTRO
miércoles 26 de junio 2019, actualizada 7:27 am


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Quienes estamos interesados en la conservación de la diversidad biológica sabemos que en la medida que mantenemos en un buen estado de salud los ecosistemas, las especies vegetales y animales que se encuentran en ellos, y la integridad genética de cada especie, estaremos más próximos de lograr la sostenibilidad.

Por eso, la biodiversidad es considerada como un indicador integral de la sostenibilidad, si perdemos diversidad biológica nos alejamos de la sostenibilidad y si la conservamos entonces nos aproximamos a ella, esto no es una exageración, son muchos los fenómenos y procesos que dependen de las diferentes fuentes de biodiversidad.

La conservación del suelo por ejemplo, está estrechamente ligada a la biodiversidad, cuando la removemos sin mesura por efecto de una deforestación o cambio de uso de suelo, actúan los procesos erosivos que dañan irreversiblemente el suelo, ocasionando deslizamientos de cerros sobre comunidades generalmente rurales y en otros casos extremos cuando ocurre la destrucción de la cubierta vegetal, el suelo se modifica, degrada y destruye, ocasionando un deterioro ecológico que caracteriza la desertificación, en estos casos, la delgada capa de suelo fértil y productivo se pierde disminuyendo su potencial de producción.

La producción agrícola es uno de los factores más importantes que modifican y destruyen parcial o totalmente el suelo. Esta actividad inicia con la remoción total de la vegetación original lo cual cuando se hace a costa de ecosistemas como las selvas tropicales que albergan la mayor biodiversidad del planeta, como ocurrió en el periodo entre 1980 y 2000, las pérdidas son inconmensurables. Desde 1970 la agricultura industrial aumentó su valor tres veces, pero degradó aproximadamente un 23 por ciento de los suelos del planeta, limitando su productividad y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y a la población humana en su conjunto. Es precaria la situación global de alimentos, el margen entre producción y consumo de alimentos es peligrosamente pequeño y la situación se agrava cuando sabemos que hay una tendencia de largo plazo en que se incrementa la demanda de alimentos y hay límites a la producción alimentaria, como la alta proporción de suelos desertificados.

Por eso no nos extraña que la agricultura altamente tecnificada, como se aplica hoy, sea considerada ecológica y económicamente insostenible, ya que sus externalidades económicas, sociales y ambientales son sencillamente inaceptables.

El camino por el que actualmente caminamos nos lleva en sentido contrario de la sostenibilidad. De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés) la tasa de cambio global en la naturaleza durante los últimos 50 años no tiene precedentes en la historia de la humanidad: los ecosistemas naturales han declinado un 47 por ciento en promedio, en relación a su estado original; El 25 por ciento de las especies ya están amenazadas de extinción en la mayoría de los grupos de animales y plantas estudiados (esto significa aproximadamente un millón de especies de las actualmente conocidas), las comunidades ecológicas terrestres han declinado un 23 por ciento y la biomasa y el número de mamíferos salvajes a caído hasta en un 82 por ciento.

Estos cambios negativos globales en la naturaleza, enfatizan las disminuciones en la biodiversidad, que han sido y están siendo causadas por cambio de uso de la tierra y el mar, explotación directa de organismos, cambio climático, contaminación y especies exóticas invasoras, las cuales se deben a una serie de causas sociales y económicas subyacentes.

Estas causas pueden ser demográficas, como la dinámica de la población humana, socioculturales como los patrones de consumo, económicas como el comercio, tecnológicas o relacionadas con instituciones, gobernanza, conflictos y epidemias. Para tener una idea de estos efectos originados en la interacción de la población humana con la naturaleza, consideremos los patrones de consumo: Un reciente estudio publicado en Nature Climate Change sugieren que si las tendencias de consumo de alimentos, y por lo tanto su producción, se mantienen como en el presente, alcanzarían o sobrepasarían por sí mismas, las metas globales de reducción de emisiones de gases de efecto de invernadero de la economía mundial para el 2050, y mantener esas metas implicaría tener que descarbonizar los sectores industrial y energético globales.

La conservación y el uso sostenible de la naturaleza es la vía que puede conducir a la sostenibilidad y a la resiliencia necesaria para adaptarnos al cambio climático, sin embargo, como siempre habrá oposición de aquellos con intereses en el status quo, los principales responsables de las externalidades que nos contaminan y nos intoxican. De todos depende que esto cambie, por lo pronto, después de escribir esto, valoro aun más nuestras áreas naturales protegidas.

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