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Columnas Social

Piénsale piénsale

ARTURO MACÍAS PEDROZA
domingo 23 de junio 2019, actualizada 12:47 pm


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LAS CINCO TENDENCIAS POSITIVAS QUE TODOS POSEEMOSLAS CINCO TENDENCIAS POSITIVAS QUE TODOS POSEEMOS

No nos comportamos bien por la presión de una ley divina, religiosa, social o de la tradición. Aunque necesitamos las leyes para la vida social, éstas son variadas según las diversas épocas, culturas, legislaciones y decisiones de la mayoría. Pero la vida que brota de la interioridad espiritual, impulsa a la verdad, al bien y a la felicidad. Ante las diversas tiranías que buscan imponerse contra nuestra naturaleza, dignidad y libertad, ha llegado el momento de recuperar esa raíces espirituales que subsisten en la profundidad de nuestra naturaleza.

Hay cinco inclinaciones fundamentales que alimentan nuestra libertad: La primera es nuestra inclinación al bien, inseparable de nuestra atracción de la felicidad y el primer bien que buscamos es la conservación de nosotros mismos (segunda) que nos lanza a transmitir la vida con la sexualidad (tercera). Nuestra naturaleza espiritual nos inclina a la verdad (cuarta) como objeto propio de la inteligencia, y a la vida en sociedad (quinta), que procede del sentido del otro que nos construye a nosotros mismos en la comunicación, en la comunión y en el lenguaje.

Ante el desarrollo de tendencias contrarias al hombre concretizadas en leyes inicuas, poderes destructivos, avance de la injusticia y deterioro del planeta, es consolador saber que Dios ha puesto en el corazón mismo de nuestra personalidad libre, herramientas que, no sin esfuerzo, pueden revertir estas tendencias. Este es pues un llamado a ser conscientes de estas inclinaciones y a ponerlas en acción.

1. La inclinación al bien es más que el deber: atrae y causa el amor. El sentido del bien y del mal subsiste a pesar de la falta y de la corrupción, como la salud en medio de la enfermedad. Buscar el bien verdadero y evitar el mal real por encima de las apariencias nos impulsa a hacer lo debido, superando egoísmos; amando el bien simplemente por ser digno de ser amado. Activar esta inclinación nos impulsa a buscar lo que es bueno y rechazar lo que es malo.

2. La inclinación a conservar nuestro ser es fundamental para la salud, para defendernos y para dar sentido a la realidad. Es dinámica porque nos impulsa no sólo a subsistir, sino a progresar; no sólo a lo físico, sino a lo espiritual, que es parte constitutiva de lo que somos; no sólo a conservarnos, sino a conservar al otro; no sólo conservar la salud física, sino también la moral; no sólo para este mundo, sino apela a la esperanza de trascender. Esta inclinación abarca problemas de suicido, de aborto, de tortura, de eutanasia, etc., y apoya la medicina y las políticas de salud. La cultura de la muerte enfrenta una infranqueable barrera ante esta tendencia.

3. La inclinación al matrimonio compromete a toda la personalidad a través de los lazos afectivos y va más allá de los datos biológicos. El matrimonio tiene el don de la vida y la educación, asegurando la perpetuidad y el crecimiento de la especie humana y de su herencia cultural. La ley del amor une la mutua donación y la fecundidad. En el ámbito familiar como base de la sociedad, se hacen realidad las demás inclinaciones, porque ofrece las primeras experiencias de la vida relacionada con el amor, la felicidad, la valoración concreta del bien y del mal y la educación moral; el sentimiento de ser y la seguridad ante la vida; los conocimientos básicos y la lengua materna; la diferencia entre los sexos y los caracteres. Los ataques contra la familia son ataques contra la misma sociedad. Las políticas públicas a favor de la familia redundan directamente en bien de la sociedad. La regulación de la inclinación sexual es positiva porque está al servicio del verdadero amor. El derecho natural al matrimonio proviene de esta inclinación y le da sus características propias.

4. La inclinación al conocimiento de la verdad es propia de nuestra naturaleza humana. Las mentiras, errores, verdades a medias y engaños contradicen nuestro espíritu y unen a los que aman la verdad. La realidad razonada por la inteligencia lleva a practicar la bondad, aplicando preceptos morales como el de "hacer el bien y evitar el mal" para asegurar que sean perfectos. La ciencia, la sabiduría, la experiencia y la prudencia son virtudes que atraen a todo ser humano. Un espíritu humano no puede ser encerrado en la ignorancia por su propio gusto y mucho menos involuntariamente. La verdad atrae a la mente como el sol a los girasoles. Las deficiencias sociales para instruir y cultivar la inteligencia serán resueltas con la misma inteligencia que sólo se satisfará con la Verdad Trascendente, es decir, con Dios.

5. La inclinación a la vida en sociedad descansa en la necesidad que tenemos los unos de los otros, pero se fundamenta más profundamente en el amor traducido en afecto y amistad, más natural que la competencia, el egoísmo, el individualismo. El lenguaje humano es signo de esta disposición, pues con él se comunican sentimientos, pensamientos y necesidades más profundos. Se construyen los amigos, las familias, la solidaridad nacional y mundial. La educación ordena esta inclinación y promueve la justicia, el derecho, las relaciones familiares, sociales, nacionales, internacionales y hasta las relaciones con Dios en la religión, siempre buscando la armonía y la paz.

La crisis antropológica que estamos viviendo será superada no desde el exterior, sino interiormente. Cada ser humano desde antes de nacer trae la imagen de Dios y atrevernos a descubrirla es el inicio de la humanidad nueva. Nuestras inclinaciones naturales poseen un dinamismo capaz de superar fuerzas contrarias al ser humano.

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