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EDITORIAL

45 días y un sexenio

Sobreaviso

RENÉ DELGADO
sábado 15 de junio 2019, actualizada 7:29 am


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Sólo así se explica el descuadramiento de la administración y la conversión de Marcelo Ebrard en secretario del Interior y el Exterior, el primer-primer ministro. Non destacado entre pares aplanados o aplastados, que sólo requiere de obediencia y disciplina de los colaboradores, puestos a su disposición.

Ese giro plantea dudas sobre el posterior efecto colateral y la ausencia de una estrategia de un alcance mayor a cuarenta y cinco días.

Primera duda: ¿qué necesidad de deformar la Guardia Nacional?

Más de una vez se reiteró: la nueva fuerza de seguridad entraría en funciones el 30 de junio con cincuenta y tres mil elementos, al transferirse estos de las policías militar, naval y federal a la Guardia.

Ahora, sin embargo, seis mil de sus supuestos integrantes (11.3%) están llamados a contener el flujo migratorio hacia Estados Unidos, operando en la frontera sur del país. La Guardia destinada a detener criminales, arranca deteniendo migrantes. ¿Qué necesidad de deformar su función en su estreno extraoficial?

Si Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos y Veracruz eran las entidades a las cuales la Guardia daría prioridad en su inicio, estableciendo 150 coordinaciones territoriales, ¿cómo queda el estado de fuerza con la disminución de efectivos enviados al sureste?

Hay, por lo demás, un hecho ineludible: colocar un brazalete a los soldados no disfraza el carácter militar de la operación en el Suchiate. Si irritaba que Estados Unidos militarizara la frontera en El Bravo, México lo evitó militarizando la frontera sur con tal de saciar al socio amenazante.

Segunda duda: ¿por qué se ignoró a la flamante Secretaría de Seguridad?

Suponiendo sin conceder que son elementos de la Guardia Nacional quienes contendrán el flujo migratorio, ¿por qué la ausencia del secretario de Seguridad y del comandante de la Guardia, Alfonso Durazo y Luis Rodríguez Bucio, en las reuniones habidas aquí y en Estados Unidos en relación con el compromiso adquirido?

Si, en efecto, la Guardia es la responsable de la operación, asombra que ni el comandante de ella ni el secretario del ramo hayan sido considerados. En su lugar apareció el general Vicente Antonio Hérnandez Sánchez, comandante de la 36a. Zona Militar con cabecera en Tapachula, Chiapas, que coordinará la operación. Pero ¿qué no fue una larga discusión aquella del mando civil de la Guardia?

Al grupo comisionado para frenar a los migrantes se incorporó a Francisco Garduño que, al momento de su nombramiento, se desempeñaba como comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, o sea, administraba los penales. Ahora, se encargará de los migrantes. Sustituirá a Tonatiuh Guillén en el Instituto Nacional de Migración. Un celador en lugar de un profesor. ¡Qué mensaje!

Si forma es fondo, es clara la militarización de la seguridad nacional, interior y pública, y la criminalización de los migrantes. ¿Qué caso crear la Secretaría de Seguridad si su función hoy es de ornato?

Tercera duda. ¿Cómo queda ahora la Secretaría de Gobernación y, con ella, la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración, el Instituto Nacional de Migración y la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados? Disminuida desde hace años en sus funciones relacionadas con la política, la inteligencia, la seguridad y, ahora, la migración y las iglesias, Gobernación vive uno de sus peores momentos.

Más allá de las declaraciones y silencios de los funcionarios de esa dependencia intentando atemperar o evadir cuanto ocurre en estos días, es evidente su descuadramiento. A la renuncia de Tonatiuh Guillén al Instituto Nacional de Migración seguirán otras bajas, o bien, el traslado oficial de algunas de sus facultades, como la migratoria, a otras instancias.

La emergencia a punto está de desarmar Gobernación. No deja de ser curioso que, si bien el presidente López Obrador rechaza ser un florero, le encanta tener floreros a su lado.

La amenazante coyuntura ha metido en un problema mayor a la administración.

Habiendo hecho cambios en la Ley Orgánica de la Administración, ahora, se han operado ajustes que desfiguran al gobierno y descuadran la administración, dejando al garete efectos no deseados. No es una cuestión de celos la que se ha despertado en el gabinete, es una crisis en la esfera de sus atribuciones. De no corregirse, la viabilidad del propio gobierno podría verse en un apuro.

En el ánimo de conjurar la amenaza arancelaria en cuarenta y cinco días sin ni siquiera fijar una métrica para evaluar los resultados del compromiso adquirido, se perdió de vista una estrategia de mayor alcance. Todo el esfuerzo está puesto en satisfacer a Donald Trump, pero no en advertir el peligro supuesto en la baja de la calificación crediticia del país y la pérdida de capacidad operativa del gobierno.

Importa desde luego contener o sortear la hostilidad, la unilateralidad y la procacidad de Trump y, con ello, evitar castigos y asegurar el nuevo tratado de comercio, pero ello no basta.

Es menester generar confianza a la inversión, crear condiciones para el crecimiento y la estabilidad financiera y económica. Eso exige reconocer el tamaño del problema, los limitados recursos públicos y las circunstancias internas y externas que limitan los proyectos y obligan a elaborar una estrategia de mucho mayor alcance.

Cuarenta y cinco días no suman un sexenio.

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