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EDITORIAL

Verdades y rumores

EL AGENTE 007
sábado 15 de junio 2019, actualizada 7:24 am

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Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador y su tan anhelada Cuarta Transformación es blanco constante de todo tipo de críticas y cuestionamientos, sobre todo, y por obvias razones, por parte de los políticos de otros partidos, su visita a la hermana república de Gómez Palacio este domingo ha generado más expectativas que la gira de cualquier famoso rockstar; desde el alcalde panista de Torreón, Jorge Zermeño, hasta el gobernador de Durango, José Rosas Aispuro, también del Acción Nacional, han mandado por ahí a sus emisarios para que disimuladamente pregunten por la agenda del preciso y busquen, como quien no quiere la cosa, la forma de acomodarlos en la foto y de paso pedirle alguna ayudita al presidente, que si con los problemas del agua, que si con los de seguridad, que si la inversión, que esto y que lo otro.

Nuestros subagentes, disfrazados de acomodadores de sillas, nos informan que hasta el recién electo alcalde de Lerdo, el priista Homero Martínez, quien se descosió en campaña contra la 4T y el presidente, anda pidiendo que no lo dejen fuera del besamanos oficial; a ver si cuando tome posesión puede recurrir a Palacio Nacional para que le ayude a componer el desorden con el que recibirá Ciudad Jardín, desorden del que por cierto fue parte como tesorero durante más de año y medio. Sin embargo, dicen que la disputa mayor está entre la que pretende ser la anfitriona oficial de la visita presidencial, la aún alcaldesa priista, Leticia Herrera, y quien la sucederá el próximo mes de septiembre en el cargo, la alcaldesa electa de Morena, Marina Vitela, quien llevaría mano por ser del mismo partido del presidente. Dicen que desde que se dio a conocer que la gira de don Andrés Manuel tendría una paradita en Gómez Palacio, a la alcaldesa electa le empezaron a saltar amigos por todas partes; empresarios, asociaciones y políticos de todos los partidos, quienes ahora sí ven la necesidad de una visión metropolitana, y no vaya a creer, estimado lector, que por el hecho de que doña Marina será la única alcaldesa de Morena por estos rumbos, sino por el noble interés que tienen en nuestra región. ¿Será?

También dicen que doña Leticia, no se ha mostrado muy cooperativa con respecto a facilitar el lugar sede para el magno evento de los amlovers, razón por la cual algunos priístas de aquellos lares han recordado aquel inolvidable momento de principios del año pasado cuando militantes y simpatizantes priistas sacaron de Gómez Palacio a los integrantes de la Caravana por la Dignidad que encabezaba el gobernador panista del estado de Chihuahua, Javier Corral Jurado, e irrumpieron en el mitin de la Plaza de Armas solo para recordarle que este municipio es tierra de dinosaurios... bueno, era. Por supuesto, en esta ocasión las cosas no podrían llegar a tanto pero eso sí, al parecer todavía caldeados los ánimos por la no tan lejana contienda electoral los hijos del Revolucionario Institucional no están como para deslizar suavemente la alfombra para que pise fuerte López Obrador.

A los que también les deberían dar recomendaciones, pero para que aprendan a agilizar sus dictámenes, son a los flamantes integrantes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, quienes, al igual que sus homólogos en la provincia coahuilense, suelen emitir sus resoluciones con la paciencia del profeta Job, o sea, años después de que el ciudadano acude a ellos a fin de ser auxiliado; y para la muestra baste un botón: la CDHEC hizo una recomendación al Hospital General de Torreón por una denuncia presentada hace ¡tres años! Sí, leyó bien, mi estimado lector, treinta y seis meses después de que un usuario que se quejó por falta de insumos, medicamentos y personal durante una emergencia. Y hace apenas unos días la misma comisión nacional emitió otra recomendación, esta vez a la clínica 51 del Instituto Mexicano del Seguro Social de Gómez Palacio, por un caso de violencia obstétrica que cobró la vida a una mujer de 36 años de edad en el 2015, es decir, hace cuatro años. Nuestros subagentes, disfrazados de archivero repleto nos informan que las comisiones estatales y nacional de los derechos inhumanos se han convertido en una especie de santuario para becarios que pasan por esas oficinas sin pena ni gloria. Y súmele que ahora con la llegada de la Cuarta Transformación al poder federal las cosas todavía se burocratizan aún más con la Ley Mordaza, que han aplicado a todas sus delegaciones estatales, las dependencias tienen que pedir permiso a sus centrales de la capirucha para poder contestar.

Muchos creen que deberían aprender del jefazo del Hospital General de Torreón, Francisco Javier Dorantes, quien de plano le agarró el modo para evitarse problemas con la incómoda prensa, y desde hace varios meses aplica la táctica de las avestruces cuando algún reportero preguntón lo busca en sus oficinas; y como el ave, el funcionario esconde la cabeza y evita declaraciones de cualquier tipo. Nuestros subagentes, camuflados en las bodegas de medicinas a medio surtir, aseguran que no son pocas veces las que el doctor evade de un modo frontal a la prensa incómoda (porque a la prensa cómoda sí la atiende con café y galletas), y cuando acuden a la oficina de don Francisco para aclarar algún tema relacionado al hospital, en lugar de responder a la opinión pública, envía a su séquito a lidiar con una larga lista de excusas. Dicen que ante las constantes polémicas por fallas en el servicio, desabasto de medicamentos y carencias en las instalaciones, ha optado por simplemente “echarle la bolita” al director de la Jurisdicción Sanitaria número seis, César del Bosque, a quien no le queda otro remedio que capotear toros ajenos, aunque hay que aclarar que tampoco es que don César cante mal las rancheras.

Lo que se creyó sería un “boom etílico”... perdón, comercial, fue el tan cacareado Paseo Morelos de Torreón, obra que marcaría un antes y un después en la historia de nuestra ciudad, según presumía el eterno funcionario Gerardo Berlanga, exdirector de Obras Públicas del Municipio. En un inicio la obra pretendía ser el detonante de la reactivación comercial y turística del centro de la ciudad. Luego de saltar todas las críticas y ya remodelado, en su mayoría los negocios que han proliferado en el paseo se dedican a la venta de alcohol, antros disfrazados de restaurantes bar. Al paso de los años la euforia se fue apagando y nuevamente se encuentra “en renta”, y la imagen urbana ahora es adornada por una larga fila de carteles de renta de todos los tipos, colores y precios. Si bien los dueños encarecieron sus rentas, la falta de estímulos y el deterioro del espacio lo están dejando en la orfandad. Incluso en eso de aventar culpas, la Cámara de Comercio de Torreón cuestiona el descuido de las autoridades municipales por la falta de limpieza y seguridad, aunque paradójicamente el tramo cercano a la Calzada Colón aún está vivo, y hasta sigue generado “fuentes de empleo alternas”, como la creciente red de franeleros, quienes se han adueñado de la zona, ante los ojos de los inspectores y agentes de tránsito y vialidad, quienes ya mejor se hacen de la vista gorda a la hora de aplicar los operativos “bájale a tu ruido”, que curiosamente no han cobrado ni una sola multa en el Centro Histórico, donde bares y antros cumplen a cabalidad con los decibeles permitidos por la ley; sector en el tampoco se han vuelto a ver los operativos para retirar los vehículos de las banquetas diseñadas como estacionamiento, no como lugares para el peatón. En fin, a ver si los malpensados no empiezan a sospechar porque en unos lugares sí se aplica la ley y en otros no.

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