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EDITORIAL

Uniformes

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 13 de junio 2019, actualizada 7:26 am


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La jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, el pasado martes 4 de junio del presente año anunció que en los planteles públicos de primarias y secundarias de la capital los alumnos podrían elegir libremente el uso de falda o pantalón en forma indistinta, independientemente de su sexo. Nótese que no habló de considerar la opinión de los padres de familia.

El desafortunado anuncio provocó mayor distanciamiento entre mexicanos conservadores y liberales. La muestra se dio en el Congreso de la capital, donde los diputados discutieron sin llegar a un acuerdo. Seguramente por los padres de menores, quienes comprendieron las consecuencias en hijos propios.

Desde luego que en la CDMX el tema generó diferentes opiniones, no así en provincia, más conservadora; los padres, ofendidos, manifestaron masivamente su inconformidad. Luego, el Secretario de Educación, Esteban Moctezuma, intentó suavizar lo anunciado, asegurando se referían a las mujeres.

Le pido centremos el contexto del Diálogo, considerando que la educación básica busca, entre otras cosas: la sociabilización de los estudiantes, quienes deben definir sus formas de relación social; otra función importante es el favorecimiento del 'pensamiento concreto', dar apoyo al desarrollo de las capacidades intelectuales para comprender su ubicación individual y grupal.

Para ello, se imparten materias tales como aritmética y gramática, ambas configuran lenguajes en las redes neuronales, que utilizarán para comunicarse el resto de sus vidas.

A esos principios educativos también les han pegado, con aquello de buscar 'aprendizaje en trabajo de equipo', por lo que no se aplicarán exámenes individuales y se permitirá copiar, pero… esa es otra locura.

Le comparto mi opinión al respecto de los uniformes, a los que me opuse desde siempre, por considerar importante que cada estudiante se identificara a sí mismo y mostrara su carácter y temperamento, para apoyarlo en el desarrollo humano.

Los uniformes: uniforman y restan oportunidades de individualización. Debo reconocer que en los últimos años cedí ante padres y profesores de educación media, quienes me argumentaban la economía familiar.

Se dice que los primeros años de la vida -de 4 a 7- marcan, en mucho, la personalidad del sujeto, y habrá que darle toda la libertad para que se autodefina, con apoyos de padres y profesores.

Esa es la justificación de quienes aceptan la propuesta de permitir a los varones el uso de faldas, olvidando -¿desconociendo?- que a través de las modas se generan tendencias, formas de restringir libertad para formar criterio y hasta decidir cuestiones de desempeño sexual.

Claudia Nevárez, integrante de la Sociedad Educativa de Refuerzo a la Familia y Valores (Serfam), mostró la inconformidad declarando: "creen que van a la vanguardia y en realidad lo que están creando es confusión o desorden social, empezando por la confusión que generan en los mismos niños".

Temíxtocles Villanueva, diputado local de Morena, responde: "propicia la posibilidad de que las infancias ejerzan su derecho a autodefinirse, a autodeterminar su propia persona; es un derecho establecido en la Constitución de la Ciudad de México, se trata del derecho al libre desarrollo de la personalidad", contraviniendo los principios científicos del campo de la psicología infantil, apoyándose más por su gusto preferencial que por saber.

Otro argumento a favor está basado en la supuesta limitación de la agresión a las estudiantes, al usar pantalón evitando mostrar las piernas. Si así fuera de sencillo, el bullying no iría en incremento.

Los estudiosos -que sí saben- hablan de factores más importantes, como los medios de comunicación masiva, las redes sociales y el descuido de la formación integral, particularmente en valores humanos y sociales. Interesante que no se trate el asunto de maquillajes y ropas ajustadas, tan de moda, que influyen en el despertar del desempeño sexual prematuro.

Desde que Sheinbaum se aventuró con la puntada, en declaración nacional, he preguntado a profesores, médicos, psicólogos y amigos con profesiones varias y todos presentan una reacción en común: desconcierto; algunos, sonrisas de nerviosismo por lo que pueden ocasionar tales decisiones en educación, especialmente los que tienen hijos menores.

La mayoría de ellos me muestran los comunicados chuscos publicados en la red. Particularmente me llamó la atención la burla de un grupo de adolescentes que se tomaron una fotografía uniformados: ellos con falda, ellas con pantalón, sin duda repudiando con ironía el desacierto de tal decisión.

Algunos tratan de encontrar razones en las ´Técnicas de Distracción´ que, ante los malos resultados de las gestiones en administración pública, buscan poder disminuir la caída en los índices de aceptación.

Otros más insisten en el despropósito de la deconstrucción para desintegrar a la familia y restarle poder de autoridad a los padres en la educación de sus menores.

Desde el punto que se analice, el desconcierto genera desconfianza e inseguridad, luego abandono al apoyo a las ideas políticas.

¿Qué nuevas sorpresas nos tendrán reservadas?

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