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EDITORIAL

La reina y su visitante incómodo

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
jueves 06 de junio 2019, actualizada 7:28 am

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"La política es el arte de engañar".— Maquiavelo

Le es imposible quedarse callado, ama llamar la atención y además, nadie tiene los arrestos ni el poder para controlar y dosificar la forma en que utiliza las redes sociales. Cuando alguien logre hacerlo, sin duda habrá abonado a nuestra paz interior y a la estabilidad del orbe.

Seguramente ni el mismísimo Henry Kissinger, gran articulador de la geopolítica y la diplomacia triangular a fines del siglo veinte, advirtió que llegaría el día en que el presidente de Estados Unidos haría política -es un decir- desde el ciberespacio.

En consecuencia, la visita de Donald Trump a Reino Unido, no ha estado exenta de sobresaltos, pifias diplomáticas y amenazas al por mayor. Mientras Ebrard y la delegación mexicana "hilan fino" y "botanean" sabroso frente a Nancy Pelosi en Washington, el visitante incómodo les recuerda, desde Inglaterra, que sus esfuerzos serán en vano y que el lunes tendremos aranceles. Por ello, rogamos al Santo Niño de Atocha, tan socorrido por Ricardo Monreal cuando se presenta una crisis, que las negociaciones lleguen a buen término.

A minutos de aterrizar en Londres, Donald Trump tomó el celular y a través de su plataforma preferida, Twitter, insultó al alcalde de la capital británica para abrir boca y ponerle sazón a la estancia en tierras inglesas. A partir de su irrupción en la escena nacional, cuando televisión, espectáculo y política se confabularon, todo han sido sobresaltos con él. Por si fuera poco, estamos a días de que comiencen las campañas en Estados Unidos, así es que nos espera una temporada de emociones fuertes y profundos desencuentros tanto al interior de aquél país, como con la comunidad internacional.

"Sadiq Khan, que según todo el mundo ha hecho un trabajo horrible como alcalde de Londres, ha sido estúpidamente desagradable con el presidente visitante de Estados Unidos, de lejos el aliado más importante de Reino Unido. Es un perdedor total, que debería concentrarse en la criminalidad en Londres, no en mí", escribió Trump en algo que es equiparable a invitar a una persona a cenar, y que te insulte en la entrada de tu casa.

Sin embargo, más allá del comportamiento del visitante incómodo, lo más significativo de la visita de Donald y Melania Trump a Reino Unido son los mensajes cifrados y el lenguaje corporal que transmite la Familia Real inglesa. Sin palabras, dichos mensajes ponen de manifiesto lo frustrante que resulta lidiar con Trump y verse obligados a ser anfitriones de un hombre que genera todo menos simpatía.

Como bien sabemos, Isabel II es jefa de Estado pero ni ella ni su familia suelen hacer pronunciamientos de carácter político ni muestran favoritismo alguno por determinado partido o expresión. Constitucionalmente, Isabel II está facultada para ordenarle al primer ministro que forme un Gobierno en su nombre, pero jamás interfiere en el proceso de toma de decisiones de Downing Street.

Más allá de los encuentros semanales de carácter estrictamente privado entre la soberana y el premier en turno -ahí se discuten cuestiones políticas y la reina suele aconsejar sobre temas específicos- las valoraciones que hace siempre permanecen en el ámbito de lo privado.

Sin embargo, la monarquía inglesa ha enviado mensajes políticos contundentes a través de los símbolos o apoyando determinadas causas. Diana, princesa de Gales, viajó a África y caminó en un campo lleno de bombas y minas y logró, al ser la mujer más visible y famosa del mundo en los años noventa, lo que ningún ministro del Gabinete hubiese conseguido: atraer la atención internacional hacia una problemática humanitaria, pero también de graves repercusiones políticas.

Durante la visita anterior de Trump a Inglaterra, Isabel II portó un broche que le fue obsequiado por Barack y Michelle Obama, detalle que no pasó desapercibido y que muchos interpretaron como un guiño hacia los Obama, además de la predilección de Isabel II por la anterior familia presidencial norteamericana.

Antes de contraer nupcias con el Príncipe Harry, Meghan Markle, feminista y consumada activista, manifestó su simpatía hacía Hillary Clinton y condenó las expresiones misóginas de Trump. En consecuencia, Donald Trump calificó a Markle como una persona desagradable, hecho que derivó en que ni Harry ni Mehgan se aparecieran en la cena que la Reina ofreció al presidente de Estados Unidos y su delegación.

A modo de corolario, Camila, esposa del Príncipe Carlos, se plantó frente a las cámaras e hizo diversos gestos a los reporteros, algo que sin duda envía un mensaje: la Familia Real británica reprueba a Trump como presidente, valoración que comparten millones de súbditos de la corona.

¿Quién dijo que la realeza inglesa no hace política?

Twitter @patoloquasto
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