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Nacional

En alerta permanente y con jornadas interminables

Los comuneros, quienes se suman al combate al fuego, señalan que para ellos el bosque es todo

AGENCIAS
URUAPAN, MICHOACÁN, jueves 23 de mayo 2019, actualizada 7:41 am

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Las jornadas son interminables, sus sueldos no son los mejores y los peligros son muchos para los brigadistas que combaten los incendios forestales en Michoacán, la segunda entidad con mayor número de siniestros registrados del país; pero aun así ellos acuden por deber moral.

Tan solo en el último reporte semanal de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la dependencia indicó que en Michoacán ocurrieron 19 conflagraciones del 3 al 9 de mayo que afectaron a 701 hectáreas de superficie y en lo que va del año se han presentado 464 incendios, con daños a 7 mil 448 hectáreas.

Sin embargo, en esta batalla contra el fuego, las comunidades también son parte de esa lucha incesante que si lo dejan crecer acaba con sus bosques; uno de los tesoros más preciados para ellos.

Ahora, las llamas se presentaron en el área natural protegida del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio de Uruapan. El siniestro duró dos días en esa reserva de 438 hectáreas de bosque, el fuego consumió cerca de 30 de ellas, explica Antonio Ochuela Murguía, administrador del parque.

Las otras 25 hectáreas devastadas, relata, pertenecen al ejido de San Nuevo Parangarícutiro, municipio del mismo nombre donde inició el fuego.

Ochuela Murguía explica que la mayoría de la zona siniestrada es un incendio de pastizal y en menor cantidad árboles de pino y encino y detalla que esa zona tiene una gran biodiversidad en el tema de aves y avistamiento de venados y pumas.

"Realmente lo que pasa con los incendios, lo que se provoca, es el movimiento de este tipo de fauna (aves, venados y pumas) para las zonas seguras. Entonces creemos que ha sido poco el daño de flora y fauna", destaca.

Luego de dos días de labores, el incendio es sofocado, pero no cantan victoria porque aún faltaba esperar 48 horas más para que estén seguros de que el fuego se acabó, pues en ese tiempo se puede reavivar y expandirse, por ello hay que ser muy cautelosos.

SIN DESCANSO

Apenas se desactivó la alerta en Uruapan cuando ya surge otro llamado de emergencia a menos de 10 kilómetros: un cerro del municipio de Ziracuaretiro.

La columna de humo se alcanzó a ver incluso desde los municipios aledaños.

Los comuneros fueron los primeros en llegar a la conflagración que en menos de una hora ya había consumido 16 hectáreas y se extendió a pasos agigantados.

El Comisariado de Bienes Comunales coordina de inmediato las brigadas para las primeras labores de contención: zanjas en la tierra y el contrafuego.

Los comuneros no esperaron que llegaran los cuerpos de auxilio o personal de las dependencias estatales, municipales o federales. Saben que cada segundo es valioso para combatir las llamas.

Mientras corrían hacia el punto rojo, responsabilizaron a un productor de aguacate de provocar el siniestro para facilitar el cambio de usos de suelo y extender sus huertas. Sin embargo, a los comuneros nada los detiene y saben cómo combatir el fuego. El bosque es parte de ellos, pues conviven a diario con ese espacio que circunda el municipio ubicado a 90 kilómetros de Morelia. Detestan que el pulmón del bosque se convierta en humo y cenizas.

Las palas, picos, azadones, trinches, bombas individuales de agua, cascos o gorras y la valentía, distinguen a hombres y mujeres que acuden de inmediato a atender la emergencia.

Eso apenas empezó. No hubo descansos para los más de 70 comuneros, ni para los elementos de Protección Civil del estado que se suman a las tareas de combate. El incendio siguió y no dio tregua. Utilizaron la técnica de detener al fuego con fuego, pero la lumbre alcanzó otras áreas de la misma zona.

"Esto está muy cab...", expresó uno de los brigadistas comunales, mientras se llevó las manos al rostro. Sin embargo, pese a la magnitud, lucharon incansables "para acabar con el diablo", como ellos le llaman a las conflagraciones.

ELLOS COMBATEN CON LO QUE TIENEN

Los brigadistas se alistaron con sus overoles, botas, casco, máscara contra humo, azadones, trinches de acero y mangueras de alta presión con los que enfrentan esa batalla.

Las jornadas para los hombres y mujeres iniciaron a las 5:00 de la mañana y no tienen fin. Todos arrastraron los pies para no caer entre el suelo enardecido que parece devorar todo a su paso.

El amarillo y café de los uniformes y los cascos de los brigadistas resaltan mientras caminan erguidos cuesta arriba hacia la parte alta de la montaña.

Los espera un contrastante rojo y anaranjado que desaparece el verde del bosque consumido por el fuego.

Las voces y agigantados pasos de los brigadistas se mezclaron entre el estruendo del fuego que cada vez más recorría hacia ellos como si también los quisiera devorar.

Su mente, susurran, está enfocada primero en el combate y control del incendio. Todos, preparados y dispuestos a luchar, aunque a veces el calor los hiciera retroceder.

Cargaban en los hombros la responsabilidad de ganarle a cualquier siniestro. Eso pesa más que sus mochilas, herramientas de acero y la bromosa indumentaria de protección que portan.

El equipo es insuficiente queda claro, pero llevaban lo necesario, platicaron, para hacer frente al fuego. A veces comen. Las tortas o tacos de frijol con queso son el manjar de los brigadistas. No duermen; en momentos sólo pestañean. "La fatiga nos quiere tirar, pero el amor a lo que hacemos nos levanta", dijo un hombre experimentado apodado "El Rorro".

Nadie se escapó de quitarse por momentos la pañoleta y limpiar el sudor de su frente toda tiznada y colorada, resultado de las altas temperaturas, porque aquello no da tregua.

Empero, el trabajo de brigadistas y comuneros, todavía no terminaba y ya estaban listos para combatir el fuego en otros puntos de su región.

En esta temporada, los municipios con más incendios forestales son Morelia, Uruapan, Pátzcuaro, Ario de Rosales, Paracho, Ciudad Hidalgo y Ziracuaretiro.

"ME AGRADA LO QUE HAGO, ME GUSTA ANDAR ENTRE CERROS"

José María Rojas Gutiérrez es de la comunidad indígena de Caltzontzin. Tiene 29 años y su pasión es combatir incendios forestales en temporada de estiaje.

El jefe de brigada del grupo Delfines está orgulloso de su oficio y con el tiempo aprendió -dice- "que a la lumbre y a los trancazos no cualquier persona le entra".

Rojas lleva cinco temporadas consecutivas como brigadista en Uruapan e insiste en que es un trabajo de mucho riesgo.

Está consciente de que muchas personas han perdido la vida mientras intentan sofocar las voraces llamas que consumen a cada segundo las áreas naturales.

"Tenemos un sueldo base que a muchas personas se les hace poco, pero a mí me gusta lo que hago y yo lo haría hasta de voluntad; hasta si no me pagaran", enfatizó.

Se le nota exhausto, pero advierte que no parará hasta que las llamas dejen de arder y consumir el área natural protegida del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio de Uruapan.

"Me gusta lo que hago, me gusta la lumbre, me gusta andar en el cerro y entre los montes. Se ha de escuchar medio loco, pero me gusta lo que hago", expresó.

El resto del año, Rojas Gutiérrez se dedica a la construcción en un horario fijo, pero en la temporada de estiaje le da prioridad al combate de siniestros.

Para el michoacano no hay horarios; apagar incendios es un trabajo donde se tiene que estar disponible las 24 horas.

Mientras sostiene su herramienta de acero en mano y remueve las cenizas de la zona siniestrada, recuerda a su esposa y a su hijo, un adolescente de 12 años de edad. Al egresado de la Escuela Técnica Agropecuaria de Taretan se le ilumina la mirada cuando revela que le gustaría heredarle ese oficio de brigadista a su pequeño.

"Sería buena opción. A mí me gusta, pero ya ves, ellos tienen otros gustos", remata en voz alta y con el rostro barnizado de hollín, mientras continúa su labor para evitar que el fuego se expanda.

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