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Al Larguero

RIESGO

ALEJANDRO TOVAR
martes 21 de mayo 2019, actualizada 4:26 pm


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Escribir es encontrar con frecuencia, lugares de acceso a uno mismo, porque hacerlo es un riesgo que se corre en el intento. No es un desafío de la rutina, sino un sendero de escape a lo que somos por medio de las palabras que te cantan, que te exigen ser impresas, porque son vehículos de literatura que obligan a investigar, a descubrir para retornar con la fascinación, bien intacta.

El hombre que es feliz y que festeja los grandes logros de sus semejantes, multiplicados en imagen y puestos en la fila de lo trascendente por los medios instantáneos, hace que su vida sea mejor, porque puede estar inmerso en pensamientos que ven lejos, muy lejos, pero cerca está la imagen que Roberto Osuna que llega para cerrar con Houston (3-1) sobre Boston en Fenway Park y lo hace con autoridad en cuatro hombres.

El domingo, otra vez. Entra en la novena con buena ventaja pero con la misión de cerrar la ilusión de Red Sox y lo hace otra vez, con una frialdad y seguridad, dando la impresión de que juega solo, de que compite contra sí mismo. Comprueba que los fantasmas antiguos se fueron, que aprendió bien de la suspensión por violencia familiar y que ahora tiene 2-0 con solo 0.44 en carreras limpias en 20 innings y que ha salvado diez de diez.

Aunque los jugadores se disfracen, nadie puede escapar de la diosa fortuna. Vemos a Osuna crecer en cada salida pero también el declive de otros chicos mexicanos en MLB, como el paisano Manny Bañuelos (2-3) ahora con White Sox chocando con lesiones, de nuevo fastidiado de su brazo de lanzar y con diez días inhabilitado. El muchacho de El Vergel vaya que la ha sufrido.

Estar pendiente de los lanzadores, es una predilección que no se disimula desde los tiempos de Sandy Koufax, hasta el terrible Bob Gibson, el exotismo zurdo de Whitey Ford, la cadencia dominadora de Warren Spahn, la potencia de Ken Tekulve, la elegancia de Orel Hershiser, la fuerza de Luis Tiant, el encanto de Valenzuela, la continuidad de Jim Palmer. Son tantas las imágenes de héroes mitificados, que al mirarlos, uno los repasa como si estuviera con barajas para el álbum.

Los relevistas siempre serán capítulo aparte, en todo tiempo y van llegando a la mente como una cascada, desde Rollie Fingers, Randy Myers, Tracy Percival, Jeff Reardon, Billy Wagner, John Franco, antes de admirar de nuevo la potencia de Dennis Eckersley, Trevor Hoffman y desde luego, Mariano Rivera. Recordando a un solo puñado de figuras, se hace mayor el mérito de Osuna.

Las grandes ligas son el sueño de todo pelotero, son como el cielo gris del limbo, que hace invisibles a los poetas, es la tierra prometida, por ello seguramente que siente mayor aprecio por los chicos mexicanos que lanzan. Por eso mismo no se puede entender que el muchacho Urías, zurdo que se establece en Dodgers, cometa agresión con una dama, sabedor de lo duro que es la liga con esos pecados. Está esperando juicio y quizá sufriendo demasiado. ¿Cómo explicarlo?

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