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EDITORIAL

Camaleones multipartidistas

Metáfora ciudadana

Luis Alberto Vázquez Alvarez
sábado 18 de mayo 2019, actualizada 7:54 am


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Antonio López de Santa Anna; actor de los más enigmáticos y estigmatizados de la historia nacional. Como oficial del ejército virreinal, combatió severamente a los insurgentes; en 1821 se sumó al Plan de Iguala; reconoció a Iturbide como consumador de la independencia y jurándole lealtad como emperador; luego levantándose en su contra y obligándolo a abdicar. En 1828 se amotinó contra Manuel Gómez Pedraza, quien había ganado las elecciones, derrocándolo. En 1832 se insurreccionó contra Anastasio Bustamante, llevando a Gómez Pedraza a la presidencia que él mismo le había arrebatado. Ganó las elecciones de 1833 como candidato del partido liberal, pero no se presentó a jurar y Valentín Gómez Farías ocupó su cargo. Cuando este proclamó reformas liberales, Santa Anna se dio a si mismo golpe de estado a favor de los conservadores; suspendiendo dichas reformas.

En 1836, tras la separación de Texas, combatió a los insurrectos, pero cayó prisionero de ellos y, a cambio de su vida, firmó los tratados de Velasco, reconociendo la independencia de Texas y traicionando a su patria. Siguió su ruta de brincar de corriente política liberal a conservadora y viceversa. En los últimos años de su vida, se dice, (no existe constancia histórica seria) que ofreció su espada lo mismo a Juárez que a Maximiliano, pero ninguno lo aceptó.

La lucha de nuestros bisabuelos se enfrasco contra los antiguos liberales juaristas convertidos en científicos porfiristas; personas con cierta dignidad dentro de su salvaje opresión al pueblo, pero conservando aquellos ideales con los que se habían enfrentado en el campo de batalla, ellos contra los franceses y sus padres contra los norteamericanos. Los políticos del Porfiriato eran ambiciosos, pero tenían de alguna manera ciertas actitudes que debemos destacar: Eran leales a don Porfirio, a su cientificismo y a su corriente ideológica. Tenían valores patrióticos y respetaban a sus pares en la política. Se unían para causas comunes y se defendían en conjunto, despreciando a quienes salían del círculo, cerrándole la puerta a desertores y abusivos, es decir, poseían una mínima moral porfirista.

Si bien no eran generosos, si guardaban cierto respeto a las arcas nacionales de las cuales se enriquecían, pero aportaban mucho de sí al país y, eran capaces de juzgar a quienes abusaban de ellas. Contra ellos surgió una revolución armada que al final de la misma, quedaron los padres y abuelos de los actuales políticos, mucho más malévolos y perversos que los porfiristas.

Hoy, en el siglo XXI, no podemos pelear con las mismas armas que los mexicanos del siglo XIX o principios del siglo XX; nosotros y las circunstancias somos diferentes, primamos, ante todo, el respeto a la vida; por ello no buscamos matar, pero si destruir, aniquilar, proscribir a los corruptos que nos abruman.

Casi todos los políticos del 2019; de cualquier partido, unos más que otros, la mayoría: no son leales a la patria, ni siquiera saben que cosa es eso, son nihilistas para quienes no existen los valores éticos, asumen aquellos fundamentos doctrinales que a su interés convengan; viven una "moral a la carta", arrogándose aquellos principios que les sirven hoy y despojándose mañana de ellos por otros más convenientes. Los ideales son huecas palabras expresables que quieren que los demás crean, pero estas personas jamás se comprometen con dichos fundamentos; los consideran vacuos argumentos utilizables.

Tras pertenecer a un partido, a través de un ininteligible reguero de intrigas y traiciones, excusas y patrañas, cuando este pierde su hegemonía o antagonismo, se convierten en arribistas sin escrúpulos del que está punteando y pasan de una corriente a otra con absoluta facilidad. Imposibilitados de brindar una respuesta apropiada sobre honestidad, solo se ajustan a las circunstancias políticas del momento. Siempre reticentes al diálogo que pudiese cuestionar su manera de obrar son capaces de argumentar filosóficamente sobre integridad, sabiendo que jamás la han poseído.

Han logrado matar la conciencia normativa; ven a los gobernados como "Idiotas útiles" que les consienten honores y glorias; segregan los derechos humanos a simples caprichos; su verborrea es un monologo de explicaciones inexactas, impenetrables e inexplicables, no toleran la crítica ni aceptan la disidencia de opiniones o visiones, solo ellos tienen la razón y son cínicos al defender lo que ellos expresan como lo correcto sin discusión.

Son insaciables, poseen avaricia inagotable, tanto de riquezas como de poder, los miles de millones de pesos obtenidos de las arcas públicas se les hace poco, siempre quieren más; creen dogmáticamente que el pueblo les debe opulencia y cualquier cantidad expoliada será siempre menos de lo que ellos suponen merecer. Este es el político surgido por la alternancia del poder entre partidos; han emergido desde el año 2000; pero se multiplicaron en el proceso electoral de 2018 y hoy aparecen fulgurantes en las elecciones locales.

Habiendo fracasado en su partido original, ahora se destrozan mutuamente entre desertores y militantes. Los municipios duranguenses laguneros son víctimas de estas aciagas candidaturas; se lían a Morena esperando el hueso que el PRI, el PAN o el PRD no les convidaron. Eh ahí parte de sus millones de "adictos al hueso" perdidos. Pero, así como abandonaron aquellos, pronto lo harán con su madriguera actual.

Contra ellos deberá surgir la nueva revolución, pero esta será ideológica, ética, de principios eternos e inmutables. El camino: La participación activa, decidida, constantes y efectiva de la ciudadanía que cree en sí misma y en un futuro mejor. La sociedad que urge emprender debe ser constructiva, creativa y superadora de todo sistema político, económico y social; llevando como núcleo la dignidad de la persona humana.

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