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EDITORIAL

Dinastías y partidos

Metáfora ciudadana

Luis Alberto Vázquez Álvarez
sábado 04 de mayo 2019, actualizada 7:59 am


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"No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo".— Giulio Andreotti

La sucesión del poder en la humana historia ha seguido diversas vías; siempre el gobernante en turno busca aquella que le permita designar él mismo a su continuador, tal vez con la vana intención de mantener de esa manera, aunque sea en forma simbólica, el poder que dejará de detentar. La justificación nació porque lo contrario podría provocar guerras sangrientas como la llamada Sucesión de España (1700-1714) cuando Carlos II "El Hechizado", de insana constitución física, producto de múltiples matrimonios consanguíneos, muere sin herederos dejando al gigantesco imperio "donde nunca se ponía el sol" en una cruenta guerra civil.

En el Egipto antiguo el faraón se casaba con su hermana a fin de que el gobierno permaneciese en la familia. En Europa se generaron varias casas reinantes, distinguiéndose los Borbón; Habsburgo, Windsor, Capetos, Hohenzollern, Bonaparte, Saboya, Médici; en Rusia, Romanov; en Arabia, Saud; en Israel, Casa de David. Y muchas otras que transmitían el poder entre ellos mismos, con completa ausencia de los gobernados, por ello se autonombraban "Soberanos".

Llegada la democracia, estos formatos fueron mermando, los pueblos avanzados mantuvieron cierto celo republicano que impedía sucesiones "a modo". En los pueblos débiles de educación política, como México "donde todo se puede", los déspotas encontraron siempre senderos que les permitieron heredar sus tronos. Durante el priismo, el presidente saliente designaba al entrante, los demás aspirantes se "disciplinaban" y adoraban al nuevo ungido, soñando con al menos conservar los privilegios obtenidos corruptamente, inclinándose a besar la nueva mano autárquica. Si bien este esquema no comprendía parentesco consanguíneo, si de partido y hasta ideológico; amén de que el saliente esperaba que el entrante no destapara sus "travesuras", más bien las enterrara y olvidara.

A nivel de "Casas Reinantes" surgieron múltiples aristócratas fraternos: Manuel y Maximino Ávila Camacho; José y Guillermo López Portillo; Carlos y Raúl Salinas y en provincia, esta situación se potenció: en el Estado de México con la familia "Atracomucho", que pronto superará en el cargo del poder al porfiriato; elevó tres Alfredo del Mazo: (Vélez, González y Maza); Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto, todos de parentesco consanguíneo. En Baja California Ángel César Mendoza Arámburo (PRI) fue padre del actual gobernador Carlos Mendoza Davis (PAN). En Oaxaca, José y Alejandro Murat; En Chiapas Manuel Velasco Suárez heredó a su nieto Manuel Velasco Coello y otras similitudes en esta "Monarquía Absoluta Sexenal hereditaria por vía transversal" como diría Daniel Cosío Villegas y ahora también por vía directa, aunque a muchos se les seca el seso y se olvidan de la historia.

El PAN que siempre ha seguido al PRI en sus mañas, no se quiso quedar atrás; En Nayarit Antonio Echevarría Domínguez cedió tras años el cargo a su hijo Antonio Echevarría García y recientemente, los supuestos fallecidos Rafael Moreno y Érika Alonso, se habían heredado el mandato de Puebla; logrando disfrazar su interés familiar por protección social.

Coahuila, envidiosa émula de esas atávicas manías, generó sus propios anales, en los que la nobiliaria prole o hermanos transmiten, entre sí, gubernaturas y/o alcaldías: Madero; Fernández Aguirre; Martínez; Cepeda; López; Ramos; Salinas; otros López; Gutiérrez; y en el vértice de la burla a la ciudadanía; Humberto diviniza a Rubén y éste, a su vez, encumbra, con un fraude electoral superlativo, a su delfín para continuar dominando al estado de forma absoluta, avasallando los demás poderes e instituciones, incluso de anticorrupción, ya no se diga electorales; todo ello dentro de una zalamería nauseabunda.

Dentro del campo de la simulación, donde Maquiavelo es preceptor con aquello de que "La política es el arte de engañar", ha surgido una modalidad; "creación de Partidos Políticos" para llevar a la familia al poder sin que parezca que existe una sucesión automática; Elba Ester Gordillo, siempre con la mira puesta en la eterna preponderancia, ha dirigido a nieto y a yerno para crear el "Partido Redes Sociales Progresistas" y, según su sueño guajiro, recuperar la confianza del electorado en los partidos políticos, justo ahora que agoniza el PRI, se cura hasta de vivir el PAN, sucumbe el PRD y se funden a Morena el Verde, PT y PES.

Hace pocos meses el Instituto Electoral de Coahuila, integrado y especialmente presidido por personas de muy dudosa calidad moral, había asegurado que no aceptaría nuevos partidos políticos. En cuanto tronó la voz del amo, de inmediato reconocieron a "Unidos"; partido de los Moreira y para disfrazar su miseria, al "Partido de la Revolución Coahuilense". Brotó extenso repudio popular, mismo que ni les importa ni conmueve; ellos sólo escuchan el gruñido del sátrapa que les alimenta. Así, esta patricia casa reinante, podrá seguir extendiendo su dominio y, al mismo tiempo, logrando "patentes de corso" vulgo "fuero" para que, con marcada impunidad, continúe saqueando al erario y apoderándose del destino de los coahuilenses.

La máxima de cualquier autócrata es tener sus fans incondicionales que le rindan pleitesía y le adoren; el titiritero principal del partido "Unidos" las tiene en un grupo reducido de damas que son capaces de matar por él; ahora suma este engendro que recibirá más de doscientos mil pesos mensuales del muy raquítico y endeudado (gracias a él) presupuesto estatal, dinero que debería ir a medicinas de los hospitales públicos de Coahuila, quienes carecen de lo más esencial. Pero no, la familia es primero y si ésta es imperial, cuantimás.

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