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EDITORIAL

Es muy fácil matar en México

JORGE RAMOS
miércoles 17 de abril 2019, actualizada 7:51 am


Morir y matar son ideas que pocas veces nos abandonan".

— CTAVIO PAZ, “EL LABERINTO DE LA SOLEDAD”.

México es un país muy peligroso. El principal reto del nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, es que no sigan matando a tantos mexicanos. Pero, hasta el momento, las cosas no han cambiado.

Las cifras de asesinatos en México son parecidas a las de zonas de guerra o a las de Venezuela, donde el gobierno promueve la violencia contra sus opositores y controla a los "colectivos" (que en realidad son grupos paramilitares en motocicletas). Los feminicidios en México se realizan con casi impunidad total; ser mujer en Ecatepec o en Tijuana tiene un peligro extra. Y el país es uno de los más arriesgados del mundo para ser periodista.

Durante la presidencia de Enrique Peña Nieto le llevaba un conteo de todos los "homicidios dolosos". Las cifras revelan el sexenio más sangriento en la historia moderna de México: Desde el primero de diciembre del 2012 al 30 de noviembre del 2018, fueron asesinados 128.619 mexicanos. (Las cifras oficiales que estoy utilizando para esta columna son del Secretariado Ejecutivo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y las puedes corroborar aquí: https://bit.ly/2LGFnty. Estas tasas son un poco distintas a las que publica el INEGI. Las dos presentan un panorama espantoso de la criminalidad y la impunidad en México.)

Los muertos durante el sexenio del priista Peña Nieto superaron a los 104.089 durante el del panista, Felipe Calderón. A pesar de ser de partidos políticos distintos, lo más grave es que ninguno de estos dos mandatarios aprendió de los errores del pasado. Calderón y Peña Nieto no hicieron nada diferente para controlar la violencia - y los resultados después de 12 años fueron más muertos.

Durante los primeros tres meses del gobierno de López Obrador han seguido matando a mexicanos a niveles sin precedentes. En estos meses fueron asesinados 8.524 mexicanos (2.875 en diciembre 2018, 2.853 en enero 2019 y 2.796 en febrero). Aquí está la liga: https://bit.ly/2TOeQhX.

Hubiera sido injusto titular esta columna "Los Muertos de AMLO" porque él apenas lleva unos meses en la presidencia y no es responsable de las condiciones que heredó. Y aunque el nuevo presidente tiene ideas distintas para enfrentar la violencia, el problema no se va a detener mágicamente.

Lo desalentador es que si se mantienen estos niveles de violencia durante todo el 2019, el primer año de AMLO podría convertirse en el más sangriento que se recuerde. Más que cualquier año de Peña Nieto o de Calderón.

López Obrador, por supuesto, ha propuesto la creación de una Guardia Nacional para lidiar con la delincuencia y el narcotráfico. La alta comisionada de Naciones Unidas para los derechos humanos, Michelle Bachelet, ha aceptado asesorar al gobierno mexicano en este esfuerzo (mientras continúa el debate de si la nueva guardia tendrá una naturaleza mayoritariamente militar o civil).

A mí lo que me preocupa es que no hay un Plan B y que no existe una estrategia a corto plazo para detener tantos homicidios. ¿Acaso los mexicanos tienen que resignarse a vivir en uno de los países más violentos del hemisferio hasta que empiece a funcionar la Guardia Nacional en un par de años? ¿Qué hacemos mientras?

No todos los mexicanos tienen la suerte de recibir la protección de un puñado de agentes o militares como los expresidentes Calderón y Vicente Fox. Entiendo las razones: Pocas cosas podrían desestabilizar más al país que un atentado contra un expresidente. Pero está claro que en México todavía hay ciudadanos de primera y de segunda. La misma certeza que tienen Fox y Calderón de que no le pasará nada a ellos y a su familia debería extenderse al resto del país. Por ahora eso es imposible.

Son muchas las promesas de López Obrador, incluyendo las luchas contra la inseguridad y la corrupción. Pero aún si lograra concretar la mayoría de ellas, los mexicanos no le perdonarían que fallara en el tema de la criminalidad. Es el gran asunto pendiente de la joven democracia mexicana.

Que no nos maten. ¿Es mucho pedir?

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