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EDITORIAL

Zapatistas en La Laguna (y II)

Yo río libre

JULIO CÉSAR RAMÍREZ
sábado 13 de abril 2019, actualizada 9:30 am


Con su bandera de exigir la entrega de las haciendas a los campesinos, empezó Benjamín Argumedo a hacer adeptos en los vecindarios de Congregación Hidalgo, rumbo de Matamoros de La Laguna. Y un buen día de aquel año, 1912, el 5 de febrero para ser preciso, se levantaron en armas allí mismo, donde él vivía, al grito de ¡Viva Zapata!

El norte de México, y sobre todo Coahuila, se conmovió con este brote de zapatismo surgido entre los arenales de la estepa lagunera -narraba don José Santos Valdés- y tan lejos de la tierra en la que Emiliano lanzaba su consigna luminosa y mantenía inalteradas las exigencias del Plan de Ayala.

Era sabido. Un primer grupo, pero maderista, se había levantado el 19 de noviembre de 1910 en Matamoros con Sixto Ugalde al mando, mas luego de algunas delaciones, persecuciones y escaramuzas permanecieron escondidos hasta el 9 de febrero de 1911, en que entraron a la ciudad y tuvieron una breve acción de armas.

Benjamín, todavía maderista, tuvo su primer enfrentamiento con los federales en abril de 1911 en El Coyote. Fue de los que en mayo de ese año tomaron Torreón, pero nunca pudo entenderse con el ejército regular. Inconforme se retiró a Congregación Hidalgo y el 5 de febrero de 1912 se sublevó a Madero y con su gente tomó Matamoros un día después.

Aún en ese grupo de zapatistas laguneros el jefe era don Luis Murillo, del rumbo de San Lorenzo, municipio de San Pedro de las Colonias.

Y entre los zapatistas de Matamoros figuraban José Dolores Sifuentes, Delfino Alvarado, Daniel Landeros, Enrique Adame Macías, Lázaro H. Gómez, los hermanos García de León Arguijo y muchos otros.

Una vez más se plantó Benjamín Argumedo, El Zarco, León de La Laguna, frente al ejército federal, que defendía ahora al gobierno de don Francisco.

Pero vista su debilidad en cuanto a soldados, armas, municiones y recursos en general, decidió unirse a Pascual Orozco, sublevado en Chihuahua contra Madero. Los zapatistas de La Laguna no quisieron quedarse "cortados" en el norte y tuvieron que unirse con Orozco porque Pancho Madero no daba señales respecto al reparto de tierras de los latifundistas comarcanos.

Para allá se fue con sus leales, su gran bandera verde y su grito de guerra, ¡Viva Zapata! Mas los orozquistas los absorbieron por su número y ya no fueron adherentes zapatistas. Después se reencontrarían.

La fuerza del destino -dijo don José Santos-, los convirtió en orozquistas. Y ahí comienza otra parte de la historia.

Uno trae a la memoria esta primera parte, tan lagunera, ahora que se cumplen cien años del brutal asesinato de Emiliano Zapata, General en Jefe del Ejército Libertador del Sur, como una manera de recordar esa historia olvidada, de aquellos tiempos del Gatuño Congregación Hidalgo que los unía tan al norte, al latido indígena campesino del sureño Morelos: la tierra, el agua y una lucha indeclinable por la libertad.

Cierto, después de las derrotas de Rellano y Bachimba, Chihuahua, el orozquismo quedó liquidado y los laguneros, ahora con Argumedo como jefe, aparecieron por Jalisco y de allí se trasladaron a la ciudad de México presentándose con Victoriano Huerta.

Horas confusas de la guerra y falta de capacidad política de Argumedo -concluye don Santos Valdés- lo llevaron a cometer errores muy graves que le impidieron alcanzar sus propósitos.

Defendiendo al "héroe del cuartelazo", los laguneros con su ya famoso general Argumedo, participan en las batallas de Torreón, San Pedro y Paredón.

Derrotados vuelven a la ciudad de México, donde Huerta los equipa de nuevo y los manda a darle auxilio a Medina Barrón en Zacatecas.

Vencidos nuevamente, después de diversas peripecias, se acogen a la protección de Zapata, quien los salva de la mano vengadora de Pancho Villa.

Su estancia en Morelos les hace apreciar en toda su profundidad los ideales agraristas de Zapata.

Viene la escisión Villa-Carranza y Argumedo se pone a las órdenes del presidente designado por la convención.

La odisea se vuelve desastre en la hacienda de La Gruñidora, Zacatecas.

Argumedo se refugia en la sierra de Durango donde según una de tantas versiones, se pone en contacto con Villa.

Villa quiere fortalecerse con el lagunero y darle vida a la revolución popular que él y Zapata representan; pero Argumedo, que sigue manteniendo sus ideales agraristas, es traicionado, aprehendido y fusilado por las tropas carrancistas al mando del General Francisco Murguía.

Hoy, "Agua, tierra y libertad" sigue vigente.

@kardenche
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