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EDITORIAL

AMLO y el beisbol

MARIO MELGAR ADALID
viernes 12 de abril 2019, actualizada 7:44 am


AMLO es diferente a los demás presidentes, pues a sus antecesores no les gustaba el beisbol. Insinuó que era un fanático del beis, para rectificar y afirmar no ser fanático de nada. No es cierto: Si algo ha mostrado es ser fanático del beis y fanático enemigo del equipo fifí.

La inauguración del estadio Harp Helú era el escenario perfecto para un encuentro de AMLO con otros fanáticos. Desde la desdichada decisión del IMSS de vender el Parque del Seguro Social (otrora Parque Delta), para que en lugar de jardín izquierdo hubiera un Liverpool, un estadio era viejo anhelo de los capitalinos beisbolistas.

Solamente que nadie contaba con la ira del Ejecutivo. Los abucheos le hicieron perder la calma que derrocha en sus conferencias mañaneras, o cuando anda placeándose. AMLO sabe bien que los beisbolistas no son del equipo fifí, por eso lo incomprensible de su violenta reacción. "Los voy a ponchar" amenazó. Que te ponche el presidente se dice fácil, pero son palabras mayores.

Falló en el control de su temperamento. Como buen beisbolista que dice ser, tanto que presume que fue prospecto de grandes ligas, sabe que el beis es deporte de reglas, imperturbabilidad y audacia. Por ello la consuetudinaria práctica de distraer al pitcher contrario cuando prepara sus lanzamientos con el bola-bola-bola. La serenidad es lo que ha hecho grandes a los peloteros, no los desplantes al estilo Jorge Negrete, que era buen charro, pero seguro mal pelotero.

Si el presidente quiere gobernar como si fuera beisbol debería tomar en cuenta que la temporada es larga (en Ligas Mayores son 162 juegos). Además se trata de seis temporadas, quedan muchos juegos pendientes (972). Tiene que tomar su tiempo. La amenaza de ponchar al equipo fifí con su recta de 95 millas no parece una buena estrategia beisbolera, ni siquiera política.

Como beisbolista debe saber que entre más duro tira el pitcher más duro se la batean. El lanzamiento no es solamente velocidad sino colocación, oportunidad, ritmo, cambio de velocidad. En el argot beisbolero se dice tirar mentiras, en la política comer sapos. Debe evaluar a los jugadores del equipo contrario, ahora son adversarios, pero puede necesitarlos la siguiente temporada.

En el beisbol se utiliza el toque de bola para sacrificar a un jugador para que otro avance. El quid es llegar a home. El beisbol es un juego de estrategia, es el ajedrez de los deportes como la política es el ajedrez de la vida social. Hay lanzadores abridores y relevistas, hay bateadores o corredores emergentes. Por eso el beis y la política son tan parecidos.

Todo es previsible y cada jugador debe saber qué hacer en la jugada que sigue en turno. El presidente beisbolista debe cuidar al corredor contrario para evitar robos, como deberá hacer en la lucha anticorrupción, debe cerrar el cuadro con la casa llena y mandar atrás a los fielders, según las circunstancias.

En mayo, equipos de Grandes Ligas vendrán a Monterrey a jugar en temporada regular. Antes de los abucheos en el Harp Helú, se hubiera pensado que AMLO estaría presente con su gorrita beisbolera, ahora se duda que se presente ante el respetable regiomontano.

El presidente debe recordar que en el beis no tiene mucho sentido discutir con el ampáyer, pues difícilmente cambiaría una decisión. De hecho discutir o llegar al extremo de insultar puede llevar a la expulsión. Se debe cuidar y respetar a los jueces del país, como se respeta a los ampáyeres en el terreno.

Se han dado enfrentamientos del presidente contra del Poder Judicial y contra la prensa. En un libro reciente "How Democracies Die" ("Cómo mueren las democracias"), Steven Levitsky y Daniel Ziblatt señalan que las repúblicas democráticas no caen debido a las catástrofes, como podrían ser la toma del poder por los militares o un golpe de Estado, sino por el debilitamiento paulatino de las instituciones cruciales como son el poder judicial y la prensa. No debe olvidar que en una república, prensa y poder judicial son la columna vertebral del sistema político, algo así como el pitcher, catcher, center field y el cuarto bate. Un país es tan fuerte como fuertes sus instituciones.

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