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EDITORIAL

Zermeño y Plácido Domingo

DAVID PÉREZ
miércoles 03 de abril 2019, actualizada 7:51 am


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Este jueves el popular intérprete cantará en Torreón. La fachada de vidrio del edificio de la Presidencia Municipal servirá de "espejo", allí se podrá observar una especie de "autoretrato" de la sociedad local. Esta composición tendrá lugar en la Plaza Mayor, construida durante los últimos años de gestación de la megadeuda de Coahuila.

¿Cómo caracterizar a las administraciones públicas que proponen la admiración de un tenor en el ocaso?, y al mismo tiempo, ¿qué decir de un sector de la sociedad que vota, 20 años después, por el mismo político que no mostró indicios de innovación en su propuesta de gobierno? En ese sentido, ¿qué puede significar un concierto como el de mañana en ese lugar?, ¿qué formas políticas reproduce?, ¿qué dinámicas explican que sea posible?

Anthony Tommasini, desde su prestigiada columna de crítica musical que publica en The New York Times, ha recomendado a Plácido Domingo que se plantee el retiro, después de algunas actuaciones en la que -según la valoración del experto-, el tenor presentaba limitaciones musicales en su interpretación. Los recursos que utilizarán en el concierto de mañana, ¿no se podrían utilizar en una propuesta musical contemporánea acompañada de una campaña de formación a la ciudadanía para facilitar su apreciación, y que sirva como punto de partida para fomentar procesos creativos locales? Pareciera que desde la función pública se entiende la gestión cultural como la imitación de empresas privadas de espectáculos.

Las administraciones estatal y municipal optaron por un "clásico", por "lo de siempre". Un sector mayoritario de votantes hizo lo mismo en las pasadas elecciones municipales: votar por una fracción panista que representa las formas políticas que quizá funcionaron en décadas pasadas, pero que en el presente dan resultados cuestionables precisamente por su falta de capacidad de adecuación e innovación en la gestión de lo público.

Esto se nota, por ejemplo, en la reciente crisis generada por el aumento de las tarifas de transporte público. Se demostró la incapacidad de dialogar con los inconformes que se manifestaron el pasado 22 de marzo, donde las puertas cerradas del edificio municipal fueron un signo de la poca permeabilidad que la administración actual tiene frente a las demandas de la ciudadanía inconforme. Para resolver la crisis, se decidió culpar al gobierno federal y repetir las prácticas paternalistas de dar subsidios.

El periodista Francisco Rodríguez, en una investigación reciente, da cuenta del robo de agua en la región a través de tomas clandestinas en lo que él llama "huachicoleo" del agua en La Laguna. Además, al comparar las cifras oficiales de la cantidad de arsénico en el agua con las medidas de la Organización Mundial de la Salud da como resultado que en Torreón "el 82 por ciento (94) de los pozos y tanques estarían incumpliendo los límites permisibles" (Vanguardia, 24/03/19). Solo por poner ejemplos de cómo se cuida la calidad del transporte y del agua, pero se podría seguir con la calidad del empleo, la caída de la inversión pública, etc.

Así, en este contexto, el concierto de mañana es una muestra de la gestión pública desconectada de las necesidades básicas de la población; un grupo que gobierna siguiendo la brújula de sus beneficios partidistas en el corto plazo, los mismos caminos que lo llevaron a fracasar en las elecciones federales del año pasado. También, es un reflejo de la ausencia de alternativas políticas locales, lo que obliga a consumir los productos que dominan el mercado nacional, como lo son PAN, PRI y el actual "actor preponderante" MORENA. En suma, será una muestra local de la gestión de lo público realizadas con formas caducas, con poca visión de futuro y reflejo del tipo de relación entre ciudadanía y gobierno.

Twitter:@davidsecular

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