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EDITORIAL

¿Ingenuidad o perversidad?

FEDERICO REYES HEROLES
martes 26 de marzo 2019, actualizada 8:03 am


El rumor corría desde hace algunos días. Pero resultaba difícil creerlo. Se dice que le dio la carta en propia mano al presidente español en su reciente visita a nuestro país. El desconcierto privó. La pregunta es, ¿qué necesidad tenía nuestro país de desatar lo que seguro será una agria discusión?

¿Pueden los países pedir perdón? O precisamente el garlito está allí, un entuerto de muy difícil solución. Inglaterra, España, Portugal, los Países Bajos, Bélgica, entre muchos otros fueron países conquistadores y en su afán de dominio sin duda se cometieron muchas atrocidades. Pero, ¿qué rasero usar, el de nuestra época? La figura de los derechos humanos no existía hace 500 años, se trata de un vacío civilizatorio que se fue solventando primero con el Derecho de Gentes, en muy buena medida impulsado por el comercio. Posteriormente vendría la Constitución Estadounidense con conceptos básicos en torno a la persona, al individuo, pero todavía muy pedestres, al grado de aceptar la esclavitud. Finalmente llegaría la Revolución Francesa y la universalización de los derechos básicos recibiría un gran impulso.

Pero la concepción misma de los derechos humanos como la concebimos hoy nació en la segunda mitad del XX apuntalada por la creación de Naciones Unidas. Pueden los países ser llamados a cuentas por acciones de hace cien, doscientos o quinientos años. La discusión es muy compleja. Nuestra relación con España se ventiló en una muy rica discusión en 1992 que propició dejar atrás la expresión "Descubrimiento de América" y abrazar la de "Encuentro de dos Mundos" impulsada por Miguel León Portilla. Pero, ¿por qué estamos de nuevo discutiendo esto habiendo tantos asuntos graves que atender?

Las relaciones diplomáticas con España han sido de particular importancia, por ejemplo, durante los años setenta cuando a la muerte de Franco, España caminó a la democracia y México comenzó su apertura política. Las Cumbres Iberoamericanas han abierto una ruta de intercambio que ha favorecido a las democracias del área. España se ha convertido en un inversionista muy relevante que nos ayuda a compensar el peso de nuestro vecino del Norte. ¿Qué es esto? De verdad piensa el presidente que esa disculpa puede existir. Sería ingenuo y la ingenuidad no lo caracteriza. Estaríamos frente a un serio problema de pérdida del principio de realidad, como diría Marcuse.

O quizá es otro golpe más en ese pugilato cotidiano que desvía la atención, de asuntos que están en curso como la nueva reforma educativa que puede ser grave retroceso, o la revocación de mandato. Hay más, los pronósticos de las calificadoras siguen un curso coincidente muy preocupante. El más reciente es de Black Rock que prevé una severa crisis económica en el 2022 propiciada fundamentalmente por la cancelación del NAICM y por el encaprichamiento en la construcción de una refinería. Las advertencias son muy claras, si continúan con la intención de apalancar con deuda nacional la nueva refinería de la muy endeudada empresa estatal, México podría perder el grado de inversión. Eso nos llevaría a una brutal caída de la economía, de la inversión, del empleo, a una fuerte depreciación del peso. Eso es lo que está en el radar en el momento que el presidente mexicano se lanza a una osadía diplomática que difícilmente tendrá algún rédito para el país.

Ingenuidad no es. Está logrando su propósito, desviar la discusión sobre el enjambre que ha construido en unas cuantas semanas de gobierno. No perdamos el rumbo. De no haber rectificaciones, México camina a un severo tropiezo.

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