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EDITORIAL

Riesgos

Asuntos corporativos

EDGAR SALINAS
martes 26 de marzo 2019, actualizada 8:03 am


Retos, oportunidades, objetivos, metas son todas ellas nociones que nos ayudan a planear, delinear estrategias, priorizar acciones y evaluar resultados. Son además palabras de uso común en la jerga empresarial pero también en la retórica política. A veces incluso su uso es más eufemístico que práctico. Por ejemplo, hay quien obstinadamente se niega a usar palabras como error, fracaso o mal resultado y opta por el término oportunidad, justificado en la lógica del movimiento optimista al que lanza ésta última palabra a diferencia de las anteriores.

Hay otras dos nociones también muy utilizadas en la planeación y que forman parte del instrumento más usado para ese efecto. Son las amenazas o los riesgos. Toda actividad que implica el trabajo organizado y el involucramiento de personas y equipos conlleva riesgos. Es tan lógico como elemental enunciarlos en cualquier ejercicio de planificación.

Sin embargo, la gestión de los riesgos no siempre es eficaz; pese a haberse detectado, enlistado y descrito, atenderlos oportunamente es una acción de otra escala de actuación y pericia. El riesgo, por su naturaleza, es difícil de disipar enteramente pero sí se pueden generar medidas de prevención. No siempre son sencillas de implementar, de allí que la gestión de los riesgos exija pericia desde luego, pero también mucha atención permanente y una cierta dosis de artesanal conocimiento para encauzarlo.

Traigo a colación el tema porque en la última semana han ocurrido situaciones donde se hace evidente lo que "cuesta" una inadecuada gestión del riesgo. Lamentablemente, en muchos casos nos percatamos del riesgo demasiado tarde, precisamente cuando sus consecuencias ya se han concretado. En México tenemos un dicho para referirnos a esto: "ahogada la persona, hágase el puente".

En la actualidad los riesgos se han multiplicado y en buena medida se ha facilitado su concreción. De la matanza ocurrida en Nueva Zelanda difícilmente podríamos haber enlistado su posibilidad en una matriz de riesgos en ese país y, sin embargo, ha sucedido. Los riesgos cuya génesis pende de la voluntad humana son más difíciles de predecir y prevenir que aquellos condicionados por imperfecciones tecnológicas o impactos por fenómenos naturales. Sobre estos últimos se pueden establecer mecanismos de monitoreo específicos y con alto nivel de precisión para la prevención. Pero para aquellos en los que interviene una voluntad personal no tenemos capacidades semejantes de monitoreo.

¿Cuáles podrían ser algunos mecanismos de prevención de riesgos como la tragedia en Nueva Zelanda? Tratándose de actuaciones extremistas una de las vías preventivas es el fomento al respeto a la diversidad dentro del marco de los derechos humanos. Pero, aunque esto se haga en un país, ese mismo país no necesariamente está exento en un contexto global donde se fomente el odio a lo diferente y las superioridades por color de piel o religión profesada.

De allí el riesgo que encierra toda práctica que incite al odio, al ataque del diverso, del que piensa y actúa distinto en el marco, repito, de las prácticas contenidas en el respeto a la dignidad manifiesta en la carta universal de los derechos humanos. Incitar a la división y el odio, al linchamiento público sin mayor razón que la intolerancia a la diferencia o a la crítica, es abono en la formación de riesgos cuyas consecuencias pueden ser trágicas.

En el ámbito de las organizaciones empresariales la gestión del riesgo debe tener métricas y prácticas en continua revisión. En la actualidad es claro que más allá de la gestión de riesgos operativos relacionados con la continuidad se deben mapear y prevenir aquellos producto de coyunturas y tendencias que pueden impactar a la organización. Estos últimos tienen en un buen diagnóstico y líneas de acción preventiva su principal mecanismo de atención. En ocasiones la disminución significativa de impactos significa el mejor escenario de gestión del riesgo.

Sustraerse del riesgo es una tarea complicada, por no decir que imposible, al menos para las organizaciones sociales, sean estas empresariales, políticas, religiosas o de cualquier índole legal. Cada una posee una gama de riesgos asociada a la particularidad del giro; pero hay otros riesgos que construimos en el discurso público del que podemos tomar más o menos parte. Sobre estos últimos la responsabilidad de quienes tienen mayor influencia, ya sea personal o institucional, es evidentemente mayor.

Twitter: @letrasalaire

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