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EDITORIAL

También los de la cuarta

Con/sinsentido

MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO
sábado 09 de marzo 2019, actualizada 9:16 am


Como sociedad y como individuos nos hemos vuelto sumamente irreflexivos. La reflexión es una herramienta del pensamiento que nos permite ubicar nuestra posición con respecto al ocurrir para ponerla bajo cuestión. Surge de la necesidad de ser pertinente ante cada caso, para actuar de manera cuidadosa y con sentido.

Es muy importante resaltar de lo anterior lo siguiente: para que una persona sienta la necesidad de reflexionar es prerrequisito indispensable el afán de ser pertinente. Me parece que es precisamente esa disposición la que, en la actualidad, hemos estado perdiendo de manera acelerada.

Con la palabra "pertinente" se designa a aquello que es "adecuado" u "oportuno". Eso quiere decir que se es pertinente a una situación cuando se "encaja" en de manera armónica en ella. Lo contrario, la impertinencia ocurre cada vez que uno desentona con lo que está pasando. La pérdida del afán por la pertenencia implica que ya no importa si se armoniza o no en el ocurrir. Pero ¿por qué deja de ser relevante?

Una posibilidad para que deje de importar la pertenencia viene de que todas las situaciones comiencen a ser percibidas como siempre "la misma". La otra posibilidad es que sea el individuo el que se percibe a sí mismo como inamovible o inflexible. En el primer caso la posibilidad de armonizar se rompe en el momento en el que la persona queda plenamente convencida de conocer lo que ocurre a la perfección, porque nada cambia nunca; siendo así, no hace falta prestar atención a lo que pasa porque ya se sabe que siempre es el mismo y, por lo tanto, uno tiene que actuar de manera invariable.

En el segundo, se pierde el interés de encajar porque se llega a la conclusión de que no es posible flexibilizar la propia postura, por lo que la pertenencia se convierte en algo meramente fortuito. Si se tiene "suerte" se será oportuno en la próxima situación; de lo contrario, pues tocará ser importuno. Pero, eso en realidad no importa.

Lo anterior nos lleva de regreso al tema de nuestra creciente incapacidad para reflexionar. En México algunos suponen que pueden dictar medidas aplicables a todos por igual, sin preocuparse por las circunstancias que son por demás diversas. Otros, incluso, reconocen que sus soluciones sólo beneficiarán a unos cuantos cuyo contexto así lo permita, pero no harán nada para impedir que los demás resulten lastimados porque están convencidos de que eso es un asunto de suerte.

Me parece que, salvo muy honrosas excepciones, nuestros políticos son buenos representantes de ambos tipos de individuo que acabo de describir. Incluyendo, por supuesto, a los de la cuarta transformación.

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