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EDITORIAL

Yalitza

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 28 de febrero 2019, actualizada 7:30 am


Las desafortunadas expresiones del actor de telenovelas y narcotráfico, Sergio Goyri, han desatado distintas polémicas, incluidos políticos mexicanos, quienes desde el Congreso CdMx piden sanciones contra el racista.

Esa revolución inició con la producción de la película mexicana Roma, con su director Alfonso Cuarón, que ha logrado más de 45 premios cinematográficos y tres oscar; sobresaliente para el cine mexicano, que de su época de oro decayó a niveles tan bajos como sobrevivir con producciones de charros, alcohólicos, mujeriegos, cabareteras y narcotraficantes, especialidad del envidioso Goyri.

El racista nos recuerda a Procusto, mitológico griego que cortaba los pies de quienes eran más altos, origen del Síndrome que se caracteriza por la envidia e incapacidad de reconocer el éxito ajeno y miedo a ser superado profesional y/o personalmente.

Para Roma, Alfonso Cuarón, buscó a una mujer que personalizara a su nana indígena, encontrándola en una profesora con la imagen deseada: Yalitza Aparicio, que de la noche a la mañana se transformó en estrella de cine, recorriendo el mundo promoviendo el filme, mostrando vestuario que seguramente se pondrá de moda, mostrando la belleza indígena.

El resultado es bueno para ella y el indigenismo que, de nuevo, abre a la discusión nuestras debilidades de idiosincrasia.

La citada película es una denuncia sobre el maltrato que sufren nuestros indígenas y personas desprotegidas, envueltas en pobreza y hasta miseria.

Roma, no solo cumple su propósito, además nos recuerda el desperdicio del agua - ambientada en los años sesenta del siglo anterior - que se ha agudizado, llevándonos a una crisis que ya ha rebasado a muchas grandes ciudades.

Las exclamaciones contra el denostador son manifestadas en diferentes medios y por distintos personajes del medio nacional: humanistas, artistas, políticos, religiosos y ciudadanos de diferentes medios socioeconómicos, todos sancionando el comportamiento y las expresiones utilizadas, acomodándonos aquello de "dime de qué presumes y te diré de qué adoleces", adagio popular que nos debiera avergonzar a los mexicanos.

Hemos sido racistas desde antes de nuestra organización como país, tema que poco tocamos, quizá por vergüenza.

Recordemos a nuestros antecesores, primeros pobladores de la Nación: ¿no fueron esclavizadores de indígenas sometidos?; o acaso ¿no recordamos los distingos que hacían los primeros españoles, que llegaron a considerar a nuestros indígenas infrahumanos ¡por no tener alma!?

Traigamos a la memoria la actitud tomada por los primeros mexicanos, que además sometieron a maltrato a los inmigrados - por la fuerza - negros, quienes eran "importados" como fuerza de trabajo que supliera al decreciente número de indígenas mexicanos.

No pasemos por alto el racismo aplicado a los chinos, que construyeron las vías de ferrocarril del mundo, incluido México, con su cruce de paralelas en La Laguna. Durante la Revolución Mexicana, padecieron el maltrato, tanto así que nos quedó la frase "Lí tú plimelo", respuesta dada tanto a los federales como revolucionarios quienes los maltrataban.

Ese maltrato es el mismo que aplicamos a los trabajadores en puestos que otros no toman, sometidos por su ignorancia generadora de pobreza.

Permítame el atrevimiento: ¿tiene Usted sirvienta en casa?; ¿cómo trata al mesero del restaurante o cafetería a la que asiste?, ¿qué me dice de los franeleros y lavadores de coches en las calles?; ¿y a nuestros campesinos honestos?

Todos ellos son víctimas de la falta de oportunidades, aunque algunos hayan tomado la bandera su pobreza, abusados por los politiqueros que los utilizan como "puntas de lanza" para lograr sus propósitos aviesos.

Seguramente algunos contestarán que no les corresponde atender el problema de la inequidad social que vivimos, pero habría que preguntarnos si solamente es responsabilidad del gobierno y sus instituciones maltrechas y porqué son desatendidos. Una posible respuesta está en nuestra desidia para actuar contra los abusones y hasta votar irresponsablemente, sin hacernos participes en el gobierno de nuestro país y región.

Desde luego que nos quejamos del maltrato de los radicales representados por el odioso Trump, acusándolos de abuso contra nuestros compatriotas que buscan trabajo en los EUA y tenemos razón. En igual criterio pensemos en nuestros pobres, indígenas y demás mexicanos y también traigamos a colación el maltrato de que los hacemos objeto.

Incluya a los inmigrados humildes y honestos, miles en los últimos tiempos; ellos padecen la brutalidad de autoridades, mafias y otros abusones en nuestra frontera sur. Piense en "la Bestia", ese tren que se ha hecho merecedor del temor, generando muchas negras historias de terror.

Si Goyri mostró lo peor de nuestra condición humana, también es un delator de nuestras debilidades personales, aunque no lo traigamos a la consciencia. Él, por racista imbécil, inseguro en personalidad y nosotros por negligentes, hasta llegar a merecernos el despectivo apodo de "fifís".

Lo invito a reflexionar sobre el tema y sobre todo, al concluir, actuar en consecuencia, cambiando nuestra actitud indiferente ante el abuso contra los más débiles. ¿Conoce casos?

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