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EDITORIAL

El falso debate ideológico

Con/sinsentido

MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO
sábado 23 de febrero 2019, actualizada 10:07 am


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¿Tenemos un gobierno de izquierda? El presidente asegura que sí y no son pocos en la oposición que así lo consideran. Pero ¿hasta dónde es verdad?

La ubicación de algo es relativa. Se está, a la derecha o a la izquierda, con relación a un determinado punto que sirve de referencia. Uno sólo puede hablar de su mano derecha gracias a que nos imaginamos un eje que cruza el centro de nuestro cuerpo. Sin ese referente no hay posibilidad de determinar que nuestra derecha es efectivamente la derecha (o la izquierda en su caso).

Ahora bien, la ventaja con nuestras manos es que el eje imaginario que determina su posición se desplaza con ellas, por eso, derecha e izquierda siempre son las mismas. La cosa se complica cuando le decimos a otro que algo está a su izquierda (o derecha) porque ésta no necesariamente es la misma que la nuestra. Cuando eso sucede, tenemos que emplear esa capacidad humana que nos permite, de manera imaginaria, ponernos en el lugar del otro.

Pero ¿dónde está el eje que nos permite distinguir entre izquierda y derecha en materia ideológica? ¿Y ese eje, en caso de que exista, es algo que simplemente "está"? ¿Cómo se determina la geometría política? Creo que el mundo ha caminado tan a la derecha que cualquier liberalismo se nos puede presentar como ubicado a la izquierda. Me parece que si tomáramos a Marx y analizáramos cada medida hasta ahora implementada por AMLO la conclusión sería que estamos ante un gobierno muy de derecha. Pero, claro está, si la referencia fueran los gobiernos anteriores tal vez pudiéramos decir que la cuarta transformación, efectivamente, está hacia su izquierda. Pero, tal vez no.

Sé que es cosa de apreciación, pero ¿qué tiene de izquierda un gobierno en el que la disposición de los recursos públicos se realiza desde una perspectiva meramente patrimonial? Me explico, antes se simulaban procesos para darle gusto al presidente; pero ahora la simulación comienza a experimentarse como algo innecesario para, simplemente, satisfacer los deseos del mandatario. Si dichos deseos tienen o no tienen que ver con el bienestar de las mayorías, eso pasa a ser secundario. Aquí, cada vez más, lo que importa es darle gusto al mandatario y éste decide como si los recursos del país fueran suyos y de nadie más.

Por supuesto que los anteriores presidentes hicieron más o menos lo mismo; pero, precisamente ese es el problema, porque ninguno de los anteriores se anunciaba como de izquierda ni utilizaba la palabra "neoliberal" para referirse a todo aquello que atentaba contra su gusto o voluntad. A lo que voy es que, en la actualidad, los términos para indicar una ideología se utilizan instrumentalmente, a contentillo del presidente (y de muchos de sus adversarios que juegan el mismo juego).

Hoy todo puede ser izquierda o derecha, porque el presidente se ha atribuido la facultad de colocar el eje que decide lo que está de cada lado: hacer un aeropuerto que a él no le convence es de derecha, pero construir el Tren Maya es de izquierda; organizarse como ciudadanía es de derecha, pero constituir la Guardia Nacional es de izquierda; subsidiar guarderías es neoliberal, pero, repartir apoyos a los "ninis" es propio de las izquierdas más progresistas.

Así, bajo esa lógica en la que el eje de referencia está en la mente de un único individuo, en México, se escenifica un falso debate ideológico que servirá, si acaso, para entretenimiento de las multitudes.

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