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EDITORIAL

Observar las caravanas

NUESTRO CONCEPTO
lunes 18 de febrero 2019, actualizada 7:46 am


La migración como fenómeno, nos resulta, incluso en plena era de la hiperconectividad, tan familiar como desconocida. Según datos de organizaciones como Amnistía Internacional y la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU), México tiene el corredor migratorio con mayor transito en el mundo. Los hombres, mujeres y niños expulsados por la pobreza, la violencia y la marginación, entre otros factores, que persiguen el sueño americano, provienen de sur y centro América, pero también de nuestro propio país.

Incluso, para muchos ciudadanos asiáticos, de Medio Oriente y varios países del mundo, la ruta más fácil para ingresar a los Estados Unidos, sigue siendo México. Sin embargo, la fuerza mediática que ha tomado la cobertura de las caravanas migrantes, provenientes de Centro América, ha puesto sobre la mesa la crudeza de este fenómeno. Las imágenes de niños y familias completas cruzando el país en condiciones adversas, nos ha llevado a reflexionar desde ópticas diferentes.

La política de la administración de Donald Trump y su rechazo contundente al ingreso de migrantes a su país, nos obliga a plantearnos nuevas preguntas: ¿qué hacer con miles de ciudadanos que se quedarán en México a raíz de está situación? ¿cómo reducir la violación a los derechos humanos de los migrantes? Pero más aún ¿de qué forma consensuamos autoridades y sociedad civil posibles soluciones?

Más que nunca, esas políticas migratorias tienen que ser horizontales. La voluntad de los tres niveles de gobierno debe estar presente en un tema tan sensible como delicado. Si bien es cierto, México ha brindado, en la medida de lo posible, ayuda a estás caravanas, también hemos testificado manifestaciones de repudio de algunos sectores de la población. Miedo, incertidumbre, desconocimiento, han llevado a que personas que antes exigían respeto a los migrantes en Estados Unidos, ahora, cuando el fenómeno toca a nuestra puerta, simplemente desvíen la mirada.

Coahuila comparte una frontera considerable con la Unión Americana, por lo que nuestro estado, seguirá siendo uno de los muchos corredores por donde este transito se haga presente. Este fin de semana se cerró en Piedras Negras, uno de los albergues que atendía a cerca de dos mil migrantes centroamericanos; muchas de estas personas ya cuentan con una tarjeta, expedida por razones humanitarias, que les permite desplazarse por México, pero con el mismo tono que algunas voces exigen trato digno para quienes cruzan por el estado, otras, señalan que el trabajo de las autoridades también debe incluir la seguridad de quines viajan, pero también de quienes viven en el país.

El reto de las autoridades, es grande, pero también el de la sociedad civil. Ya que una situación que antes se observaba de manera periférica, ahora, desfila de cerca y con el cubrimiento mediático que en un mundo globalizado permite los nuevos formatos de comunicación.

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