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EDITORIAL

Expertos vs pueblo; otro falso dilema

En tres patadas

DIEGO PETERSEN FARAH
sábado 16 de febrero 2019, actualizada 9:51 am


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En su afán por sacar adelante la Guardia Nacional, el presidente López Obrador no está dispuesto a oír a nadie. Eso lo sabíamos, pero confrontar a los expertos con el pueblo es un paso que no había dado. Los senadores, dijo, deberían de escuchar al pueblo, no a los expertos, pues ellos son representantes del pueblo. La falsa dicotomía entre los expertos y el pueblo puede llevar a malas decisiones, no solo en materia de seguridad, sino en todas aquellas donde la sabiduría popular no suple al conocimiento técnico.

El caso del aeropuerto de Texcoco es un buen ejemplo de ello. Más allá de lo manipulado de la consulta popular, lo que hizo el presidente fue enfrentar a los expertos contra la voluntad del pueblo y tomó una decisión, para muchos equivocada, pero para él políticamente acertada, pues le permitió cambiar las fichas del tablero.

Despreciar el conocimiento especializado, a los expertos, es una ruta de alto riesgo para el país, pero parece ser un patrón en ciertas áreas del gobierno. Lo hemos visto con la desastrosa presentación del director de finanzas de Pemex, Alberto Velázquez García, en Nueva York que tuvo de inmediato un costo en las calificaciones de la deuda; en los pésimos candidatos que mandó en la terna para la Comisión Reguladora de Energía, uno de ellos exhibidos de manera grotesca por Xóchitl Gálvez en las comisiones del senado; en los escándalos en Conacyt, no uno sino tres, por la elección de perfiles bajísimos para hacerse cargo de puestos especializados, etcétera.

Al presidente no le gusta que le digan que no, menos aún en los temas que para él son de carácter ideológico, como la autosuficiencia alimentaria, las empresas energéticas o los asuntos que conllevan control político llámese la seguridad o los programas sociales. En esos casos prefiere tener colaboradores obedientes, ejecutores puntuales de sus ideas y deseos y no personal calificado que cuestione o ponga en duda sus ideas fijas.

La sabiduría popular, esa a la que el presidente apela y manipula con singular alegría, no está peleada con el conocimiento técnico. Son saberes distintos que sirven para cosas distintas. Sería un error poner a un experto en aeronáutica a decidir el momento de la siembra de una parcela; por más que busque en internet y se refile cuatro libros nunca tendrá la capacidad del campesino de leer la naturaleza, así como una modista no tendrá jamás la competencias para decidir sobre la política de alimentos transgénicos o el pueblo bueno sobre las implicaciones de la guardia militarizada, salvo claro los que han sido víctima de abusos por parte de los militares, pero a esos nadie los quiere oír.

Un chofer que además es una buena persona, será un gran chofer; una buena persona que no sabe manejar nunca será un buen chofer. El conocimiento técnico no se suple con buena voluntad y buenas conciencias. La ineptitud es una forma de corrupción. ¿No era eso lo que decíamos cuando llegó el PAN al poder? ¿Por qué ahora habría de ser distinto?

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