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Columnas Social

Piénsale piénsale

VIVIR DE LA FLOR

ARTURO MACÍAS PEDROZA
NOSOTROS, domingo 03 de febrero 2019, actualizada 11:49 am


Muchas veces, la promoción de la cultura por parte de las políticas públicas se ve limitada por falta de recursos económicos. Ante la disyuntiva de promover eventos culturales de calidad o realizar obras materiales, se opta por lo segundo. No es raro escuchar en los medios de comunicación a los funcionarios que expresan la necesidad de destinar los siempre limitados recursos, a obras materiales, o peor aún, usarlos para pagar eventos de artistas de moda, que poco o nada elevan el espíritu de los ciudadanos y sólo mantienen tranquila a la población con baja calidad y criterios asistencialistas (panem et circenses).

Las noticias de la radio, en el apartado de cultura y espectáculos, se limitan a mencionar notas sobre problemas de vida íntima de actrices de segunda. La presentación de un ballet ruso tiene más actores en escena que espectadores en el teatro.

¿La cultura es secundaria? ¿Hay otras cosas más importantes? ¿Primero obras que cultura? ¿Por qué en Guanajuato si se pueden invertir cerca de trescientos millones de pesos en el Festival Internacional Cervantino? Chihuahua cerca de 100 millones, Tamaulipas 120 millones, aproximadamente. ¿Qué pasa? ¿Por qué a unas ciudades sí les parece importante y a otras no? Para promover la difusión de la cultura, se requieren conocimientos del área de difusión en forma profesional. En Bélgica, se basa la promoción en un concurso que convoca a personas con perfil especializado y con una propuesta o proyecto a cuatro años teniendo como jueces a personas especializadas del ámbito civil. Eligen a uno entre los cinco mejores y los otros cuatro se convierten en colaboradores enriqueciendo la propuesta inicial. ¿Cómo están elegidos aquí? ¿Con qué recursos cuentan?

¿Por qué es importante la cultura? Porque es aquello que hace al ser humano expresar de mejor manera su ser de persona humana. Una obra de arte contribuye a su formación en un determinado tiempo y lugar; es la manifestación del desarrollo de los valores que distinguen al ser humano. Las obras maestras del arte son testimonios del desarrollo que ha tenido el hombre en las diversas épocas de la historia, pero la cultura es todo lo que nos forma y hace crecer como humanos. Hay cultura en las leyes, instituciones y sistemas, y también en la cocina, la música y la vida cotidiana que nos va modelando y nos distingue de los animales como seres racionales, libres, autónomos y creativos.

Siendo tan importantes los valores humanos que se manifiestan en el "hacerse humano" y en hacerse de los humanos, su promoción y vivencia no debe ser privativa de algunas personas o grupos esnobistas, sino algo que incumbe a todos por igual, pues los valores que se asumen colectivamente pueden determinar que se viva en una sociedad armónica y solidaria, o en una sociedad conflictiva, intolerante, intransigente y agresiva, sobre todo en países que, como el nuestro, los estándares de educación y madurez son bajos, lo que facilita la manipulación de las conciencias y el fácil abandono de los principios.

Los "valores" que se adoptan para vivir, además de dar significado o sentido definido a lo que se hace, forman la mística personal y expresan la manera particular de ser. Desde esta óptica, no tomar en cuenta los valores como marco de orientación para vivir, es atentar contra la posibilidad de alcanzar la plenitud de lo "humano" y, por ende, atentar contra la propia dignidad. En una universidad de la región, se publicitaba entre los jóvenes el viaje al Festival Cervantino de manera jocosa: "el objetivo es divertirnos, la cultura es el daño colateral". ¡Bendito daño!

No dudo que las obras materiales sean necesarias, pero si ellas no nos llevan a crecer como humanos, es decir, en valores propios de la persona, de nada servirán. Si se hace un puente para poder asistir a la experiencia cultural de los que están del otro lado, bienvenido sea la construcción de ese puente. Es por eso que el progreso humano no puede medirse solamente con criterios económicos. La humanidad es mucho más que tener. Es SER. Los valores culturales conducen al ser humano a serlo más plenamente.

Una mujer miserable vendía flores para vivir. Un día de Navidad, dos caballeros se acercaron a ella, y movido por la compasión y los sentimientos que despiertan esos días, uno de ellos le compró unas flores, que luego amablemente se las regaló a ella misma, como regalo de Navidad. Profundamente conmovida por ese gesto de cariño al que no estaba acostumbrada, se retiró a su casa contenta y dejó de vender sus flores ese día. El otro caballero, sabiendo que la mujer sobrevivía cada día con la venta de sus flores, dijo a su amigo: "¿De qué va a vivir ahora?". Contestó el compañero: "De la flor".

Es cierto que necesitamos muchas cosas, pero la Flor de la cultura es necesaria para vivir como verdaderos humanos.

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