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EDITORIAL

Errores mortales

DENISE DRESSER
lunes 21 de enero 2019, actualizada 9:18 am


Como dice María Ruiz de Burton: "Mucha sabiduría es aprendida a través de las lágrimas, pero ninguna se adquiere olvidando nuestras lecciones". Aquí las que ojalá aprendamos de la tragedia en Tlahuelilpan:

1) Es necesario darle mayor y mejor entrenamiento a las fuerzas de seguridad del Estado. Impactante ver a miembros del Ejército y la policía federal, incapaces de frenar lo que estaba ocurriendo. Ninguno de los dos cuerpos tiene experiencia o formación para reaccionar ante retos de contención de multitudes. El adiestramiento de las Fuerzas Armadas es de confrontación, no de cómo desactivar o apaciguar o controlar sin disparar. Cargan armas, no altavoces o escudos. Y los policías federales tampoco demostraron la capacidad para salvar vidas vía órdenes o comandos de voz. La pregunta también es por qué no se enviaron refuerzos en cuanto se supo de la aglomeración en torno al ducto. Debido a esta combinación de factores, al gobierno no le quedó otra opción más que dar la orden de no intervenir, con los resultados que vimos. Pero era una disyuntiva falsa, la de "reprimir" o no hacer nada. Había otras alternativas y merecemos saber por qué no se tomaron.

2) Pemex debería estar en manos de profesionales experimentados del sector. Se entiende que AMLO quisiera colocar al frente de la petrolera a alguien de su más completa confianza: a alguien que limpie la empresa. Pero ése no es un criterio suficiente, como ha quedado demostrado en las últimas semanas. Octavio Romero Oropeza no da el ancho. No tiene el conocimiento técnico ni operativo para manejar una empresa de ese tamaño, con los retos que enfrenta. La fallida presentación de Pemex en Nueva York en la cual los inversionistas convocados manifestaron su desaprobación lo evidencia. El mal manejo logístico, estratégico y mediático de la crisis desatada por el combate al huachicol lo refrenda. La calamidad en Hidalgo también genera preguntas válidas: ¿por qué no se cerró el ducto de inmediato y la presión siguió siendo tan fuerte como para generar el chorro voluminoso que continuó durante horas; horas en las que tanto funcionarios de Pemex como autoridades estatales y federales estuvieron ausentes.

3) La popularidad de una decisión no significa que sea buena política pública. Aunque se entiende el respaldo a la cruzada gubernamental contra el huachicol, ese apoyo no debería interpretarse como un aval a acciones cuestionables. Sin duda era un imperativo acabar con la sangría sexenal a Pemex. Sin duda era crucial combatir la corrupción anidada ahí. Pero también es válido preguntar cómo el orden de los factores ha afectado el producto. Ahora, a raíz de la emergencia económica generada por la escasez de combustible, se ha enviado a tres secretarios de Estado y un oficial mayor al extranjero a comprar pipas, al costo que sea. Y como es una emergencia - argumentarán- no será necesario explicar cuánto costaron, de qué partida presupuestal saldrán los recursos para financiarlas, y quién va a absorber el costo mayor de trasladar combustible por pipas en lugar de ductos. ¿No hubiera sido mejor, como parte del combate frontal a huachicol, comprar pipas primero y cerrar ductos después? Y todavía no ha quedado claro ante la opinión pública si la escasez de combustible se produjo por la cerrada de los ductos, la reducción en la importación de crudo al inicio del sexenio, la insuficiencia de sitios de almacenamiento, la falta de pipas, o la falta de previsión de los funcionarios del ramo.

4) Es difícil pedir el respeto a la ley si el propio gobierno no la respeta. Ahora que se insiste en criminalizar al "pueblo malo" que acudió a robar gasolina, y se exige que se aplique mano dura en su contra, es importante recordar que el Estado de Derecho se construye desde el Estado mismo. ¿Cómo exigirle a hidalguenses desesperados ante el desabasto que respeten la legalidad cuando a Carlos Romero Deschamps se le da permiso diario para violarla? ¿Cómo criminalizar a los pobladores de Tlahuelilpan -cuyas estaciones de servicio llevaban 15 días con suministro intermitente y largas colas- mientras que criminales de cuello blanco, los verdaderos saqueadores del país, permanecen impunes? Las lecciones para corregir y aprender están ahí. Sin Estado de derecho, sin instituciones funcionales y sin esfuerzos sistemáticos para mejorarlas, los errores seguirán siendo recurrentes. Y mortales.

ATICO

Denise Dresser

La tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo, nos deja lecciones que ojalá aprendamos.

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