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EDITORIAL

Tiempos de desmesura

Con/sinsentido

MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO
sábado 19 de enero 2019, actualizada 7:19 am


Queremos tener la razón, demostrar que aquéllos que no piensan como nosotros están equivocados. Por eso somos tan vulnerables. Nuestra fragilidad radica en que, en esas ansias de mostrar que estábamos en lo correcto, dejamos de lado toda nuestra capacidad para analizar la realidad y sopesar las evidencias. Así, terminamos en la necedad, defendiendo lo indefendible. Preferimos eso a reconocer que no toda la verdad estaba de nuestro lado.

Somos, por eso, una sociedad a la que se manipula con relativa facilidad. Un día nos presentan un argumento más o menos hilado que nos convence; y al día siguiente nos dicen uno contrario y lo volvemos a comprar. No aprendemos nuestra lección. Una y otra vez regresamos a lo mismo. Como si nos encantara que nos doraran la píldora.

Quienes se hacen del poder con una bandera en mano, la abandonan sin pudor alguno porque, para ellos, todo es un medio que se justifica por sus fines. No importa cuántas veces ni con cuánta elocuencia se hayan opuesto a algo, si llegado el momento ese algo les conviene para sus propios y mezquinos intereses, entonces lo aprueban y promueven.

Pocos son los seguidores que les reclaman congruencia. Menos son los que, de manera pública, rechazan las medidas, porque supone la aceptación del error cometido. Pero, también, por el temor de ser tildados de traidores por sus correligionarios. Éstos, con toda razón están dispuestos al linchamiento de los suyos cuando, mediante el acto de la aceptación de su falla, dejan de ser incondicionales. Porque con su aceptación del error denuncia la equivocación de todos los que pensaban igual. Tal cosa es intolerable.

Pero, el problema está en suponer que las verdades son monolíticas. Pensar que todo debe ser en blanco y negro. Creer que toda decisión es binaria y que aceptar algo supone la renuncia definitiva a lo demás.

Son tiempos de desmesura. De uno y otro bando se dan maromas y se hacen malabares. Queremos ganar y, al hacerlo, todos salimos perdiendo. Pero, aquí no importa quién tiene la razón, sino cómo vamos a prosperar.

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