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EDITORIAL

Actos de fe

Con/sinsentido

MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO
sábado 12 de enero 2019, actualizada 8:14 am


No me extrañaría nada que el robo de combustibles en México, lejos de ser un negocio del crimen organizado, fuera una más de las raterías que se han gestado desde el poder político. El problema es que se necesitan evidencias y no sólo la sacrosanta palabra del presidente López Obrador para demostrar que eso es así. Insisto, no porque no crea que quienes han estado al frente del poder hayan sido capaces de saquear a la nación también de esa manera; pero es necesario para la madurez de nuestra democracia que dejemos de guiarnos por simples actos de fe.

Sé que en términos de percepción la mayor dificultad radica en nuestra imposibilidad humana para constatar, por ejemplo, que son efectivamente 60 mil millones de pesos anuales los que se roban de combustible en México. Se trata de una cantidad que, por su elevado nivel de abstracción nos resulta poco comprensible. Incluso si lográramos reunir ese dinero -o su equivalente en combustible- y lo pusieran delante nuestro, nos llevaría largas jornadas de trabajo verificar que, efectivamente, se trata de esa cantidad y no de otra. Por tal motivo, pareciera que estamos condenados a simplemente creerle o no a López Obrador o a cualquier otro político cada vez que nos sueltan cifras.

Pero, que todo se reduzca a la fe que se le tenga -o no- a un solo individuo coloca en un punto de elevada vulnerabilidad a la institución presidencial y a todo el estado de derecho. La situación es todavía más delicada ante la severa crisis de credibilidad institucional que atraviesa México desde hace por lo menos un par de décadas y, para colmo, el presidente no da muestras de notar ese peligro, sin duda, por el elevado apoyo que lo llevó a ganar las elecciones en junio pasado y que lo hace sentirse sólido en cuanto a la confianza que la mayoría de los mexicanos le tiene. Por eso, sin ninguna necesidad insiste en soltar cifras y datos que muy rara vez acompaña de evidencias.

Es por ahora un misterio el tiempo que AMLO podrá sostener los altísimos niveles de credibilidad de los que goza, pero, alguien cercano debería advertirle sobre el peligro de confiar en demasía en sus habilidades de convencimiento. Debe recodar que pronto estarán apareciendo datos desde fuentes que no están bajo su control y que, más tarde o más temprano, van a minar la confianza que la ciudadanía ha puesto en él. Por eso, creo que le convendría -y a todo México con él- ser más mesurado. Ayudaría también si, aunque fuera de manera tímida, reconociera que la estrategia seguida en el combate contra el robo de combustibles trajo consecuencias indeseables que no fueron previstas.

Por lo pronto, si el presidente y su equipo presentan las evidencias del caso y se castiga a los criminales que han robado combustibles contribuyendo a destruir a Pemex y dañando de múltiples y profundas maneras a la economía nacional, aplaudiré por doble razón: por el golpe dado en contra de la corrupción y por contribuir a evitar que sigamos siendo conducidos por simples actos de fe.

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