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EDITORIAL

Verdades y Rumores

EL AGENTE 007
miércoles 09 de enero 2019, actualizada 7:03 am

Todo parece indicar que Morena en Coahuila son dos partidos: uno que tiene la línea clara del preciso Andrés Manuel López Obrador, y otro que comienza a mostrar clara afinidad con la línea del priismo del gober Miguel Ángel Riquelme Solís. Ya se dio cuenta en días pasados en estas mismas páginas de la divergencia entre el regidor expanista y neomorenista Ignacio Corona Rodríguez y su correligionaria Leonor Jacob Rodríguez durante la primera sesión de Cabildo del actual ayuntamiento. Mientras que don Nacho fue muy duro en su discurso contra la administración del panista Jorge Zermeño, doña Leonor aclaró que no todos los ediles de Morena comparten esa visión.

Hay que recordar, ciertamente, que Corona, cuando aún militaba en el PAN y era regidor del ayuntamiento de don Miguel, asumió ya posiciones condescendientes con la línea oficial priista. Algo similar ocurre en el Congreso local, en donde los diputados morenistas han hecho guiños, algunos de forma individual, y a veces en grupo a la administración estatal. Un ejemplo de ello es el pronunciamiento que ayer hicieron para llamar la atención al gobierno zermeñista por el mal estado en el que tiene varios espacios públicos desarrollados por la pasada administración municipal, a cargo precisamente del ahora gobernador Riquelme. Los legisladores del partido vinotinto calificaron de “mezquino e irresponsable” el dejar caer obras como la Línea Verde e instaron a que “de forma urgente” se destinen recursos para dar mantenimiento al lugar, así como a otros espacios recreativos. Y es que hay que decir que el gobierno de don Jorge se ha concentrado en la rehabilitación de plazas y parques de otros sectores de la ciudad que ciertamente tenían tiempo en el olvido, pero en ese esfuerzo se han descuidado otros, como la ya mencionada Línea Verde, o el Metroparque y La Jabonera. ¿Será que una vez más está ganando la visión partidista de la realidad o simplemente se trata de una “inocente” omisión”? El tiempo esclarecerá la cuestión. Lo cierto es que los morenistas en Coahuila están divididos entre el amor del preciso y el interés del gober.

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En ascuas mantienen las autoridades del poderoso vecino del norte al respetable que sigue con atención el juicio del extesorero Javier Villarreal. Y es que a pesar de que el zar financiero del Profe Moreira I ya se declaró culpable de varios delitos financieros vinculados con el escándalo de la megadeuda de Coahuila, la audiencia en la que se debe dictar la sentencia ha sufrido ya más de cuatro demoras. Los subagentes disfrazados de... subagentes comentan que los retrasos obedecen a una estrategia seguida por los fiscales del Tío Sam para dar el tiempo suficiente para encajar otras piezas del rompecabezas de la truculenta historia. Y es que hay que recordar que el año pasado los jueces de la Madre Patria decidieron reabrir el expediente contra el exgober Humberto Moreira luego de que parecía que ya había librado las acusaciones. Para que el caso se reactivara fue de suma importancia el testimonio de varios testigos protegidos, entre ellos don Javier, su excolaborador, que soltó la sopa en un acuerdo de culpabilidad que aún permanece bajo reserva. Además, Villarreal habló con las autoridades judiciales españolas para dar más detalles que terminaron por incriminar al exmandatario en la trama de presunto robo de recursos del erario coahuilense. La estrategia consistiría, según dicen, en esperar a que se concrete la extradición del empresario lagunero Juan Manuel “el Mono” Muñoz, quien está detenido en el otro lado del Atlántico, y quien pudiera aportar más pruebas para el caso que siguen las autoridades en la Unión Americana. Mientras esto ocurre en aquellas tierras de Extranjia, en la provincia coahuilense se sigue pagando la deuda y los implicados en su contratación continúan librando cargos sin que las autoridades estatales se hagan las entendidas de todo lo que se dice fuera de nuestras fronteras. Vaya cosas.

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En el vecino Matamoros, cuentan que poco margen de maniobra le han dejado al alcalde morenista Horacio Piña, quien un día dice una cosa y al otro día otra, a la hora de la toma de decisiones. Y es que el munícipe ha quedado prácticamente en medio de dos fuegos, los de quienes buscan controlar realmente al municipio. Ya se habla incluso de que hay dos vicealcaldes: por un lado está su primo, Beto Piña, quien dicen algunos por ahí que fue el que financió la campaña y por lo tanto le da el derecho de designar al gabinete, y por el otro el eterno líder Jesús Contreras Pacheco, quien operó políticamente y por lo tanto también tiene poder para designar a los funcionarios. Pero al perecer a don Jesús no le están dando mucho poder de decisión y ha iniciado un “estira y afloja” a la hora de las designaciones y pese a que ya está distribuido todo el gabinete puede hacer algunos ajustes de último momento. También cuentan los subagentes que llama poderosamente la atención el regreso de algunas personas muy identificadas con el PRI, con todo y que el alcalde Piña ha dicho que son personas “honorables” y, por lo tanto, más allá de partidos o colores, son personas que se rescataron para “trabajar por el bien del municipio”. O sea, según la visión del alcalde, las cosas no estaban tan mal con los priista o ya no se sabe qué entender de esta maniobra. El chiste es que han surgido muchas interrogantes ya que la realidad para muchos agudos observadores es otra, pues aquellos que viven en Matamoros sabe que ya son cartuchos muy quemados cuya reputación está en entredicho y eso ha causado la desilusión de los ciudadanos que esperaban un verdadero cambio pero, sobre todo, de los pocos morenistas de hueso “tinto” que siguen a la espera de que les haga justicia la Revolución.

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Quien una vez más dio la nota hace unos días fue el diputado local exudecista Édgar Sánchez, que evidenció su falta de conocimiento de las formas. Resulta que, como si fuera una especie de virrey o señor feudal, quiso intervenir en la sesión de Cabildo que se realizó en San Pedro después de la toma de protesta la semana pasada, y en la que se aprobaron los nombramientos de funcionarios. En ostentación de su representación legislativo, don Édgar se opuso varios nombramientos y opinó sobre la designación de la contalora municipal, argumentando que era familiar o gente muy cercana a la alcaldesa Patricia Grado. Más allá de que esto sea cierto o no, que no es un asunto menor y claro que debe atenderse, la norma establece que si bien las sesiones son públicas y cualquier ciudadano puede presentarse, sólo lo puede hacer en calidad de observador, es decir, sin voz ni voto, por lo que no tiene por qué opinar sobre los asuntos que se están tratando. Resulta que más rápido que un rayo la exalcaldesa Ana Isabel Durán, con quien por cierto trae sus broncas por los señalamientos que ha estado haciendo don Édgar contra su gestión, le dijo que para nada tenía que estar interviniendo, así fuera el mismísimo gobernador o presidente (ya quisiera Sánchez). Incluso entre los ediles y demás asistentes no faltó quien murmuró que al diputado exudecista y, dicen, próximo priista, perfectamente le quedaría el dicho de “candil de la calle, oscuridad de su casa”, cuando en el Congreso ha tenido sus asegunes y no ha hecho un trabajo, digamos, decente, y que en vez de enfocarse en lo suyo esté metiendo la “cuchara” en el municipio, cuando en teoría debería de saber que lo puede hacer, pero desde su curul o desde la máxima tribuna del estado. Para acabarla de amolar, el legislador se puso en el ojo del huracán y le llovieron las críticas ya que la transmisión se hizo en vivo por Facebook, y cuando quiso erigirse en el gran defensor o fiscalizador del municipio algunos cibernautas le recordaron que varios familiares y amigos suyos son regidores del ayuntamiento. Por otra parte se sabe que don Édgar quiere ser candidato a la alcaldía de San Pedro en tres años y que lo que está haciendo es siguiendo sus aspiraciones creyendo que con plantarse en las sesiones de Cabildo va a sumar los votos que requiere. Además, Sánchez es otro de los diputados de la “pseudoposición” del Congreso que han entrado ya en la esfera del naciente priismo riquelmista.

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