EDITORIAL
YAMIL DARWICH Jueves 6 de dic 2018, actualizada 7:50am ... Anterior El Siglo 3 de 8 Siguiente ... El Siglo

Esperanza

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Diálogo

Llegó la fecha: el cambio de gobierno y el inicio de la denominada "Cuarta Transformación", enumerando las tres anteriores: Independencia, Reforma y Revolución Mexicana.

Pudiéramos llamarla de otras maneras, entre ellas de "la esperanza" - confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea - con dos premisas fundamentales: las promesas de acabar con la corrupción y desterrar la violencia, según el decir del ahora presidente de México, Manuel López Obrador.

En sesión pública, en la que estuvieron presentes los poderes de la Unión, invitados especiales de otros países, funcionarios federales, estatales y municipales y buena parte del mundo a través del periodismo internacional, AMLO lanzó un discurso elocuente y motivacional, lejano a sus declaraciones pausadas, quizá por estar haciendo la lectura del mismo, en el que hizo promesas de construir un país diferente, basado en terminar con el abuso de los funcionarios públicos y empresarios voraces del neoliberalismo, hartamente pronunciado con desprecio acusatorio, contando con el apoyo del pueblo y las fuerzas armadas.

Sin duda que tal sistema arrojó funestos resultados para el bienestar económico de los mexicanos.

Las primeras reacciones de analistas políticos fueron orientadas a analizar la imposibilidad técnica/económica de cumplir las promesas, al menos en buena parte, aunque no dejaron de mencionar las posibles repercusiones, para bien, si es que logra alcanzar los objetivos que él se ha autoimpuesto.

El reto es enorme y mencionó antecedentes con estadísticas claras y reveladoras, tanto de economía nacional como índices de pobreza y delincuencia, demostrando el decaimiento del bienestar nacional por la imposición del neoliberalismo y la corrupción, que promete desterrar de tajo.

Entre otras cosas, declaró:

"Ahora, nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno".

"Transitaremos hacia una verdadera democracia, se acabará la vergonzosa tradición de fraudes electorales".

"Me comprometo, y soy hombre de palabra, a que las inversiones de accionistas nacionales y extranjeros estarán seguras".

"No gastaremos más de lo que ingrese a la hacienda pública".

"Haremos a un lado la hipocresía neoliberal".

"El Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales".

"No se condenará a quienes nacen pobres a morir pobres". (…) "Por el bien de todos, primero los pobres".

"Se cancelará la mal llamada reforma educativa".

"Se creará el Instituto Nacional para la Atención de los Pueblos Indígenas".

"Iniciará de inmediato el programa de atención médica y medicamentos gratuitos en las zonas marginadas del país y se volverá universal en todo el país (…) a la mitad del sexenio".

"Los aumentos al salario mínimo no volverán a fijarse por debajo de la inflación".

"Se ayudará a productores del campo con subsidios y precios de garantía".

"Aprovecho para reiterar que no se permitirá el fracking ni transgénicos".

"Ya no habrá servicio médico privado para los altos funcionarios públicos".

"En cuanto a los agentes ministeriales y los cuerpos policiales estatales y municipales, se debe reconocer, sin generalizar, que muchos están movidos por la corrupción y no por el deber del ser" (…) "su descomposición los pone bajo el dominio de la delincuencia. El ciudadano mexicano en la actualidad está en estado de indefensión".

"Estoy preparado para no fallarle a mi pueblo".

"Son tres cosas las que necesitamos para enfrentar la crisis de México y dos de ellas están aseguradas de antemano. Lo reitero, un pueblo trabajador y suficientes riquezas naturales. Pronto, muy pronto, tendremos lo tercero, un buen gobierno, y en ese compromiso empeño mi honor y mi palabra".

En el prolongado discurso político, también denunció aquienes detentaron el poder abusivamente, eludiendomencionarlos por sus nombres, "por no ser necesario".

También confirmó el Tren Maya y la nueva refinería, sin hacer consultas, aunque anteriormente prometiera hacerlas.

De entrada, estamos de acuerdo que "si al presidente le va bien, a México le va bien" y deberemos tener esperanza del logro de tal cambio, aunque sea de inicio parcial.

Luego de atender a invitados y compartir una comida, la fiesta política culminó con un evento popular, cargado de tradicionalismo indígena, simbolismos e impresionismo: un ceremonial de buena venturanza para el presidente, invocando a los abuelos y las fuerzas de la naturaleza de los cuatro puntos cardinales y luego recibiendo un bastón de mando.

Después: fiesta y diversión para el pueblo.

Por su parte, AMLO y colaboradores deben recordar - o saber - que cuando la esperanza se pierde, aparece la desesperanza y quienes no ven cubiertas sus expectativas tarde o temprano cobran un alto costo social: para el caso, detener el continuismo que se deja ver como propósito de mediano y largo plazo.

Con todo, esperemos; demos oportunidad a que el tiempo deje llegar el cumplimiento de sus promesas y se sienta el combate a la pobreza y la lucha contra la impunidad y corrupción. ¿Está Usted esperanzado?

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