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EDITORIAL

Verdades y rumores

EL AGENTE 007
miércoles 31 de octubre 2018, actualizada 6:34 am

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Contrario a lo que muchos creen, la polémica por la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México no es para nada nueva. Los anales de la historia, verificados en las hemerotecas que no mienten, indican que la disyuntiva entre construir una terminal aérea en Texcoco o habilitar la base militar de Santa Lucía viene por lo menos desde los tiempos de José López Portillo, es decir, por allá de finales de los 70 y principios de los 80. La idea original que surgió en el gobierno de aquél que iba a defender el peso como un perro fue la de construir el aeropuerto en la zona del vaso de lago de Texcoco. Durante varios años se habló de que dicho proyecto era viable y que resolvería la saturación del Aeropuerto Internacional "Benito Juárez".

Sin embargo, hacia finales del sexenio, comenzó a surgir una corriente de opinión adversa a este proyecto al considerarlo demasiado costoso. Fue entonces que surgió la propuesta de Santa Lucía como una opción más barata. Cuando inició el gobierno de Miguel de la Madrid, el plan original de Texcoco quedó de momento descartado y aunque todavía sonó el proyecto de Santa Lucía, la crisis y el terremoto terminaron por sepultarlo en el escritorio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Lo curioso del caso es que como subsecretario en aquella época del partido de Estado y "mafia del poder" figuraba Javier Jiménez Espriú, quien ahora es el ungido para ser el bueno en la SCT, con su carpeta del proyecto de Santa Lucía bajo el brazo desde aquellos ayeres. Los subagentes disfrazados de controladores aéreos nos dicen que en el fondo del asunto está el pleito de dos grupos políticos del viejo PRI, uno de ellos ahora convertido en "nuevo PRI", o sea, Morena, que trae a pleno siglo XXI esta especie de déjà vu que han querido disfrazar de voluntad popular con una consulta con menos credibilidad que la catafixia de Chabelo, por cierto, testigo inmortal de todas las mutaciones del PRI. Bendito país.

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Aunque se había anunciado con bombo y platillo que ayer se llevaría a cabo la firma con los tres bancos que ganaron el tercer refinanciamiento de la deuda de Coahuila, el hermetismo fue la constante durante la jornada del martes. Nuestros subagentes nos reportan que en las oficinas de la Secretaría de Finanzas se guardó el mayor de los secretismos y aunque se dijo que ahí estaba el titular Blas Flores, los que no se observaron fueron los emisarios de las instituciones bancarias. Tal vez esta forma de proceder en un asunto que se esperaba fuera transparente, como el mismo gobierno provincial lo ofreció, motivó a los legisladores panistas -que, ahora sí, no dejan pasar una para lanzar dardos a la administración de Miguel Riquelme-, a solicitar la comparecencia de don Blas para que explique a detalle cómo queda la deuda con la nueva reestructura. De entrada, se sabe que los coahuilenses que están naciendo ahora con suerte llegarán a la ya madura edad de 30 años para ver que sus impuestos ya no se van a pagar una deuda que desde hoy no existe la certeza en qué terminó.

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El que no quiso quedarse atrás luego de ver al gober Miguel Riquelme de viaje por el Lejano Oriente y a la alcaldesa de Lerdo María Luisa González Achem en el Oriente Medio, fue el alcalde torreonense Jorge Zermeño, quien regresó al Madrid de su amores para asistir a una cumbre municipalista y, de paso, promover a la ciudad entre el sector industrial y comercial de la Madre Patria. Hay que recordar que don Jorge fue embajador de México en España y que durante su estancia se codeó con la realeza e hizo muy buenas amistades, entre ellas el famoso periodista Alberto Peláez que en las últimas dos campañas le ha mandado al munícipe videos de apoyo. Lo que los mal pensados se preguntan de los viajes de estos gobernantes es que si bien es cierto que resulta necesario hacer la labor de promoción en el extranjero para atraer inversiones, lo primero en la agenda debería ser resolver los múltiples problemas básicos que tienen la entidad coahuilense y los municipios laguneros. Es decir, como vulgarmente se afirma, para recibir visitas, primero hay que limpiar la casa. Por otro lado, ya se observa cuáles son las preferencias de cada mandatario a la hora de lanzar los anzuelos para pescar las inversiones: don Miguel vuelve abrir la puerta por la que ya había pasado su antecesor, Rubén Moreira, y don Jorge apuesta por las relaciones que hizo en la península ibérica. O sea, a lo segurito ambos.

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Los asuntos de seguridad en la Comarca Lagunera están volviendo a dar de qué hablar. Y no nos referimos sólo a la polémica que se traen el alcalde Jorge Zermeño y el fiscal estatal Gerardo Márquez sobre el maquillaje o no de las cifras de hechos delictivos, situación que aunada al lanzamiento de sendos operativos por separado del Estado y el Municipio, revela que nuevamente la tan ponderada coordinación es sólo un cuento chino. Hablamos del feo caso de la desaparición y asesinato de dos mujeres durante el fin de semana pasado, hecho que ha vuelto a encender las alarmas por la violencia contra la población femenina. Resulta que en estos acontecimientos lamentables se han registrado situaciones extrañas como el ocultamiento de información por parte de las autoridades correspondientes. Una vez que se han reportado las desapariciones, el hermetismo priva en las corporaciones estatales al grado de que una vez encontrados los cuerpos, no se da aviso a la familia sino hasta que la presión de la Incómoda Prensa o las asociaciones defensoras de mujeres es demasiada. Y es por eso que la información se da con días de retraso, con todo lo que eso implica para las familias de las víctimas, algo que también ocurre del otro lado del Nazas. Pero la cosa no termina ahí. Resulta que, de acuerdo con reportes de los subagentes, los refrigeradores del Servicio Médico Forense (Semefo) ubicado en el ejido San Miguel, que no ha sido terminado, no funcionan adecuadamente. Y esto pudo constatarse, dicen, al ver los cuerpos de las dos mujeres ultimadas, que se encontraban ya en estado de descomposición. Es decir, un dolor más para los deudos. Y todo esto se da, por cierto, en medio de una solicitud de alerta de género. Ojalá que las autoridades de la Fiscalía se pongan las pilas y el Municipio y el Estado sumen esfuerzos, que tanta falta hace.

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Mientras no se define la apertura del nuevo Hospital General de Gómez Palacio, en el viejo nosocomio siguen ocurriendo cosas lamentables. Cuentan que la noche del lunes fue trasladado un niño de seis años al área de Urgencias del hospital con severas lesiones en una pierna debido a un accidente vial. Pero en vez de atenderlo, el personal rechazó el ingreso por órdenes del encargado, quien argumentó, según dicen, que no querían meterse en problemas porque no tenían lo suficiente para salvarle la vida. Fue así que el menor de edad, con hemorragia profusa, tuvo que ser trasladado a la Cruz Roja para recibir la atención necesaria. No es la primera vez que ocurren este tipo de negativas de ingreso, lo cual habla de lo urgente que es que se habilite ya el nuevo nosocomio y que se le dote con el personal y equipo suficiente. ¿Acaso los gomezpalatinos no lo merecen?

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