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El Siglo de Torreón Jueves 12 de jul 2018, actualizada 4:12am ... Anterior 1 de 2 Siguiente ...

Circunstancias


LA ENVIDIA: ¿BUENA O MALA?

Imaginemos la siguiente situación en el trabajo: Rodrigo tuvo una entrevista de trabajo para una buena oportunidad de ascenso. Un puesto que Rodrigo anhelaba tener algún día, así que estaba ante una gran oportunidad en su carrera profesional. Su confianza en si mismo debido a su capacidad y experiencia era tal que sentía que él iba a ser el seleccionado. El puesto era una dirección de departamento. David, un respetado colega en la misma compañía, también es entrevistado para el mismo puesto.

Desafortunadamente para Rodrigo, David es seleccionado para el puesto, lo cual deja en Rodrigo una sensación de derrota y humillación hasta cierto grado. La comunicación de felicitaciones para el director electo se extiende a través de la compañía y las redes sociales, lo cual crea en Rodrigo una sensación de frustración, tristeza y enojo, difícil de controlar. Al principio Rodrigo, una persona muy inteligente, madura y controlada, disimula las emociones que lo han estado abrumando, sin embargo, llega un momento en el que inconscientemente empieza a expresar cierta negatividad en forma de criticas hacia la compañía y David. En silencio, Rodrigo desea que las cosas salgan mal para la compañía y que David no tenga éxito como el nuevo director.

Lo que le sucedió a Rodrigo es la experiencia de una emoción muy común en los seres humanos en donde deseamos las ventajas o superioridad que otros poseen. Una emoción en la cual se sufren sentimientos de dolor emocional y baja autoestima, debido a que una persona no posee algo que otros individuos tienen, generalmente en forma material mas que psicológica. Una emoción llamada envidia.

La envidia, considerada por la religión católica como uno de los siete pecados capitales, consiste, para los que estudiamos las ciencias de la conducta, de un resentimiento hacia alguien que tiene algo que deseamos, por ejemplo, belleza personal, talentos, riqueza material o éxito profesional, y que permite sentirnos menos o inferiores. Dependiendo de las circunstancias, la envidia es vista generalmente como maliciosa porque podemos desear mala suerte o queremos ver tropezar o sufrir a alguien. Sin embargo, la envidia también puede hacer que una persona se motive a salir adelante para igualar o sobrepasar a la persona a quien se envidia. La envidia se puede manifestar de manera agresiva o pasiva dependiendo del carácter del envidioso. El envidioso agresivo debido a su enojo arremete contra el envidiado en forma de crítica directa, mientras que el pasivo se retrae y deprime al sentirse devaluado.

El Dr. Richard H. Smith, profesor de psicología en la Universidad de Kentucky, considerado un experto en el tema de las emociones, específicamente sobre la envidia y los celos, habla en uno de sus libros (La dicha por el mal ajeno, 2013), sobre el placer que la gente obtiene después de desear mala fortuna a otros. Para él, esta respuesta de la gente es instintiva y un resultado de la evolución humana, es decir, estamos predeterminados a reaccionar de esa manera. Este deseo de mala suerte hacia otros no es para toda la gente en general, sino sólo para aquellos que vemos socialmente, financieramente, o intelectualmente superiores.

La envidia se parece un poco a la avaricia en términos de desear algo. La diferencia radica en que en la primera se desea algo de una persona en particular, mientras que la avaricia es sobre un deseo generalizado e insaciable de algo normalmente material. Igualmente, la envidia es similar a los celos. La diferencia es que la envidia se refiere a una situación amenazante a un status o sensación exitosa entre dos personas, mientras que los celos es sobre una amenaza en relaciones interpersonales donde existe una tercera persona, por ejemplo, "mi novia platica mucho con Alfonso, creo que están coqueteando".

Debido a ciertas normas sociales, la envidia muchas veces la mantenemos en secreto. A menos que haya otra persona quien también detesta al envidiado, tendemos a ser discretos con nuestra envidia, ya que si la reconocemos públicamente, admitimos nuestra inferioridad. En otras palabras, la reprimimos y la expresamos en forma de chismes y criticas, o en reconocimiento social falso o exagerado.

No podemos negar que la envidia implica una emoción negativa y puede ser destructiva en nuestras relaciones interpersonales. Sin embargo, existe la opción de canalizar esa envidia de manera productiva porque puede estimular superación personal y una competitividad saludable. Es posible que mucha gente que tiende a ser consumida por la envidia tiene un concepto distorsionado de lo que es la felicidad o satisfacción en la vida, lo cual le hace rechazar sus percibidas deficiencias personales y desear "la perfección" de otros. Un psicólogo clínico o psiquiatra puede ayudar a entender el verdadero significado y valor de lo que se posee y aprender a vivir satisfecho. Por lo pronto, una manera inmediata de manejar al envidioso es simplemente no darle atención e ignorarlo cautelosamente. Gracias por su interés en esta columna.

  Por: Mtro. Francisco Pineda




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