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El Siglo de Torreón Martes 10 de jul 2018, actualizada 4:12am ... Anterior 1 de 3 Siguiente ...

TORREÓN, ¡CÓMO VA CAMBIANDO TORREÓN!


(Segunda y última parte)

Más adelante, rumbo a la emblemática Calzada Colón, admiraba el Teatro Isauro Martínez y más tarde me enteré del gran esplendor que había tenido en las primeras décadas de su construcción, sin embargo, nunca supe por qué motivos vino en decadencia hasta convertirse en un cine de tercera categoría y aun con esto no perdía su belleza arquitectónica y sobre todo los murales y el plafón que en su interior guardaba y más tarde nos enteramos que se había organizado un Comité de ciudadanos amantes del arte, se rescató y en varios años de intensos trabajos se restauró en su totalidad y en la actualidad está considerado como uno de los teatros más hermosos de la República.

Me llamaba la atención que, esparcidos por diferentes puntos del primer cuadro de la ciudad, hubiera un gran número de cines, como era el Nazas, el Princesa, el Variedades, el Modelo, el Laguna, de grandes dimensiones con cientos de butacas que, sobre todo los fines de semana, estaban abarrotados de los amantes del séptimo arte.

Por aquí y por allá, había esparcidas hermosas construcciones de arquitectura muy definidas, como era el Edificio Arocena, la Casa Mudejar, el que había sido el Hotel Salvador, la casa que había sido propiedad de don Isauro Martínez, ahora convertido en Archivo de la ciudad, y qué decir de la casona ubicada por la Calzada Colón y avenida Abasolo y que se conocía como La Alhambra, y que un día, malamente, fue derrumbada para en ella construir un adefesio de edificio que jamás sustituyó al que se había derrumbado.

Quienes, de los que sobrepasamos el medio siglo de vida, no recordamos el restaurante Apolo Palacio, los Globos, el café de la Farmacia Benavides, lugares fuera del presupuesto de todos los estudiantes de escasos recursos, pero que al menos admirábamos por la elegancia de sus construcciones, y qué decir del Hotel Galicia, aún de pie en uno de los costados de la Plaza de Armas y el Hotel Río Nazas, ubicado por el Paseo de la Morelos y que en sus primeros años de construcción había sido catalogado como uno de los más elegantes a nivel nacional.

También, guardo muy gratos recuerdos de lo que fuera considerado como un gran mercado, como es la Alianza, muy cerca de lo que fue la Hacienda del Torreón y a lo lejos admirar la Casona que había mandado construir con Federico Wulff para que fuera habitada por toda su familia y que todavía conocemos como la Casa del Cerro, y después de muchos años ser rescatada de su gran destrucción y poco a poco restaurarla hasta recuperar la belleza y más después convertirla en un gran museo, que es otro de los atractivos con que cuenta la ciudad y que podemos sentirnos orgullosos de contar con ella.

No hay que olvidar la Casa Colorada, que formó parte de una represa que controlaba la distribución de las "aguas" que corrían por dos grandes canales, actualmente convertidos en amplios bulevares, y la misma casa en mención ser sede de un pequeño museo que resguardó por muchos años el Museo de la Revolución, gracias a la iniciativa del Doctor Terán Lira, que evitó que el mismo fuera derrumbado.

Por aquel lejano año del 68', y muchos de los siguientes, el Cerro de las Noas no era más que un punto de referencia, a donde, me dicen, fueron a refugiarse muchas familias en aquella avenida de las aguas del Río Nazas y que muchos daños causó en las viviendas que estaban ubicadas muy cerca de las márgenes de este río que también se le sigue conociendo como "El Nilo Lagunero".

En lo que corresponde al segundo cuadro de la ciudad, que corresponde de la Calzada o Paseo Colón hacía el oriente, entre las construcciones que más sobresalían era la Alameda Zaragoza, muy arbolada, y a cuyo alrededor se encontraban majestuosas residencias, muchas de las cuales han ido desapareciendo o bien han perdido su estilo original. El majestuoso edificio de la Escuela de Medicina, recién construido e inaugurado a principios del 68', así como el Bosque Venustiano Carranza, el cual había surgido de lo que habían sido terrenos baldíos que eran empleados como "basureros clandestinos" y enseguida el que sigue siendo el Estadio de la Revolución, construido por el gobierno estatal de don Nazario Ortiz Garza, como un obsequio a Torreón al cumplirse, en 1932, los primeros años 25 de que había sido declarada como ciudad y que actualmente ha perdido todo de la originalidad con que fue construido (Continuará).

 TORREÓN, ¡CÓMO VA CAMBIANDO TORREÓN! Por: Dr. Leonel Rodríguez R.




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