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EDITORIAL

Verdades y rumores

EL AGENTE 007
miércoles 20 de junio 2018, actualizada 9:11 am

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La guerra electoral en estas tierras sube de tono conforme se acerca el día D del proceso. A menos de dos semanas de la llamada cita con las urnas el fuego entre los partidos no sólo se ha intensificado, sino que también se ha diversificado. En el caso de Torreón, los subagentes disfrazados de matracas tricolores nos reportan que la alianza de facto entre el PRI y Morena a nivel municipal es un hecho. Y es que el candidato del partido del Peje, Nacho Corona, no quiso quedarse atrás esta semana y comenzó a lanzar dardos emponzoñados contra el alcalde candidato Jorge Zermeño, al acusar al ayuntamiento de repartir “despensas” con fines electorales, algo que el gobierno local desmintió diciendo que se trata de la ayuda que la Segob entregó a Protección Civil como parte de la declaratoria de emergencia por el calor. Lo curioso del caso es que las mismas cuentas de redes virtuales que han usado los tricolores para golpear al panista se encargaron de dar harta difusión a la denuncia de don Nacho y reproducir el video en el que soporta su reclamo.

Con un día de diferencia, los priistas encabezados por el regidor Enrique Sarmiento lanzaron una nueva saeta ahora acusando al munícipe de usar una empresa para “lavar” recursos de su campaña, señalamiento que también fue negado por el ayuntamiento. Dicen que esta será la estrategia a seguir por el PRIMor en los últimos días de campaña, alternándose para mermar lo más posible el capital político de don Jorge, quien por cierto parece haber escuchado ya la voz de otros asesores porque ya no se le ha visto tan furibundo cuando se le hacen críticas por las broncas que enfrenta su administración.

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Los que parece que por fin despertaron del letargo son los diputados del PAN en el Congreso de Coahuila. Y es que tras meses de no poder articular una oposición medianamente decente, esta semana comenzaron a responder al fuego tricolor con señalamientos al gobierno provincial que encabeza el priista Miguel Riquelme. Ayer exigieron que el Estado le pague a la voz de ya al emproblemado Simas de Torreón los varios milloncitos de pesos que le debe bajo la amenaza de subir a tribuna el caso y, pues, hacer más ruido con la elección en puerta. También levantaron la voz para exigir al gobierno provincial que no meta las manos en el proceso electoral, algo que, dadas las circunstancias, dicen que va a estar harto difícil. Y por si fuera poco, los panistas del Poder Legislativo local se despacharon con una demanda para que el flamante fiscal anticorrupción, Jesús Flores Mier, le entre al toro por los cuernos de revisar todo el expediente de la deuda de Coahuila, misma que sigue dando de qué hablar, y seguirá dado que faltan varios lustros para saldarla, desde que se contrató y se gastó hace dos sexenios en lo oscurito. Habrá que ver si todas estas exigencias continúan luego de la jornada electoral, aunque no extrañaría que, como siempre, todos estos casos pasen a dormir el sueño de los justos... hasta la próxima elección.

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Ya que hablamos de elecciones y asuntos peores, prepárese para lo que seguramente será la elección más disputada en la historia del país... pero no precisamente en las urnas, sino en los tribunales electorales. Y es que el árbitro electoral nacional, no conforme con los avisos reiterados que ha dado el Trife de que la chamba se les va a venir encima luego del 1 de julio, ha decidido dar más trabajo con una medida que propuso y que, oh, paradoja, el mismo Trife le acaba de avalar. Se trata de la posibilidad de que los electores, en vez de simplemente tachar el partido/candidato de su preferencia, escriban el apodo del suspirante que “apoyan”. Y lo ponemos entre comillas, porque en la categoría de apodos también entran los que incluso pueden resultar ofensivos para los candidatos. Con esto, los árbitros están avalando que se cuente como votos válidos boletas que en vez de la espantosa equis sobre el recuadro de los partidos traigan leyendas como “Peje”, “AMLOVE”, “Andrés Manuelovich”, “MALO”, “Ricky Riquín”, “Joven Maravilla”, “Cerillo”, “Yo Mero”, “Pérame”, “No me acuerdo” y quién sabe que otra sandez más. Para zafarse de la bronca de tener que ser ellos los que califiquen válido o no un voto con alguno de esos sobrenombres, los consejeros y magistrados dispusieron que sean los funcionarios de casilla los que decidan, ante la mirada penetrante de los representantes de los partidos. Es decir, todo el peso de la culpa, si algo sale mal, el INE lo estará dejando sobre los héroes ciudadanos que con todo y la desconfianza que generan las elecciones y el trabajo arduo que implica, aceptaron el reto de ponerse al frente de una casilla. No le extrañe, atónito lector, que con esta medida aumente el número de funcionarios que no se presenten el mero día de la elección. Ganas de hacer complicado lo ya de por sí complejo. O, como dicen, éramos muchos y parió la abuela.

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Mientras se mantiene la lucha encarnizada por el segundo lugar en las encuestas y aunque los equipos de Ricardo Anaya y José Antonio Meade juran y perjuran como sus jefes que son los únicos que pueden derrotar a López Obrador, cuentan los subagentes que por debajo del agua han comenzado a opera el plan B por si los cálculos no les salen como esperan. Y es que para no pocos la diferencia que le dan los sondeos al eterno candidato presidencial es muy difícil de remontar, aunque no imposible, y se han puesto a revisar otras estrategias más enfocadas a la repartición de curules en el Congreso de la Unión. El mayor temor de las fuerzas tricolores y blanquiazules es que el efecto AMLO termine dándole votos a candidatos a diputados y senadores a pesar de que a duras penas si se ha escuchado hablar de ellos. Esto pudiera provocar que, en caso de ganar, el Peje llegara con un nutrido grupo de legisladores en las dos cámaras, y que, de no tener la mayoría, la pueda construir con otras fuerzas, como el PRD, que aunque hoy va en la alianza imposible con el PAN, volvería a los brazos del lopezobradorismo en un abrir y cerrar de ojos. Así que, ante ese escenario, tanto priistas como panistas cuentan con el plan B que no es otra cosa que sacar la mayor cantidad de curules posibles para tener con qué negociar frente a un eventual gobierno de Andrés Manuelovich.

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En las últimas semanas han aumentado las quejas derivadas de las afectaciones provocadas por los constantes apagones. Y es que especialmente en esta temporada, de calor y elecciones, se han concentrado las fallas en el servicio de energía eléctrica, las cuales han causado dolores de cabeza intensos no sólo a los jefes de los organismos operadores de agua, sino también a empresarios, trabajadores y ciudadanía en general. Más allá de las sospechas de que se trata de una especie de sabotaje por el proceso electoral, dicen los que saben que en el caso de La Laguna se debe a una cuestión de capacidad técnica. Cuentan que desde hace años la CFE debió haber hechos ajustes y mejoras en la capacidad de las estaciones y subestaciones para poder suministrar más fluido eléctrico en cantidad y calidad. Pero, dicen, por misteriosas razones esa inversión no se ha llevado a cabo. La gran pregunta es ¿por qué? ¿Será cuestión de dinero o, como dicen, de prioridades? En fin, por lo pronto, no guarde sus velas ni sus abanicos chinos que los puede necesitar estos días.

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