EDITORIAL
YAMIL DARWICH Jueves 17 de may 2018, 8:02am ... Anterior 4 de 8 Siguiente ...

Populismo


Diálogo

De las definiciones que nos ofrece el diccionario, la palabra populismo tiene dos acepciones: "tendencia o afición a lo popular en todos los ámbitos de la vida, en especial en el arte" y "tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo". Para dialogar atengámonos a la segunda.

Durante las precampañas y campañas electorales, con la participación de una izquierda que amenaza con el radicalismo - Actitud extremada e intransigente de las personas que no admiten términos medios - la palabra populismo, sin comprenderla plenamente, ha confundido al electorado de todos los países latinoamericanos.

La descripción política nació en el siglo IX, en Rusia, siendo muy bien aceptada ante una situación política y social con diferencias marcadas entre ricos y pobres, inclusive padeciendo hambruna.

El populismo es la forma de gobierno con un fuerte liderazgo carismático, que basa su atracción en ofrecer igualdad y movilización social ascendente; es decir: promesas de mejoría en las condiciones de vida de los más desatentidos, con mejor salud asistencial, vivienda digna, educación gratuita y de cobertura suficiente, y seguridad social.

Por la filosofía de las plataformas de los partidos pertenecientes a la izquierda, erróneamente son encasillados como populistas, aunque también existan casos de extrema derecha. Donald Trump pareciera uno de ellos, porque entre lo que promete y cumple hay distancia considerable. Un solo ejemplo: trabajo para los estadounidenses, que hoy día han visto crecer al 3.5 su tasa de desempleo.

Vale la pena mencionar que sus estrategias mercadotécnicas se basan, en mucho, en despertar sensaciones negativas entre los votantes, entre ellas el enojo y/o el temor.

Debo escribir lo positivo generado al principio: la esperanza y sensación de bienestar momentanea, que desaparecen al no cumplirse las promesas. Cuba o Venezuela son tristes casos; Stalin y Mussolini los antecesores.

El populismo usa como estrategia el señalamiento de culpables; así lo hace Trump, acusando a los latinoamericanos, chinos o rusos; También Fidel o Maduro, cargando la culpabilidad de la situación económica y social al "imperialismo norteamericano". Justo es escribir que tienen un poco de razón.

Ofrecer premios a la ineficiencia productiva es otro de sus argumentos para ganar adeptos; en América Latina, la injusticia social ha marcado sendas diferencias entre ricos, cada vez menos en número y con capitales mayores y los pobres, cada vez más pobres. A los más necesitados les entregan materiales de construcción - vivienda digna -; abren las puertas de las universidades a los no capacitados académicamente - educación para todos -; llegándoles a entregar cantidades varias de dinero - becas para subsistencia o estudio -. El efecto persistentemente observado es el crecimiento del desempleo y la baja de la productividad nacional, donde el dinero o los recursos nacionales se consumen, inclusive las expropiaciones decretadas con fines recaudatorios.

Otro fenómeno común entre los estados que han caído en el populismo, es la generación de violencia: la entrega de bienes materiales y hasta de dinero generan sentimientos de compromiso entre quienes los reciben y ellos tienden a aceptar las explicaciones simples de los porqués, reconociendo en los acusados la culpabilidad.

El caldo de cultivo se genera con discursos incendiarios, que acusan, señalan, denuncian y prometen acabar con los vicios del estado, como: oligarquía, deshonestidad de los opositores, hasta acusaciones de traición a la patría. En el camino, se abre la brecha para poder separar y controlar - represión - a quienes muestran resistencia a sus políticas y son vistos como amenaza para el gobierno.

La consecuencia son los enfrentamientos cruentos entre pobladores polarizados de países con sistemas populistas; fácil de entender, cuando sumanos a las minorías beneficiadas que defienden -previa consentización, motivación y manipulación política - a las autoridades, contra las mayorías, que ven afectada su calidad de vida familiar, laboral y social.

Bienvenidas todas las corrientes políticas para una democracia madura: izquierda y derecha -no radicales-, liberales o conservadores -fundamentados en el intelecto -, creyentes o ateos - exceptuando extremistas - y todos aquellos que expresen opinión, visión y manifiesten sus verdades apoyados en la información y el conocimiento.

En lo personal desapruebo para mí y mis cercanos el populismo, basándome en lo aprendido en la historia: del Ecuador de José María Velazco Ibarra, reelecto y de Rafael Correa, hasta la Venezuela de Chávez y Maduro.

También debo de mencionar el populismo muy particular que ejerció el Presidente Cárdenas, en México, quien si duda ha sido uno de nuestros grandes presidentes en la historia nacional, pero que en su ánimo de llevar pan, salud y estudio los más pobres, dio oportunidad a la baja en la productividad nacional.

Cuando hago sumas y restas en las formas de vida social y laboral de los ciudadanos que han vivido el populismo y leo o escucho de ellos sus visiones de realidad, temo por nuestro México. ¿Está de acuerdo conmigo?

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