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El Siglo de Torreón Lunes 14 de may 2018, 4:12am ... Anterior 1 de 2 Siguiente ...

Ensayo sobre la cultura


Los paradigmas

La cultura se va construyendo a base de paradigmas que son las referencias que todo mundo sigue cuando elabora un producto. Éstas no se producen solas, tienen su fundamento en contexto ideológico bien organizado donde intentan encontrar su validez. El contexto lo abarca todo. Algunos paradigmas se convierten en leyes y eso viene a ser la norma del comportamiento de los hombres.

En el principio, cuando el hombre comenzó a tener conciencia, supo que antes de ser, no era; no es un juego de palabras. Nos damos cuenta de la vida cuando también nos damos cuenta de que comenzamos a existir en un momento determinado. De la misma manera, extendiendo su vida hacia un futuro, nos damos cuenta de que nos vamos a morir. Hay tres momentos importantes en el comienzo de nuestra conciencia de ser: No somos - somos - no seremos. Si queremos ser científicos, eso es de lo único que estamos seguros porque es lo único que se puede probar; sin embargo, al hombre no le bastó la idea de no ser, sino que se le antojó extender la existencia, aunque fuera bajo otra manera de ser, hasta la infinitud. Comenzó a elaborar sistemas que le explicaran, el principio del mundo, y basado en ese principio, el fin del mundo.

Todos los grandes pueblos construyen grandes mitologías, y en ellas se explica que el principio del mundo viene un fin creador: ya sea cronos y rea u otro ser mitológico, como los cuatro dioses que según los nahuatls se propusieron crear nuestro quinto sol. Son historias fascinantes donde lo que menos importa es la lógica, sino que nos informen sobre la razón de ser de la creación y la razón también de nuestra muerte, para que ésta se llene de sentido.

Esto es lo que importa: el sentido, un camino a seguir para poder llegar a alguna parte.

Para bien o para mal, de la mitología nacen los rituales que serían las cosas que tenemos que hacer para vivir de acorde a la naturaleza o a los planes divinos de todas las sociedades. Son las técnicas aplicadas en la vida de todos los humanos para conseguir el fin último de llegar a este tercer nivel de existencia que va más allá de la muerte. Son los paradigmas que siguieron los pueblos antiguos para ser lo que fueron.

Las respuestas mitológicas no bastaron como tampoco las religiones politeístas. Se dio pie a la filosofía, por un lado, y a la estructuración de religiones monoteístas que tenían como base un libro sagrado inspirado por Dios. Unos basados en la lógica y otros en la fe, se propusieron los caminos para encontrar cuál era la verdad que no estaba muy clara.

La filosofía se bifurcó en el realismo y en el idealismo y en esa influencia ha quedado hasta nuestros días. Los problemas planteados es si la verdad se encuentra en el mundo de las ideas o en las cosas que percibimos por medio de nuestros sentidos. Hasta antes de René Descartes, las ideas iban de un lado a otro.

Por el lado de la religión, el monoteísmo se impuso sobre todo después que el cristianismo se convirtió en religión oficial del imperio Romano por decisión de Constantino y posteriormente se convirtió en uno de los dos poderes de Europa que no llegó a pactar muy bien con el otro poder, el político, representado en un principio por Carlomagno, un emperador carolingio, cuya familia se había apoderado del poder desplazando a los merovingios. Para ser válida su coronación, tuvo que recurrir al Papa, que al mismo tiempo encontraba su validez en el apoyo que le daba el emperador y reyes posteriores a él.

De un mismo libro sagrado, pueden salir muchas interpretaciones o extensiones. Es lo que sucedió con la Biblia. Por lo menos, las tres grandes religiones monoteístas se refieren a él: judíos, cristianos y musulmanes. Dentro de cada uno de ellos, hay divisiones y rompimientos debido a las diversas interpretaciones de los textos o a los intereses personales y políticos.

Este contexto ideológico avala las formas de gobierno que se dan en los diferentes ciclos históricos. En la Edad Media, se creía que el poder venía de Dios y sólo a él había que darle cuenta. Pero ese poder se encontraba en constante lucha con el poder papal que también venía de Dios y quería estar por encima del emperador y de los reyes. El pueblo no tenía injerencia en estos asuntos, aunque ya desde Aristóteles se había pensado en los gobiernos democráticos que tardaron mucho en hacerse realidad.

Un poder absoluto que no resuelve los problemas sociales, o que no vive conforme a las ideas que pregona, va al fracaso y tendrá que soportar los movimientos revolucionarios. Eso le pasó a la iglesia, sobre todo a principios del Renacimiento, donde la corrupción era el pan diario de todos los ideas y hubo muchos que se pusieron en su contra (Continuará).

  Por: José Luis Herrera Arce




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