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Columnas Social

Nuestra salud mental


domingo 13 de mayo 2018, actualizada 4:12 am


ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

NONAGÉSIMA OCTAVA PARTE

Descubrir nuestra sexualidad y nuestro erotismo como zonas privadas y personales; descubrir nuestra capacidad de amar y de compartir nuestras ideas, preocupaciones, sensaciones y emociones con alguien más; descubrir así nuestra capacidad para intimar, no representan el único desafío que forma parte de esa etapa de la vida que llamamos adolescencia. Sin duda alguna, se trata de capacidades básicas que nos permiten integrarnos con otros seres humanos y establecer vínculos importantes de mayor o menor intensidad, que a su vez nos ayudan a madurar y avanzar en el complejo proceso del desarrollo emocional. Pero como se ha visto a lo largo de esta muy prolongada columna de Nuestra Salud Mental, dedicada a la adolescencia de nuestros tiempos, dichas capacidades de descubrir la sexualidad, de aprender a amar y descubrir la intimidad con alguien y con uno mismo, no es el único desafío que deben enfrentar los adolescentes de hoy en día. Otros muchos desafíos se perfilan también como tareas necesarias para enfrentar y superar: ese colosal reto de descubrirse a sí mismo, de saber quién soy, de dónde vengo y hacia dónde deseo dirigirme; un reto que sin duda alguna es altamente más intenso y complejo que ningún otro, puesto que implica descubrirse, reconocerse, confirmarse y aprender a valorarse y amarse a sí mismo, a través de construir el vínculo consigo mismo y consecuentemente su capacidad de intimidad, esa capacidad que idealmente le permitirá poder amar y vincularse con los demás y con un alguien especial en el futuro. Un desafío fundamental que en esta época tecnológica y cargada de tantos distractores superficiales parece ensombrecerse, descuidarse, desperdiciarse e incluso olvidarse, sin importancia alguna, desterrado y distorsionado entre "mensajitos" a veces incomprensiblemente mutilados, que cruzan de pantalla a pantalla, de celular a celular, en ocasiones hasta bajo un anonimato cibernético, que intenta construir una intimidad ilusoria, frágil y poco confiable, perdida entre las fantasías y los espejismos de cada usuario, que pueden aparecer excitantes, seductores, misteriosos y hasta esperanzadores, pero fantasías y espejismos finalmente. La construcción y reforzamiento de los cimientos de la identidad que se inician desde la infancia, deben ser elaborados con mayor minuciosidad y firmeza en el período de la adolescencia, como ese reto que precisamente se convierta en una oportunidad para reconocerse, descubrirse e investigar los intrincados caminos de su futuro, a través de detectar sus gustos y sus habilidades, sus fuerzas y sus debilidades, sus intereses y sus sueños que en un momento dado, con el esfuerzo propio y con la presencia, el apoyo y la orientación adecuada, sea parental, familiar, escolar y de otras fuentes, le facilitará completar las tareas y enfrentar tal desafío. Encontrarse a sí mismo en la satisfacción de los estudios, del trabajo profesional o artesanal, en actividades que lo reflejen, que lo confirmen y lo validen en su identidad como hombre, como mujer, como ser humano, para descubrir así, el sentido del amor y de la vinculación, no sólo consigo mismo o dirigido hacia otras persona, sino dirigido también a una actividad que lo acompañe y le permita ser él o ella misma en todo su potencial. Erik Erikson, un prestigioso psicoanalista, estudioso de esta etapa de la vida, consideraba que la formación de la identidad representa posiblemente el desafío y la tarea más importante en esta etapa de la vida, a lo que obviamente habría que añadir que apenas se trata del inicio de este proceso, que se prolongará por el resto de la existencia y facilitará sus acciones y funciones como adulto y como ser humano, poseedor a la vez de esa capacidad de intimar y vincularse con otros seres humanos al igual que con aquellas actividades que lo harán sentirse completo y satisfecho en todos los sentidos. Un reto complicado y nada fácil de cumplir, especialmente en nuestra época, aún a pesar de tantos recursos con los que contamos, que al no llevarlo a cabo se traduce en el gran riesgo de un estancamiento emocional en esta etapa juvenil (continuará).

  Por: Dr. Víctor Albores García

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