EDITORIAL
YAMIL DARWICH Jueves 26 de abr 2018, 8:07am ... Anterior 5 de 8 Siguiente ...

Evasores


Diálogo

Según algunos expertos en estadísticas, el 46% de los votantes observamos y escuchamos el llamado debate entre los candidatos a la presidencia de México, el pasado domingo 22 de abril del 2018.

Organizado por el INE y efectuado en el Palacio de Minería de la CDMX, cinco contendientes se presentaron con vestimenta formal, dispuestos a conquistar al elector nacional; todos, aconsejados por sus asesores expertos que, sin duda, conocen mucho de los secretos de la mercadotecnia, de tal suerte que poco podemos sacar en conclusión - positivamente - para nuestra decisión final.

El evento, que acaparó la atención nacional, puede considerarse contenedor de dos aspectos importantes: evasión - definido como "evitar con habilidad y astucia, una dificultad, un compromiso o un peligro" - y en varios momentos frívolo espectáculo. El mejor ejemplo es la impensable propuesta del Bronco de ¡cortarle la mano a los ladrones!

Permítame ampliarle este Diálogo.

El debate político, - definido como "discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses", como tal, tiene su antecedente en el realizado el 26 de septiembre de 1960, en la ciudad de Chicago, entre John F. Kennedy y Richard Nixon.

Entonces, el republicano se presentó convaleciente, demacrado y con menor energía a la manifestada por el demócrata... y perdió; aunque en el segundo enfrentamiento Nixon acudió rigurosamente presentado, no pudo rescatar lo perdido desde la primera discusión.

Desde entonces, la herramienta política ha sido utilizada en diferentes partes del mundo occidental y se ha aprendido mucho de ella.

La justificación de tener debates políticos entre candidatos está fundada en la oportunidad de la participación ciudadana en la vida democrática; es la posibilidad de escuchar puntos de vista del como atacar problemas nacionales en economía, vida social y políticas internas y externas.

El debate y sus consecuencias - le han dado en llamar política post debate - permite a los candidatos ajustar sus posturas y redefinir sus propuestas de solución y, importantemente, tener un primer contacto directo -aún cuando sea por los medios de comunicación - con los electores.

Ninguno de ésos propósitos justificantes del debate se dieron el pasado 22 de abril y si, en mucho, sirvió para entretener y divertir; considere que escuchamos de todos ellos acusaciones, ofensas y agravios - sin uso de vocabulario obsceno - y promesas de intangibles.

Los cinco, se expresaron demagógicamente, prometiendo acciones imposibles de cumplir; dos ejemplos: coincidieron en que "acabarían con la corrupción", declaración que se aleja de la realidad, que bien pudo escucharse verdadera y modesta si se hubiesen acotado a disminuirla en algún porcentaje no definido; también hablaron de combatir la violencia, sin mencionar análisis propio, transformándose solamente en un propósito, sin validez alguna al no acompañarlo del ¿cómo?, ¿con qué? y el ¿cuánto?, todo medible en cualidad y cantidad.

Lo que sí observamos fue el interés de utilizar las herramientas de la mercadotecnia para convencer - quizá engañar - al ciudadano y la evasión ante cuestionamientos claves, orientados a la denostación más que la ilustración de los posibles escenarios que enfrentaremos los mexicanos con el ganador.

Vimos a un Manuel López Obrador demostrando su experiencia política, evadiendo acusaciones y manteniendo la ecuanimidad oral, - no la corporal - mostrando inconsistencia entre lo que dice y piensa.

Un Ricardo Anaya Cortés, mostrando una imagen jovial y desenvuelta, como un buen estudiante que había hecho su tarea, respondiendo en tiempos y formas - único en respetar las reglas de tiempo - pero desperdiciando la información que posee, preocupado más en denunciar al peje que en darnos respuestas técnicas, su fuerte.

José Antonio Meade Kuribreña, impecable en su vestimenta, pero evasivo y temeroso en sus respuestas - también claramente ensayadas - sin atreverse deslindarse y reconocer la realidad de la corrupción del presente sexenio.

Margarita Zavala Gómez del Campo, nerviosa y hasta titubeante, descubriendo su interés por ganar el voto femenino, insistiendo en su postura de comprensión y defensa de las minorías y evadiendo el sexenio de Felipe Calderón, perdiendo mucho de credibilidad.

Jaime Rodríguez Calderón, invitado de último momento, agresivo en su actitud corporal y verbal, particularmente contra el Peje y llegando a cometer los mismos errores por lo que le acusaron de machista al afirmar que conoce la importancia del matrimonio al haberse casado tres veces o, más grave, advertir que propondrá mutilar a los deshonestos.

La falta de compromiso brillo en todos ellos y desvirtuando la justificación del debate político intentaron confundirnos con la diversión morbosa de acusaciones y contra acusaciones, sin comentar nada de fondo sobre la problemática nacional.

Se que ese era el objetivo mercadotécnico y que el fin último es ganar votos a cualquier precio, incluso prestándose al denigrante espectáculo mediático; así… ¿no le parece un panorama triste?

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Etiquetas: dialogo

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