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El Siglo de Torreón Jueves 22 de feb 2018, actualizada 4:13am ... Anterior El Siglo 1 de 2 Siguiente ... El Siglo

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LO POSITIVO DEL PESIMISMO

El mes pasado, un buen amigo y compañero ex peveciano y yo estuvimos dialogando sobre la columna Circunstancias. Uno de sus comentarios estuvo relacionado con la seriedad y formalidad del estilo de los temas. Mi interpretación de esta opinión fue que quizás la columna sería más efectiva y amena si tuviera un tono más positivo y alegre. Francamente, no estoy totalmente en desacuerdo. Sin embargo, cambiar los temas a unos "menos serios" significaría cambiar a un estilo que no sería el mío. Claro que estoy muy agradecido con el comentario de mi colega, ya que me ayudó a un mejor entendimiento sobre el impacto de esta columna en los lectores. Con la intención de dilucidar si el pesimismo puede ser positivo de alguna manera, el tema de hoy es precisamente sobre el pesimismo.

Pesimismo es una actitud mental en donde una persona piensa negativamente sobre la vida anticipando que las cosas no saldrán bien en la mayoría de sus circunstancias. Una persona optimista tiene buenas expectativas sobre el futuro, el pesimista espera menos de lo esperado, si no malas experiencias. Frecuentemente, decimos que un pesimista ve un vaso con agua "medio vacío", en lugar de "medio lleno" como un optimista. Varios autores que consulté asocian al pesimismo con un carácter depresivo debido a una percepción negativa del mundo.

Este concepto ha sido estudiado desde hace varios siglos, principalmente por filósofos y psicólogos como Descartes, Kant, Freud, Nietzsche, William James y otros. La palabra pesimismo, que quiere decir "lo peor" en latín, empezó a usarse desde el siglo XVI por algunos progresistas y gente de fe para describir gente con ideas irracionales.

Otra perspectiva sobre el pesimismo es aquella que afecta colectivamente a una comunidad o sociedad durante cierta época o período de tiempo. Un ejemplo de esta situación es la que se ha visto en muchas ciudades de México en las ultimas dos décadas debido a la violencia y delincuencia en general. Este pesimismo ha generado una sensación de decadencia moral e inseguridad a nivel individual y social, la cual ha impactado todo tipo de libertades. Esta sensación ha creado en la gente un aislamiento generalizado por temor de un acto violento, una pérdida de identidad sobre su propia cultura y la idea de abandonar su ciudad de origen o el mismo país, particularmente aquellos que ya fueron víctimas de la violencia.

Arthur Clark, Doctor en Educación, en un artículo publicado en la página de Psychology Today en octubre de 2107, señala que la gente pesimista a menudo es vista como gente malhumorada y difícil de relacionarse. Él sugiere que hay grados de pesimismo en las personas. A nivel bajo, un individuo pesimista se adapta socialmente con mínima dificultad, pero se le nota con frecuencia irritado o molesto. A nivel alto de pesimismo, a la persona se le observa angustiado y deprimido, lo que le hace aislarse y ser apático socialmente.

Pero no todo es oscuro y negativo con el pesimismo, ya que éste, en ocasiones, puede ser útil y productivo. Por ejemplo, en casos donde obstáculos y fallas son parte de la vida de una persona u organización, o el nivel de riesgo en sus interacciones es alto, por ejemplo, la función de un soldado o un policía. En estas situaciones, el hecho de dudar y sospechar, o ser muy conservativo en cuanto a la toma de decisiones, puede ser de gran ayuda en la lucha por la supervivencia. En muchas de nuestras funciones de la vida diaria, o en el caso de un negocio, puede ser efectivo ser pesimista, ya que se tiende a cuestionar y evaluar riesgos para el desarrollo de planes de acción.

Durante los años cincuenta, surgieron las teorías del pensamiento positivo como un concepto de efectividad en la comunicación. Desde entonces, y hasta la fecha, muchas familias y educadores aun promueven pensar positivamente. De acuerdo a la psicóloga Julia Norem de Wellesley College en Massachusetts, ser optimista o positivo tiene muchas ventajas, pero no funciona para todos, ya que para una personalidad ansiosa, ser optimista puede ser una mala estrategia. Ella sugiere un concepto llamado pesimismo defensivo.

Con el pesimismo defensivo, una persona se crea bajas expectativas, lo cual ayuda a visualizar de lo que puede ir mal y corregirlo. A la vez, le ayuda a manejar la ansiedad de una manera productiva. Por ejemplo, digamos que voy a dirigir una junta de trabajo en donde el Director General va a participar. Como una persona pesimista, probablemente voy a imaginarme que algo no va a salir bien. Esto me va a motivar a pensar en detalles, visualizar posibles problemas y planear cuidadosamente una agenda para estar preparado.

Pesimismo puede ser importante en la manera de reaccionar hacia nuestro medio ambiente. Es muy aceptable ser pesimista cuando manejamos nuestro vehículo a la hora de mucho tráfico. Pensar que un accidente es inminente y ser muy cuidadoso en estos casos es esencial para la prevención de un accidente . Ser optimista sin lugar dudas tiene muchas ventajas, pero no siempre. Gracias por su interés en esta columna.

  Por: Lic. Francisco Pineda, MDO, MSA




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