EDITORIAL
PATRICIO DE LA FUENTE Jueves 25 de ene 2018, 7:24am ... Anterior 1 de 9 Siguiente ...

Las precampañas


SIN LUGAR A DUDAS...

“Si el enemigo piensa en la montaña, imponle el mar; y si él piensa en el mar, imponle la montaña. Éste es el camino de la estrategia. Esto es lo propio para que lo investigues cuidadosamente”.

— Miyamoto Musashi

Precampaña, intercampaña, campaña, período de reflexión o veda, día de la elección. ¿Ya te perdiste, querido lector? En el argot colectivo de cualquier mexicano, si soltamos dichos términos de golpe, la reacción más frecuente será de asombro, desconocimiento o flojera.

Y es que nos interese o no la política, todos coincidimos en que el proceso electoral resulta en extremo largo, costoso y complicado de entender. No se diga ya del aparato burocrático en el que se ha convertido el INE, sobre todo comparándolo con lo que ocurre en democracias muy avanzadas donde el árbitro electoral consta de un número reducido de personas que hacen las cosas bastante bien.

Aquí, para ser sinceros, con frecuencia se nos hace bolas el engrudo. Supongo que son los costos implícitos de cualquier democracia incipiente.

Salvada tal opinión colectiva, aprovecho el espacio para hablar de las precampañas, que es justo el período del proceso en el que nos encontramos ahorita y que concluirá el domingo 11 de febrero.

Sobra decir que no sólo los ciudadanos de a pie desconocemos o nos interesa poco la legislación electoral. También hasta para los propios partidos políticos, en ocasiones resulta complicado entender tanto el marco legal, como las decisiones que toma el propio INE y los tribunales competentes.

Acerca de las precampañas, la definición formal es la siguiente: “Conforme a lo establecido en el artículo 212 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales se entiende por precampaña electoral: el conjunto de actos que realizan los partidos políticos, sus militantes y los precandidatos a candidaturas a cargos de elección popular debidamente registrados por cada partido. Los actos de precampaña electoral son: las reuniones públicas, asambleas, marchas y en general aquellos en que los precandidatos a una candidatura se dirigen a los afiliados, simpatizantes o al electorado en general; con el objetivo de obtener su respaldo para ser postulado como candidato a un cargo de elección popular”.

Como no soy abogado ni especialista, trataré de utilizar términos coloquiales. Ambigú, botana, el preámbulo, guerritas de baja intensidad: así definiría a las precampañas. Sirven, entre otras cosas, para darse a conocer, calentar motores e ir midiendo a los contrincantes.

El precandidato busca, si nos ceñimos a lo que dicen las leyes, difundir mensajes a la militancia del partido al cual pertenece pero lo cierto es que dichos mensajes los termina escuchando todo el mundo. El discurso es corto, no se profundiza ni se proponen demasiadas cosas. Ya vendrá el tiempo de hacerlo, de contrastar y enfrentarse al enemigo a capa y espada.

Ahorita, en las precampañas, estamos en los tiempos de la “calma chicha”, pero también de enriquecer la vida interna de los partidos y fortalecer su democracia.

Durante las precampañas no se utilizan grandes auditorios ni se puede llamar al voto, es decir, que a ninguno de los precandidatos a nivel federal, estatal o local les está permitido lanzar un “vota por mí” aunque se mueran de ganas.

No se puede contratar espacios de radio o televisión, salvo a los que se tenga acceso a través de los tiempos previamente designados a cada partido político. Tampoco, rebasar los topes de gasto establecido, aunque bien sabemos que gran parte de la clase política se ha ido sofisticando a la hora de realizar chapuzas, irse por la tangente y querer engañar al árbitro.

Es también la precampaña, el tiempo de los amarres y las negociaciones, del reparto de espacios y el establecimiento de compromisos que quizá no sean perceptibles para la opinión pública, pero que en definitiva tendrán un grado de impacto específico en nuestra vida y futuro.

Ante el desgaste y el desprestigio que sufre buena parte de la clase política, durante el periodo de precampañas los candidatos buscarán transmitirnos la idea de que son personas comunes y enfrentan los mismos problemas que nosotros. También, como ya venido ocurriendo en el marco de este proceso, se dejarán ver realizando actividades cotidianas.

Por ello, un precandidato y su esposa se muestran viajando en la clase económica de un avión comercial, como si ello fuese motivo de orgullo o aplauso. Otros se aparecen en feudos donde se sirve barbacoa o echándose unos “palomazos” musicales. En dicho terreno, el de la cotidianeidad, todo está permitido y es válido durante las precampañas.

Por sus actos los conoceréis, se dice. En términos llanos, durante las precampañas nuestro deber es parar oreja y abrir bien los ojos. Lo equiparo a un noviazgo: si ponemos mucha atención, en el preámbulo ocurren los primeros signos de lo que vendrá y nos espera, tanto para bien como para mal.

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