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EDITORIAL

Gobierno dividido en Coahuila

JUAN ANTONIO GARCÍA VILLA
jueves 28 de diciembre 2017, actualizada 8:35 am


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El próximo 1 de enero entra en funciones la Sexagésima Primera Legislatura de Coahuila. Su número indica que ha habido sesenta anteriores. Si se toma en cuenta que su marcación inicia en la segunda mitad del Siglo XIX, la cifra parece excesiva. Debía de andar como en diez menos. La explicación está en que hasta 1933-1934 cada legislatura duraba dos años, periodo que se amplió a tres años cuando se implantó la no reelección consecutiva de diputados locales. No reelección, por cierto, que ha sido derogada.

En fin, el hecho es que la siguiente legislatura está destinada a marcar un hito en la historia de Coahuila. Con su desempeño, si es como razonablemente se espera, la cosa pública en el estado debe empezar a cambiar. Y cambiar de manera notoria. Su explicación se encuentra en el concepto teórico de "gobierno dividido".

En México el autor pionero de este tema fue el notable politólogo Alonso Lujambio, amigo inolvidable prematuramente fallecido. Hace justo veinte años él editó un libro que vio la luz con el título de "Gobiernos divididos en la federación mexicana". El volumen, muy útil hasta la fecha, recoge cinco estudios de caso, a cargo de otros tantos de sus colegas, y él hace el iluminador capítulo introductorio, amén de que aborda otro par de casos, uno de éstos correspondiente por cierto a Coahuila 1997-2000 (que en realidad no lo fue).

De entrada, Lujambio explica al lector el concepto fundamental de la obra, así: "Se entiende aquí -escribe- por gobierno dividido aquél en el que, en el marco de un régimen de división de poderes, el partido que llevó al presidente (o al gobernador) a ocupar la titularidad del Poder Ejecutivo no cuenta con el control mayoritario, esto es, con por lo menos 50 % + 1 de los escaños en la Asamblea Legislativa (o en una de dos cámaras si se trata de un sistema bicameral)".

Señala que tal "fenómeno", que así lo llama, es muy común en regímenes presidenciales de gobierno, como lo demuestra el caso de los Estados Unidos, país en el que "entre 1832 y 1992, la democracia presidencial norteamericana ha vivido 40 % del tiempo bajo gobiernos divididos". Pero apenas empezaba a ser una novedad en México hacia mediados de la década de los años noventa del siglo pasado.

En Coahuila los excesos que se han presentado en los últimos años en materia de impunidad y escandalosa corrupción, de arbitrariedad sin límite, tienen su origen en el poder absoluto del Ejecutivo, es decir, del gobernador del estado, que no ha sido objeto de control alguno por parte del Legislativo, como debió ser desde el punto de vista constitucional. Ello porque este último Poder abdicó de plano del ejercicio de sus obligaciones. Amén de que en los primeros doce años del presente siglo, el control que el presidente de la República tenía sobre los mandatarios estatales dejó de ejercerse.

Pues bien, la LXI legislatura de Coahuila, integrada por 25 diputados, tendrá diez representantes del partido en el cual milita el gobernador del estado. Los otros quince son de partidos diferentes, como sigue: nueve de Acción Nacional, tres de la Unidad Democrática de Coahuila (UDC), dos del partido Morena y una diputada del Partido de la Revolución Democrática. Ningún partido tendrá mayoría absoluta, para la que se requieren trece asientos, y menos aún mayoría calificada de las dos terceras partes, que serían diecisiete, mayoría exigida por la Constitución en la toma de decisiones importantes.

Será entonces una legislatura muy interesante, luego de tanto atropello y tantas arbitrariedades como por parte del gobierno estatal se ha hecho víctima a los ciudadanos coahuilenses en las últimas dos décadas. Además de interesante, ojalá esta legislatura sea histórica por más de una razón.

Como conclusión de su estudio publicado hace veinte años, Lujambio afirma que los gobiernos divididos en México "no (habían) producido crisis institucionales graves ni parálisis permanentes en las relaciones entre poderes".

Asimismo señala: "hasta el momento, la experiencia vivida convoca al optimismo sobre la evolución político-institucional del país. No echemos, pese a todo, las campanas al vuelo. Los gobiernos divididos no están estructurados de antemano para producir algo deseable o indeseable. El éxito de un gobierno dividido es resultado de un proceso, de un conjunto de eventos, de decisiones, de estrategias, esto es, de una concatenación contingente de acciones".

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