EDITORIAL
PATRICIO DE LA FUENTE Jueves 14 de sep 2017, 7:49am ... Anterior 1 de 9 Siguiente ...

No corro, no grito, no empujo


SIN LUGAR A DUDAS...

“Ya lo dijo Marx: la historia ocurre dos veces, primero como tragedia, luego como telenovela”.

— Juan Villoro

Crecimos ante la tragedia y supimos capitalizar esa experiencia -por demás desgarradora- a nuestro favor. Cuando el 19 de septiembre de 1985 nos quedamos sin presidente y sin gobierno tras el sismo que azotara a la capital del país, la sociedad civil se organizó y afloró como pocas veces en la historia reciente. Ahí, en gran medida, alcanzamos nuestra madurez cívica.

El terremoto de 1985 representó una lección dolorosa de la cual aprendimos y nos condujo a capacitarnos en materia de prevención de desastres. Hoy, estoy cierto, hemos sabido transmitir dicha información y conocimientos a las generaciones que precedieron a la de 1985. Gran parte de la población que vive en zonas urbanas sabe qué hacer cuando se repite una experiencia similar; además, en tres décadas la tecnología ha avanzado de manera importante.

En la actualidad, aunada a la creación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), sistemas de protección civil y fondos presupuestales extraordinarios, contamos con investigadores de tiempo completo y sismógrafos mucho más avanzados.

Se modificaron estándares para asegurarnos que los edificios resistan a los sismos, contándose entre los requisitos el que cualquier inmueble sea capaz de resistir un sismo de hasta 9 grados en la escala de Richter. Ante un terremoto, fenómeno inevitable, es factible atenuar la hecatombe.

Del sismo de 1985 mantengo recuerdos borrosos -era yo un niño pequeño- que ya he compartido en ocasiones anteriores, querido lector. De otros eventos similares guardo recuerdos más nítidos pero confieso jamás haber vivido un susto como el de la semana pasada. Supongo que siempre hay una primera vez para todo.

Y es que al estar solo y medio dormido, las cosas se ven de manera distinta. Como a muchos otros, el sismo me despertó. Jamás alcancé a escuchar la alerta sísmica, que cabe decir sí funcionó, así que no tuve tiempo para salir a ninguna parte. Hubo que aguantar, desde la cama, a que las cosas pasaran.

El problema es que la espera se hizo larga, los embates insospechados y la duración del terremoto exasperante. Soy optimista y trato de apartar pensamientos negativos pero recuerdo haber pensado, “caray, si esto no para se me va a venir encima el techo y acabaré entre los escombros”. No hubo tal cosa pero sí se fue la luz por más de una hora. Lo único que se escuchaba, entre un silencio aterrador, era el sonido de los helicópteros y las ambulancias.

Pero esto que te cuento sucedió desde mi óptica, la de un pequeño burgués urbano que pudo platicarlo a la mañana siguiente y consignarlo en redes sociales. La gran tragedia, como siempre, se vivió en las zonas más desoladas y olvidadas del país: aquellas que nuestros gobernantes recuerdan sólo cuando ocurre un drama de grandes proporciones.

Aprendidas las lecciones del pasado, este actual Gobierno Federal que casi para todo se pasma, tan pronto ocurrido el sismo supo exactamente cómo reaccionar. Desde el Presidente Peña y Miguel Ángel Mancera apersonándose en sus respectivos centros de mando, hasta el desplazamiento de recursos humanos y materiales a las verdaderas zonas de desastre, Chiapas y Oaxaca. Mención especial para la sociedad en su conjunto pues de manera absolutamente desinteresada ha estado acudiendo a los centros de acopio.

El prietito en el arroz, como siempre, lo pusieron aquellos políticos carroñeros e inhumanos que quisieron sacar ventaja y lucrar con la tragedia. No tienen progenitora. Lo bueno es que ya sabemos quienes son.

Salvo ello y a pesar de los pesares, existen momentos donde me siento profundamente orgulloso de ser mexicano y de la solidaridad y bondades innatas que como sociedad tenemos. La semana pasada fue uno de esos momentos.

Vaya un abrazo a las familias afectadas y los deudos de las víctimas. Para ellos, sencillamente no hay palabras…

Nos leemos en Twitter y nos vemos por Periscope, sin lugar a dudas: @patoloquasto


Etiquetas: Sin lugar a dudas

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