EDITORIAL
RENÉ DELGADO Sábado 20 de may 2017, 10:48am ... Anterior 5 de 9 Siguiente ...

Los calamitosos


Sobreaviso

Saben de la calamidad en puerta y abren la puerta. Y, cuando viene el reclamo ciudadano, la cierran, dejando la calamidad adentro.

Tal es la ineptitud, la desesperación y la confusión de la clase política que, en ese absurdo ejercicio, se han prensado los dedos y quebrado la cabeza: hacen justo lo contrario de lo que el sentido común recomienda.

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Saben de la ejecución de un periodista tras otro y, con la mano en la cintura, deciden ampliar y crear fiscalías para perseguir a los homicidas que nunca alcanzan. Quieren dar con los asesinos, no evitar que los periodistas mueran.

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Saben de las extorsiones telefónicas perpetradas desde los penales y la ocurrencia les dicta bloquear la señal de los celulares desde fuera. No se plantean evitar el ingreso de los aparatos a las cárceles. Los reos los gobiernan; en vez de ellos gobernarlos.

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Saben del fracaso en la construcción de una policía profesional y la reemplazan con el Ejército sin capacitarlo ni darle un marco jurídico. No se plantean reestructurar la seguridad pública, ni legislar lo que consideran la fórmula no mágica, pero sí perfecta. Y, por si ello no bastara, compran más patrullas, más videocámaras, más bocas de fuego a la policía que, en el colmo del absurdo, se convierten en un subsidio al crimen. Ni por error, se les ocurre prevenir el delito.

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Saben de la diferencia entre ser honesto y ser honrado y optan por honrar a los deshonestos, protegiéndolos con fuero, pidiéndoles salpicar a los amigos o dejándolos escapar en sus narices. No cabe en su cabeza la idea de encarcelarlos, a lo sumo los expulsan de su partido y corren a lavarse las manos.

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Saben de la profunda desigualdad social y siembran pobreza, acrecientan los padrones de ayuda social, amarrándolos al registro electoral y, cuanto más gastan a fondo perdido, pero a voto seguro, más firme es su convicción de estar haciendo lo correcto. (Hay que ver mañana la edición de la Revista R). No se proponen desatar el nudo del empleo y del ingreso. Eso tarda y no rinde a la política.

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Saben del sembradío de muertos en las fosas y, ante ello, ofrecen promover y regular más a los panteones o, bien, enterrar por piezas a los cadáveres.

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Saben de la importancia de recaudar impuestos y ampliar la base de contribuyentes, y el ingenio les dicta dar incentivos a los evasores. A éstos periódicamente les concede la amnistía y a los causantes cumplidos les reservan la exigencia permanente. Ni pensar en invertir los incentivos.

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Saben de la acción regional del crimen, incluso hablan de Tierra Caliente, el Triángulo Dorado, Las Huastecas, el Triángulo Rojo, Huitzilac, el corredor del Pacífico, el Cártel del Golfo... y, pese a ello, insisten en combatirlo con profundo respeto a la división político-administrativa de la República. Los criminales sonríen y agradecen el establecimiento de fronteras artificiales.

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Saben del error de descabezar a los cárteles sin desmantelar su cuerpo y les ponen precio a los capos, al tiempo de fomentar sin querer la creación de bandas más bárbaras y menos profesionales. Brincan de gusto al anunciar que de los 122 objetivos criminales sólo faltan unos cuantos, pero no alcanzan a entender y mucho menos a explicar por qué entonces la violencia repunta.

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Saben del control de la "ordeña" de ductos desde dentro de Petróleos Mexicanos y, pese a ello, patrullan sin éxito los tubos hasta toparse con uno que otro huachicolero, un incendio o una fuga.

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Saben del peligro de borrar la frontera entre crimen y política y engolan la voz al asegurar que el Estado no pacta con criminales, pero extienden salvoconductos a los amigos que deciden ir de un lado al otro.

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Saben que México no es un país de leyes, pero se empeñan en producir y producir más leyes, bajo el principio de acatarlas sin cumplirlas o anularlas en el reglamento.

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Saben ganar elecciones, pero no conquistar gobiernos. Saben que, desde el arranque de este siglo, ejercen el no poder. Saben de la fractura del régimen y lo enyesan con "Curitas". Ni por asomo les viene la idea de construir otro porque, a saber, si prevalecerían sus privilegios.

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En estos días, la confusión, la ineptitud y la desesperación de los calamitosos y la inoperancia del régimen traen a la memoria el libro Exaltación de ineptitudes de Rafael Ruiz Harrell -"ávido de todos los saberes y rebelde frente a todos los dogmas", como dice Porfirio Muñoz Ledo- y el libro Orfandad de Federico Reyes Heroles que, en algunos de sus pasajes, aborda el concepto de "la ruptura pactada".

Los operadores de un régimen inoperante se complican en la tarea imposible, no dan más de sí y, obvio, no encuentran salida civilizada y viable a la crisis y la violencia donde el país naufraga. De ahí que quienes se dicen dispuestos y preparados para tomar las riendas del país deberían considerar la posibilidad de una ruptura pactada, aquella que reconoce el agotamiento del régimen y la importancia de sumar bajo un acuerdo a los participantes.

Si no hay un reconocimiento cabal de la circunstancia, habrá elecciones y, desde luego, el conflicto pre y poselectoral, pero no habrá gobierno. Se abrirá y se cerrará la puerta con la calamidad adentro.

sobreaviso12@gmail.com

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