EDITORIAL
EL AGENTE 007 Sábado 20 de may 2017, 10:50am ... Anterior 3 de 9 Siguiente ...

Verdades y rumores


Conforme se acerca el plazo fatal de esta campaña electoral por la gubernatura, el nerviosismo en los cuarteles anayista y riquelmista aumenta considerablemente, aunque por distintos motivos. En el caso de Guillermo Anaya, de la Alianza Ciudadana por Coahuila, la preocupación viene por el número de frentes que el PRI le está abriendo. Que si el asunto de las tarjetas para aceitar una red de promotores del voto. Que si su cercanía con personajes oscuros. Que si sus comentarios contra las lideresas priistas. Dicen los subagentes disfrazados de matracas azules que frente a esto don Memo mantiene la postura de que como supuestamente va arriba en las encuestas, le están intentando sacar cualquier cosa para descarrilar su candidatura.

Y tal vez sea cierto, ya que esos asuntos o tienen poco sustento o no son nuevos o, al menos, nada distinto de lo que el PRI haya hecho. Lo que sí genera preocupación en serio es el caso del exgobernador panista de Sonora, Guillermo Padrés, quien se encuentra detenido por varias travesuras cometidas en su gestión. Y usted se preguntará, con justa razón ¿qué tienen que ver ambos Guillermos además de ser tocayos y ser panistas? Pues a decir de algunos, mucho. Y es que la PGR está investigando ya un presunto desvío de 450 millones de pesillos durante la administración padresista que se supone debieron convertirse en obras pero que no aparecen por ningún lado. Sí, muy parecido a lo que ocurrió en Coahuila con parte de la megadeuda y las famosas empresas fantasma. Dicen los que saben que este hecho pudiera impactar de lleno al aspirante blanquiazul debido a que existe la sospecha de que parte de ese dinerito terminó en la campaña de Anaya, pero no en esta, sino en la de hace seis años. Y como para estirar el hilo más por esa línea, cuentan que hace unos días la Fiscalía de Sonora, entidad gobernada por la priista Claudia Pavlovich, abrió una investigación precisamente por ese asunto en la que se menciona a los dos Guillermos e, incluso, al senador Luis Fernando Salazar. Qué tal. Parece que en este país la procuración de justicia sólo se activa en época de elecciones y que a esto se debería el hecho de que los jerarcas nacionales del PAN acudan con mayor frecuencia a cobijar a su candidato.

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En cuanto a Miguel Riquelme, de la coalición Por Un Coahuila Seguro, el nerviosismo se debe sobre todo a que, según los subagentes disfrazados de despensas, las encuestas a estas alturas no marcan los números que esperaban, por lo que se han tenido que aplicar a fondo en hacer los amarres en la estructura. Esto implica, según dicen, que el equipo riquelmista ha tenido que mandar desde Torreón a todos los rincones del estado a personal de confianza para apretar tuercas y evitar las fugas de militancia que en algunos municipios se han venido registrado, principalmente en las regiones Centro y Carbonífera. Además, cuentan que la vigilancia sobre las acciones de todos los integrantes de la red clientelar priista está más fuerte que nunca, al grado que hasta los proveedores de bienes y servicios de los gobiernos estatal y municipal han recibido llamadas de mandos medios de la estructura priista para reclamarles por haber dado un “me gusta” o compartido un mensaje de un candidato que no sea el oficial, cosa que les ha causado harta extrañeza. Pero no sólo por eso hay nerviosismo. Dicen que el hecho de que sigan cerrados los sondeos y las encuestas a tan pocos días del la jornada electoral está aumentado el riesgo de que los recursos que se usan para engrasar la maquinaria para el día D terminen en los bolsillos de algunos líderes y lideresas que, viendo resultados poco claros, opten mejor por ver para su propio beneficio y no el del partido y su candidato. Para acabarla de amolar está el caso Humberto Moreira, que con las últimas revelaciones parece que seguirá acaparando la atención en la campaña sin la posibilidad de que don Miguel pueda hacer un deslinde completo, más allá del que hizo el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, cuando en visita por Torreón esta semana dijo: “nuestros candidato no se apellida Moreira”. Y es que hay que recordar que “El Improcesable”, con todo y que ya le fueron retirados sus derechos de militante priista y que incluso algunos dentro del tricolor piden que se investigue a fondo las presuntas cuentas en paraísos fiscales, sigue apoyando al candidato del PRI a la gubernatura desde su trinchera en el Partido Joven. Por lo demás, las malas lenguas dicen que la guerra en los últimos días se concentrará en el asunto de las tajertas rosas que se andan repartiendo. O sea que esto aún tiene tela de dónde cortar.

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Y entrados en las elecciones, los agudos observadores de la cosa pública nacional se miran extrañados entre sí al ver los curiosos parámetros que tiene Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como “El Eterno Candidato”, a la hora de juzgar las alianzas entre partidos para derrotar al PRI. Resulta que el jefazo nacional de Morena ha emprendido una campaña en el Estado de México contra los partidos que no han querido declinar para sumarse a su candidata a gobernadora, Delfina Gómez, y así poder derrotar al candidato priista, Alfredo del Mazo, quien, dicen sigue arriba en las encuestas, aunque por poco. El Peje ha dicho que los partidos que no quieren aceptar su propuesta son “peleles” del PRI, ya que le están haciendo un favor a este partido fragmentando el voto de la oposición, en vez de apoyar a doña Delfina. Pero, lo que son las cosas, si usáramos los mismos parámetros del líder morenista para calificar la situación en Coahuila, tendríamos que concluir que Morena es, junto con otros partidos, como el PRD y PT, “pelele” del PRI, ya que Armando Guadiana dijo que no piensa declinar a favor del que va a la cabeza en las encuestas entre los opositores al PRI, es decir, Guillermo Anaya. Claro que la salida del Peje a este laberinto discursivo es que “el PRI y el PAN son lo mismo”, por lo que una alianza con este último es impensable. Extrañas maneras de ver las cosas por parte de don Andrés.

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En otros temas, cuentan que en el Simas ya no hayan la forma de justificar el desabastecimiento de agua potable que se está registrando en esta temporada de fuertes calores. Y no es que la escasez del vital líquido resulte extraña en verano, por el contrario, es de lo más común en la historia de esta comarca. El problema es que, desde el año pasado, el gerente general, Xavier Herrera, juró y perjuró que con los más de 20 pozos que perforaron para reponer los más abatidos los problemas de agua potable en las casas serían cosa del pasado. Incluso, varias veces se atrevió a decir que no habría nunca más una sola queja por este motivo. Pero los calores llegaron y con ellos los problemas de siempre. Desde hace unas tres semanas las quejas por falta de agua en algunas colonias han arreciado, por lo que, dicen, el Simas se ha visto en la necesidad de emprender una campaña de justificación en redes sociales. Esta campaña consta básicamente de echarle la culpa a terceros. El manual indica que, primero, se debe culpar a la CFE y sus “constantes apagones”. Luego, cuando se chotea este argumento, hay que proceder al clásico señalamiento de los ladrones de cable, con lo que, de forma indirecta, se le da un llegue a la Policía Municipal por no hacer bien su trabajo. Cuando ya empieza a resultar sospechoso este motivo, se pasa al del vandalismo, o sea, a destruir por destruir, y por último, al del sabotaje, que es lo que esta semana don Xavier ha denunciado. Según él, hay gente, dentro y fuera del Simas, que tiene el interés de afectar el abastecimiento de agua con fines electorales, cosa por la que, por cierto, ya se han presentado denuncias formales, No obstante, nuestros subagentes disfrazados de tuberías rotas nos comentan que el problema está lejos de ser el que dicen las autoridades y que más bien tiene que ver con una realidad de hace varios años: lo viejo de las redes de conducción del recurso hídrico. Y es que, según cuentan, con la perforación de pozos efectivamente la cantidad de agua que entra a la red aumentó, por lo que en un primer momento se tuvo más líquido. Pero al aumentar la presión, las tuberías antiguas comenzaron a tronar y con ello, el desperdicio se incrementó considerablemente. Dicen los que saben que si el Simas hubiera gastado menos en nuevos pozos y más en mejorar las tuberías, tal vez los problemas que ahora se están presentando no serían tan graves.

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