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Silvia Castro Zavala Domingo 23 de abr 2017, actualizada 11:31am ... Anterior El Siglo 19 de 19 Siguiente ... El Siglo

Moreleando en Torreón

El Siglo
(Colección de Pascale Castro)

SIGLOS DE HISTORIA

Segunda Parte

Luis Díaz Flores, en su columna Este Pícaro Mundo, Recuerdos de "La Morelos", publicada en mayo de 1971, se permitía recordar a "los muchachos de la nueva generación que no son ellos quienes descubrieron la 'Morelos' y la hicieron su centro de diversión y 'flirteo'. Antes de que ellos nacieran, ya otros grupos . . . la habían utilizado para idénticos propósitos, aunque, claro, en menor número y sin tanta libertad".

Los domingos, martes y jueves la banda municipal tocaba en el kiosco. "Y entre las melodías . . . el desfile de tantas muchachas lindas, laguneras, para cuya belleza y donosura, usábamos una frase que las exaltaba por igual: "En una rifa -decíamos- aunque nos hagan chapuza". Así de guapas y de chulas nos parecían todas". Más adelante recuerda: "por la Morelos, nos moríamos de envidia viendo pasar . . . aquellos carrazos como el Stutz, el Auburn, el Cadillac y el Pierce Arrow, o los más humildes como el Moon, el Overland o el "fotingo", todavía de "crank" tripulados por los generales y los nuevos ricos de la época". Con nostalgia termina recordando: " . . . desde antes de que se construyeran sus camellones y de que se adornara con tantos modernos edificios, ya en la avenida habían ocurrido muchos flirteos y habían surgido muchos amores . . ."

La Sra. Cristina Rodríguez de Yarza recuerda que durante su niñez en ocasiones acompañaba a su hermano mayor, Emilio, a pasear por la plaza pero, que a ella le habían tocado sus paseos juveniles ya por la Morelos. ¿Cuál fue la causa del cambio de las preferencias juveniles?

Jacinto Faya en algún momento compartió con sus lectores sus recuerdos y arroja luz sobre la razón por la cual la plaza dejó de ser el paseo dominical preferido de los torreonenses y los jóvenes hicieron de la Morelos su paseo predilecto: "No sé por qué pero la Morelos alcanzó fama como paseo de tempranillas y tempranillos jóvenes y pocos adultos. (…) La plaza fue remodelada por el gobernador López Sánchez. Y se terminó el paseo dominical. Las obras tardaron muchos meses. Cuando volvió a tener uso y visitada (,) los primeros meses fueron deliciosos . . . Pero . . . algo pasó; los muchachos y muchachas ya no volvieron a los paseos dominicales. Repudiaron el lugar por antiguo. Prefirieron el paseo por la Morelos en automóviles. La plaza no volvió a ser lo que era . . . Al medio día el salón Alameda con servicio en su carro fue un éxito."

Efectivamente en agosto de 1950, de acuerdo con las órdenes del gobernador del estado, Raúl López Sánchez, se inició el levantamiento del piso de la plaza principal, además del cambio del cableado eléctrico y de las farolas. A principios de enero del año siguiente las mejoras habían sido terminadas, pero según nos relata Faya y nos comprueban los hechos, pasado el furor de la reinauguración de la plaza, los jóvenes regresaron a la Morelos. Podríamos aventurar que también el servicio en el carro ofrecido por el Bar Alameda puede haber contribuido a ello ya que las fotografías de jóvenes disfrutando del servicio del bar frente a la Alameda son muy comunes entre los años 1955 y 1966. Además, varias cafeterías fueron inauguradas en esa época en la Morelos o cercanas a ella: La Rambla, en la esquina de Morelos y Cepeda inaugurada en 1953; la de la Farmacia Benavides, en la esquina de Morelos y Treviño, inaugurada en 1962; Pesolandia, ubicada en Morelos 1157 Ote. y la Nevería Martín, en la planta baja del entonces Hotel Elvira, hoy Palacio Real y contribuyeron a dar a las jóvenes de la época espacios de reunión.

En septiembre de 1956, la columna Pláticas Femeninas, firmada por Atma Yen Tse, hace una comparación entre los paseos de los jóvenes de Monterrey y Torreón. El asunto es que en Monterrey los paseos de los jóvenes era en la plaza Zaragoza, como aquí habían sido en la plaza principal. Pero, para ese momento en Torreón la situación había cambiado: "algunas personas que no conozcan bien el suelo torreonés, se marcharán (de Torreón) pensando que no hay tantas mujeres. Y lo que ocurre, es otra cosa: las señoritas pasean en coche y no lo hacen por la calle; así que no son tan visibles. El paseo dominguero de Torreón, es algo atractivo; después de asistir a misa, las muchachas, pilotos de sus propios autos, pasean por la avenida Morelos: preciosa desde sus largos camellones de palmeras, testigos presenciales del desfile de coches engalanados de muchachas vestidas de color, con escotes y sin mangas, y peinadas con colas de caballo; muy jóvenes y alegres. Después de allí, algunas se dirigen con sus parientes o sus novios a la Matinee del Hotel Nazas, donde bailan y toman un aperitivo; otras desvían hacia el costado oriente de la Alameda Zaragoza, donde es tradicional "tomar la botana" (entiéndase un vaso de cerveza y unas frituras), en sus propios coches; que es donde más oportunidades tienen de encontrarse con sus amigas."

Años después y ya cuando la Morelos había dejado su lugar como paseo preferido de los jóvenes, Sergio Luis Rosas, en su columna Crucero Semanal, comparte con sus lectores los recuerdos que sobre el paseo por la Morelos tiene María Luisa Dingler: "Se acostumbraba que después de asistir el domingo al cine, al futbol, los toros o a misa, ir a dar una vuelta a la Morelos. Los jóvenes paseaban en sus autos sobre esta avenida a marcha lenta, desde la calle Valdés Carrillo hasta la Leona Vicario, saludando a las jovencitas que con gran garbo e inigualable simpatía paseaban por ambas aceras públicas. Cuando se encontraban a una conocida, estacionaban su auto y paseaban con ella por la avenida Morelos. Si deseaban tomar un refresco iban a La Rambla, Los Globos o a la Benavides. Si se apetecía un helado, la nieve de Martín era la indicada."

Así la Morelos se convirtió en un escaparate en que las jóvenes laguneras lucían el último grito de la moda. La columna dominical Confetti Social comentaba en marzo de 1967: "La avenida Morelos, escenario del paseo dominical, está por cambiar su nombre a: avenida de los biscochos (sic), a causa de que el género masculino sufre de estrabismo con las minifaldas y medias a go-go."

Parte importante del paseo por la Morelos era el automóvil, y ya que muchos carecían de uno es cierto que la Morelos no tuvo el carácter democrático que si había tenido la plaza; aunque muchos preferían estacionar sus automóviles y caminar por las aceras de la Morelos e interactuar con los paseantes. Algo que llamaba la atención de los fuereños era que el tráfico por la Morelos los domingos por la tarde y noche era lentísimo ya que los autos se detenían continuamente porque los ocupantes de un automóvil platicaban desde su auto con los ocupantes de otro que transitaba en sentido opuesto o alguien se acercaba a platicar con los ocupantes de un automóvil, sin apuros. Y nadie los apresuraba, se estaba allí para pasear tranquilamente y se sabía que más adelante se podría hacer uso de esa prerrogativa en beneficio propio. Aquello se convertía en una interminable fila de automóviles dando, literalmente la vuelta de un a otro extremo de la avenida. Esta situación acarreaba enormes dificultades a quien pretendía cruzar la Morelos a esa hora, era mejor buscar la forma de brincar esa área aunque ello implicara conducir un poco más.

Rastreando en la hemeroteca de este diario en que momento el nombre del paseo se convirtió en verbo, encontramos que en julio de 1961 un anuncio de El Automóvil Americano, negocio ubicado en Lerdo, aconseja a sus clientes: "Morelea, joven, morelea." Esta negociación venía usando el paseo por la Morelos como gancho para sus clientes desde 1959 en que encabezaba sus anuncios de la siguiente manera: "¡La Morelos! El paseo de la gente chic." Lo que es difícil saber es si El Automóvil Americano se anunciaba invitando a morelear porque ya se usaba este verbo para hablar del paseo por dicha avenida o si fue la propia negociación la que convirtió en verbo el popular paseo. El uso se popularizó para hablar de quien pasea en automóvil sin darse ninguna prisa. En 1969, el Dr. Álvaro Rodríguez Villarreal en su columna Carta Semanal, al relatar un viaje por la Gran Bretaña consigna: "Tomé una carretera vecinal estrechísima y sinuosa y me puse a "morelear" en ella, lo que trajo como consecuencia que al poco rato tuviera tras de mí una larga hilera de automóviles . . ." El mismo, en otra de sus columnas, pocos años después, al relatar un viaje por Alemania, usa el gerundio de este nuevo verbo: "Así puedo seguir tranquilamente moreleando hasta que se junte otra fila y vea un recoveco del camino en que pueda darles paso." Un año antes en la columna Reflexiones firmado por "Comadreja" se reflexiona: " . . . el quemar gasolina nada más porque hay que "morelear" todas las tardes o porque algunos miembros de la familia no tienen otra manera de entretener sus ocios, es lesivo para la economía general del país.

Además de ser motivo de orgullo, el paseo por la Morelos se convirtió en elemento de identidad. En el "Corrido de Torreón" el autor, Alberto González Domene, usa imágenes tan significativas para quienes aquí hemos vivido, como: el ferrocarril y la revolución; el algodón, el trigo, la uva, los cerros y … los paseos por la Morelos y la Colón.

Pero que esbelta mujer

la que pasea por Torreón,

por la avenida Morelos

y la calzada Colón;

se mecen igual las palmas,

al ritmo de mi canción.

El primer síntoma del decaimiento de la Morelos como paseo preferido de los jóvenes fueron las continuas notas periodísticas sobre el abuso del alcohol entre algunos de los paseantes con los consiguientes escándalos. Los más jóvenes iniciaron su éxodo hacia las avenidas Central en Torreón Jardín y Madrid en San Isidro y la Morelos fue cayendo en el abandono.

silvia.castro.zavala @gmail.com

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