EDITORIAL
YAMIL DARWICH Jueves 20 de abr 2017, 9:28am ... Anterior 4 de 9 Siguiente ...

Oración y meditación


Diálogo

Pasada la Semana Santa y concluyendo la llamada de Pascua, es bueno reflexionar un poco sobre los usos y costumbres religiosas, casos de la oración o meditación.

En cierta ocasión, un amigo hacía mofa de la costumbre de orar y me decía: "¡qué pérdida de tiempo!, máxime cuando se repiten y repiten frases". De inicio me fue muy difícil contestarle, hasta encontrar las respuestas en algunos artículos científicos.

Desde luego que con este Diálogo podremos estar o no en acuerdo y como enseña Gestalt -psicólogo moderno- "si en esta ocasión no coincidimos, en otra ocasión será".

En el Laboratorio de Neuropsicofisiología del Instituto de Investigación y Desarrollo Psiconeurológico Bekhterev de San Petersburgo, su jefe Valeri Slezin, encontró funciones neurofisiológicas en el proceso de orar y concluyó: "La oración no sólo regula todos los procesos del organismo humano, sino que también repara la estructura de la conciencia más afectada".

El Dr. Slezin, luego de realizar electroencefalogramas a personas en procesos de oración o meditación profunda; encontró pequeños cambios en los trazos de los ritmos cerebrales, a los que les llamó "leve vigía al orar".

Otros autores incluyen otras técnicas de introyección -meterte dentro de si- como la meditación o el baile de los derviches.

Lo que los creyentes creíamos por fe, los científicos empiezan a encontrarle explicaciones.

En el inicio del presente siglo, Andrew Newberg y Eugene D'Aquili, publicaron un libro con sus descubrimientos: con tomografías, podían seguir el flujo sanguíneo en el cerebro durante las experiencias místicas induciendo a un budista tibetano a meditar inyectándole material de contraste, observando intensa actividad en la corteza prefrontal y disminución en el lóbulo parietal. Emocionados, repitieron el experimento en monjas y ministros, con los mismos resultados. Es uno de los más remotos antecedentes de la naciente Neuroteología.

A las investigaciones se suma Vilayanur Ramachandran, de la Universidad de California, confirmando la participación del lóbulo temporal en las expresiones místicas, aunque rechaza llamarle "Módulo de Dios"; sin embargo, otros no tienen empacho en afirmar que la Amígdala Cerebral es el "Sistema Transmisor de Dios".

Aún hay más: Michael Persinger, de la Universidad Sudbury, en Ontario, encontró relación entre los campos electromagnéticos terrenales y el funcionamiento cerebral, aseverando que el éxtasis -estado de admiración intensa- es la exageración de la actividad en lóbulos temporales y región límbica, donde se ubican las emociones primarias y placer sexual. También descubrió que en el lóbulo temporal izquierdo se dispara el sentimiento del "ser yo" y que en el derecho el "no-yo", que provoca sensaciones de presencias extrañas, "el otro que no es uno"… ¡el demonio! …¿Sorprendido?

Olaf Blanke, de la Universidad de Ginebra, publicó que el cerebro puede generar las experiencias del sujeto que afirma verse desde fuera de su cuerpo; lo logra al estimular el Giro Angular Derecho, que integra los procesos de la visión.

Descubrió que al estimular la región temporo-parietal, el sujeto de experimentación tuvo la sensación de "una presencia misteriosa" a su espalda, sombra muda, de aspecto masculino, que al intentar tomar una carta de lectura le sujetó los brazos".

Debo escribir que este interesante resultado ha dado pistas para perseguir información sobre algunass esquizofrenias.

Actualmente, conocemos la acción de diferentes sustancias que trabajan como mediadores o precursores cerebrales para producir y descargar hormonas; es conocido el efecto de los opiáceos, que provocan liberación diversas sustancias como la dopamina, generando sensación de bienestar y hasta euforia.

Imagine si pudiéramos estimular sin provocar daños y efectos secundarios; tal vez por ahí esté el camino en el combate al narcotráfico.

Repetir sonidos -palabras y frases en el caso de la oración- movimientos rítmicos -bailes- cantos y movimientos de manos -palmoteo- o repetidas inclinaciones de la cabeza -como los observados en algunos imanes - al parecer también ayudan a liberar esas sustancias.

Lo que antes se hacía por fe y empíricamente, ahora los neuroinvestigadores empiezan a encontrarle fundamentos científicos.

La mala noticia para los no creyentes es que, al parecer, en sus casos, no hay efectos estimulantes y consecuentemente sensaciones místicas de bienestar.

También son interesantes las conclusiones de algunos filósofos cientificistas que reflexionan en el tema y ahora hablan sobre la muerte, el encuentro con Dios, como una introyección -meterse en uno mismo- y no la salida del alma, como la hemos imaginado tradicionalmente.

¡Piense en la posibilidad de que exista un paraíso a su medida!

Poco a poco, con el avance del conocimiento del humano, aquellas líneas paralelas que nunca se cruzan, -la fe y la ciencia-, parece que van acercándose y que en algún momento, en el futuro no remoto, pudieran encontrarse.

Tal vez las prácticas religiosas no sean otra cosa que el método escogido por Dios -o la naturaleza si usted lo prefiere- para que alcancemos estados superiores de placer.

ydarwich@ual.mx


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