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SALVADOR SÁNCHEZ PÉREZ Miércoles 20 de ene 2016, actualizada 7:48am ... Anterior El Siglo 5 de 11 Siguiente ... El Siglo

Que las cosas pueden ser diferentes

El Siglo

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso."

Este es quizá el pasaje más famoso de Walter Benjamin, filósofo alemán de la escuela de Frankfurt. Benjamin, tan parecido, tan diferente a ellos.

El texto pertenece a una obra realmente breve, llamada "Tesis de filosofía de la historia", quedó marcada con el número IX. Texto breve, pero inagotable, de metáforas infinitas y densidad propia, fue publicado por primera vez en una colección en 1942.

Desde una postura inequívocamente crítica quiere aportar dibujando mapas estratégicos de época. Ubicado desde una perspectiva completamente descentrada se atreve a señalar aquello que habiendo estando ahí siempre, la costumbre ha hecho pasar desapercibido, con el pequeño detalle que ese dato sustantivo cambia totalmente la faz de la realidad.

Benjamin nació a finales del siglo XIX, fue hijo de una familia de anticuarios y realizó sólida trayectoria académica en el exigente sistema educativo alemán. Colega y amigo de Gershom Sholem, Bertold Brech, Marx Horkheimer, se reúne con ellos, discute lecturas, textos y la vida misma. Se casa con Dora Pollak con quien hace una vida familiar más bien austera, tienen un hijo, se divorcian al cabo de trece años.

Nuestro Benjamin no se parece a sus homólogos. Su estilo de escribir dista mucho de los estilos lógicos, compactos, eruditos que dicta la academia tradicional. En lugar de eso es metafórico, contundente, intempestivo, sarcástico.

El formato de sus escritos era parte misma del desafío. Salirse de los estándares del farragoso y presuntamente erudito estilo académico, que para él no era otra cosa más que "jerga de rufianes", es ya una provocación.

Quiere unir siempre los extremos. La lectura más clásica que se ha hecho de su obra señala la pretensión de fundir en una sola imagen, en una sola propuesta la fe en el mesianismo de honda raigambre judía con el materialismo científico marxista.

Ve al capitalismo como una religión fuertemente dogmática, que exige asentimiento incondicional a sus presupuestos, como una máquina irracional, que a su paso todo lo devora. El progreso no es otra cosa sino un vendaval con potencial destructivo inimaginable. La tecnología no es la varita mágica de la modernidad ante todos los problemas de la humanidad, porque tiene al obrero postrado y sin voluntad ante la máquina que exige entera sumisión. Tal como el "smartphone" de hoy en día.

En el auge de la II Guerra Mundial y en el ejercicio de su profesión, cae intempestivamente la acusación de ser judío, terrible en ese tiempo y en ese contexto, e intenta huir a Nueva York. Se dirige a París y luego a Barcelona, al cruzar los Pirineos se sabe descubierto. Para no caer en manos de los nazis, prefiere quitarse la vida a sí mismo.

Voces indican que México necesita recibir buenas noticias... y tiene razón. En acontecimientos locales hablamos de la (i)rresponsabilidad de quienes han cuidado la casa. Las mayorías silenciosas esperan que se haga justicia, algún día y en algún momento. Vía una intervención del cielo o de fuera, por ejemplo en España y por otros motivos.

Benjamin, como nosotros aquí y ahora. El primer paso es imaginar que las cosas pueden ser diferentes. No es tan difícil, otros lo han hecho, es necesario comenzar ya.

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