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Mario Cerutti, Universidad Autónoma de Nuevo León Domingo 1 de mar 2015, actualizada 11:16am ... Anterior El Siglo 7 de 8 Siguiente ... El Siglo

John F. Brittingham, el banquero (1859-1940)

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SIGLOS DE HISTORIA

Sexta parte

"Este capítulo es parte de la reedición del libro John F. Brittingham, que publicará próximamente

el Instituto Municipal de Cultura del R. Ayuntamiento de Gómez Palacio"

Un banco para La Laguna

Pese las premuras de los hombres de La Laguna, el banco no quedó formalmente creado hasta diciembre de 1907. Los trámites en la ciudad de México no fueron tan veloces como Limantour prometió. Un factor que contribuyó a la demora fue la crisis económica que recorría el país, y que se manifestaba en una "tirantez monetaria (que) ha alarmado mucho a los de México (pues) no les parece prudente que el nuevo Banco saque sus exhibiciones de los diferentes bancos en los cuales tienen sus depósitos los futuros accionistas", según explicaba Brittingham a un amigo en noviembre.

El sábado 14 de diciembre, finalmente, se realizó la primera Junta y Asamblea General de accionistas. Tuvo lugar en las oficinas provisionales, ubicadas en Torreón. Se aprobaron el proyecto de escritura constitutiva y los estatutos. El Consejo de Administración quedó definido en forma muy semejante a lo que había sugerido Brittingham quien, de paso, fue designado presidente de la flamante institución crediticia.

Primer Consejo de Administración (1907)

Juan F.Brittingham Presidente

Luis Gurza 1o vicepresidente

Lic. Prágedis de la Peña 2o vicepresidente

Lic. Pedro Torres Saldaña Secretario

Lic. Santiago A. Suárez Prosecretario

Marcelino Garza 1er vocal

Tomás Mendirichaga 2o vocal

Ernesto Madero 3o vocal

Juan Terrazas 4o vocal

Miguel Torres 5o vocal

Aurelio Corral 6o vocal

Leandro Urrutia 7o vocal

Rodolfo J. García Comisario

Oscar Garza Comisario suplente

Mariano Hernández 1er suplente

Francisco Larriva 2o suplente

Emilio de la Peña 3o suplente

Alberto Gurza 4o suplente

Lic. José Zurita 5o suplente

Adalberto A. Viesca 6o suplente

Adolfo Larralde 7o suplente

La lista de accionistas, como su Consejo de Administración, era un auténtico mosaico de intereses regionales. Es sumamente llamativo observar la procedencia y ocupación de quienes suscribieron capital en una institución que nacía -abiertamente- para trabajar en y para la comarca lagunera. Además, surgió casi hermanada a casi todos los bancos del gran norte oriental del país, ya fuere por suscripciones directas o por integración de prominentes directivos de las otras casas crediticias. Era un detalle, este último, que el propio Brittingham señaló al agente de Jabonera en Liverpool, J. Livaudais, a mediados de enero de 1908: "El Banco de la Laguna operará en los más amigables términos no sólo con el Banco Minero, sino también con otros bancos en este distrito, y todos ellos se ayudarán mutuamente en sus negocios. Usted entenderá más claramente cómo pudo haber sucedido esto cuando le informe que el Banco Minero tiene 100,000 pesos en acciones, y que sus principales accionistas poseen a su vez 500,000 pesos en acciones en el Banco de La Laguna".

Ese mismo tipo de inversión, seguía Brittingam, había sido efectuado por el Banco Mercantil de Monterrey, el Banco de Nuevo León, el Banco de Coahuila, el Banco de Durango, el Banco de San Luis Potosí y el Banco de Aguascalientes y no pocos de sus accionistas fundamentales. "Usted podrá observar -agregó el flamante presidente- que los más prominentes bancos estatales que trabajan bajo concesión del gobierno federal son grandes accionistas en nuestro banco. Al lado de esto, la mayoría de los integrantes del Consejo Directivo del Banco de la Laguna son gerentes o directores de los bancos arriba mencionados".

El 28 de enero de 1908 la Secretaría de Hacienda aprobó los estatutos del Banco (refaccionario) de La Laguna, que comenzó a trabajar el 7 de febrero. La correspondencia previa y posterior a esta fecha indica que la institución recibió un aluvión de solicitudes. Brittingham, otra vez, había acertado. "Tengo el gusto de informarle -escribía a un amigo de la ciudad de México el 20 de febrero- que el Banco está marchando bien. Se concreta ahora a hacer operaciones puramente refaccionarias entre los agricultores de la Comarca de la Laguna, quienes están contentísimos y muy entusiasmados por la ayuda amplia que está prestando el nuevo Banco. Hubo, por supuesto, una enormidad de solicitudes de fuera de la Comarca, principalmente en forma de descuentos y préstamos sobre firmas. Pero el banco ha preferido concretarse por algún tiempo a abastecer las necesidades de la comarca algodonera, haciendo préstamos bajo contrato de refacción...".

Para principios de mayo se habían consumado operaciones por 2.300,000 pesos, según señalaba a Luis Gurza, información que reiteró a Ernesto Madero cuatro días después. Como los accionistas colocaron para inaugurar las operaciones la mitad del capital, había que comenzar a pensar, ya, en nuevas exhibiciones. A mediados de julio le urgía al mismo Gurza para que se decretaran "nuevas exhibiciones (pues) es absolutamente necesario llamar este capital para poder hacer frente a las necesidades de la cosecha actual de algodón".

Una recopilación no exhaustiva de solicitudes de préstamos detectadas en la corresponencia del presidente Brittingham, entre enero y mediados de julio de 1908, ofrece el siguiente cuadro:

Hacia agosto de 1908, el banco comenzó a programar operaciones de financiamiento de exportaciones de algodón, una experiencia que resultaría fundamental en los turbulentos tiempos de la Revolución. Sugerida por un agricultor de la hacienda Nuevo León -Raúl Rodríguez, accionista del banco- la fórmula consistía en adelantar dinero y encargarse de la colocación de la fibra en los mercados externos, en especial europeos. El anticipo surgía como una ayuda decisiva en momentos que se comenzaba la pizca, útil para hacer frente -sobre todo- a gastos inmediatos de cosecha y renta de la tierra. La salida del algodón hacia el exterior servía a la vez para enfrentar con mayor solidez la presión a la baja que respecto a los precios procuraban imponer, con frecuencia, los consumidores nacionales de la fibra.

Brittingham fue presidente de Banco de La Laguna hasta 1929 . Ya se verá cómo tuvo que actuar cuando la Revolución llegó a La Laguna y alteró en profundidad las actividades económicas. Mientras se acercaban tan difíciles momentos, la institución crediticia se movió con capacidad suficiente como para competir con prestancia en un mercado saturado de sucursales de casas bancarias. No dejó Brittingham, por ello, de seguir asesorando al Banco Minero de Chihuahua, al cual sugería elevar nuevamente su capital a fines de enero de 1908. Es decir: en vísperas de la apertura del propio Banco de la Laguna. Para Brittingham, al parecer, había lugar para todos en el ancho y dinámico mundo del norte de México. Es más: su percepción era que todo crecimiento de estos bancos regionales tendía a atenuar la monopólica y no siempre favorable influencia del Banco Nacional de México, ese banco de gobierno. "El Banco Minero ha llegado a cierto límite en sus operaciones -le comentaba al siempre cercano Enrique Creel-, y se verá obligado a renunciar a negocios buenos que otros aprovecharán si no (lo) colocamos en condiciones de poder ocupar un puesto dominante en la parte Norte de la República". Y remataba: "Cada vez que un banco estatal aumenta su capital se debilita (en proporción) el monopolio del Banco Nacional. Como es un hecho que los bancos estatales hacen más, sin comparación, en beneficio de los negocios generales de la república que el Banco Nacional, mucho conviene que todos los bancos de los Estados procuren aumentar sus capitales sobre bases sólidas, (con el ingreso) de capital fresco".

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Referencias bibliográficas

*Cerutti, Mario (1992), "La generalización del crédito laico en México (1850-1910). Experiencias regionales", en Anuario, 7, Universidad Nacional de la Provincia de Buenos Aires.

*Creel Sisniega, Salvador (1960), "El crédito y la banca en Chihuahua", en Chihuahua en su CCL, Chihuahua, Gobierno del Estado de Chihuahua.

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