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Mario Cerutti, Universidad Autónoma de Nuevo León Domingo 15 de feb 2015, 9:53am ... Anterior 22 de 25 Siguiente ...

John F. Brittingham, el banquero (1859-1940)

La Casa Grande.

SIGLOS DE HISTORIA

Cuarta parte

"Este capítulo es parte de la reedición del libro John F. Brittingham, que publicará próximamente

el Instituto Municipal de Cultura del R. Ayuntamiento de Gómez Palacio"

VII

Capitales alemanes para el Central

No había finalizado agosto cuando Creel recibía nuevas y sorprendentes noticias: al Deutsche Bank, en Berlín, le interesaba tomar acciones por más de un millón cien mil dólares en el Central. Algo inesperadamente, el proyecto inaugural empezaba a desbordarse: "Como varios de mis amigos en el país desean tomar fuertes cantidades de acciones -le confesaba a Brittingham el 2 de septiembre - no sé cómo le (podré) dar entrada a esta suscripción de 2.500,000 pesos, aun elevando el capital del Banco al máximun de cinco millones que fija la concesión".

Creel detectaba el dilema y las posibilidades que presentaba la aparición del muy poderoso Deutsche, porque "siendo el Deutsche Bank uno de los grandes bancos europeos, con relaciones de primera clase en todo el mundo y con un capital de doscientos millones de marcos, comprendo que sus relaciones con el Banco Central tendrán que ser de la mayor importancia". Aunque el problema consistía ahora en que había demasiados capitales disponibles para el Central, la conexión con la institución alemana le parecía básica: por ese sólo motivo, cuando el Central abriera sus puertas "se encontraría colocado ya en un nivel de grande respetabilidad en el mundo financiero, lo cual como usted comprenderá es muy ventajoso". Y terminaba con una petición de asesoramiento, que parecía urgirle: "Desearía conocer la opinión de usted sobre esta suscripción que ofrece el Deustche Bank, y si se encuentra allí Juan (Terrazas) le suplico le enseñe mi carta para que los dos me den sus consejos. El asunto es muy grave y de grande responsabilidad moral para mí el resolver de una u otra manera".

Setenta y dos horas después salían de La Laguna los comentarios del ya flamante director de Jabonera. Recomendaba prudencia y advertía frente a la excesiva injerencia de capitales del exterior en el Banco Central: "Me parece que no sería aconsejable admitir en el nuevo banco grandes suscriptores de fuera de la República...Yo sugeriría que, para dar al banco el necesario prestigio, algunas acciones se colocaran en Alemania, algunas en Francia, otras en Inglaterra y otras en Estados Unidos. 100,000 pesos oro en cada país puede ser suficiente. Esto brindaría inmediatamente al banco una reputación mundial, y al mismo tiempo le dará un gran prestigio tanto en México como en el extranjero". El razonamiento de Brittingham no dejaba de tomar en cuenta el papel que, en su entender, deberían jugar en el Central los bancos regionales. "No dudo que el Deutsche Bank podría suscribir más de 2.500,000 pesos, añadía, y lo mismo (podrían hacer) otros bancos de Alemania y capitalistas de otros países. Pero no sería aconsejable darles la mayoría de las acciones. Ello podría causar dificultades con los bancos de los estados de la República, quienes indudablemente desean tomar una gran cantidad de acciones y, al menos, contar con la mayoría". Esa era su franca y cruda respuesta tras "un primer vistazo a su carta". Pero al mismo tiempo le resultaba muy satisfactorio notar que el proyecto de Creel recibiera la aprobación de "una institución tan fuerte como el Deustche Bank". Ello auguraba "el más completo éxito para usted en tan gran empresa". Y le insistía, de paso, en su deseo de adquirir 100 mil pesos en acciones.

Creel solucionó parte de estos nudos con un aumento del capital inaugural -elevado a seis millones de pesos (tres millones de dólares)- y diversificando la participación externa. Según Creel Sisniega, la mitad de aquel monto quedó suscripto por el Deutsche Bank, la casa Bleichroeder y Cia. de Berlín, y J. P. Morgan y Cia. de Nueva York. "En la organización del banco figuraron como accionistas todos los bancos de los Estados, y para asegurar su influencia en el desarrollo del Central Mexicano se crearon acciones marcadas con la letra B, que tenían (el) privilegio exclusivo de nombrar una parte del Consejo de Administración"

VIII. El comisario Brittingham

Antes que terminara 1899 Brittingham felicitaba a su amigo del norte "por el buen arreglo que pudo hacer respecto de colocar tan pronto todo el capital del Banco Central". Tan exitosa había sido la gestión de Creel que Brittingham sólo pudo conseguir 50 mil pesos en acciones, pese a su insistencia. Algo similar le sucedió a Juan Terrazas, que también se resignó a comprar 50 mil pesos. "Lamento mucho que Don Enrique no haya podido obtener 100,000 pesos (en acciones) para cada uno de nosotros...", se quejaba en enero de 1899 el ex director de La Esperanza en carta a su siempre confiable compañero Terrazas.

En vísperas de la fundación del Central, Creel avizoraba ya nuevos incrementos en el capital. Y se esmeraba en consolar a Brittingham, mientras procuraba explicarle lo acontecido: "Creo que antes de un año aumentaremos el capital del Banco Central a 10 millones de pesos, y para entonces podrá usted completar los 100,000 que desea tener en acciones. Por ahora me es absolutamente imposible participarle a usted una cantidad mayor en acciones. Cuando conozca la lista de accionistas verá que ha sido de los favorecidos. Casas como las de Ollivier y la de Signoret, Honorat y Cia., de Carlos Markazusa, etc., que solicitaban cada una 250,000 pesos de acciones, han recibido algunas 10,000 y otras 20,000. (Es que) han sido tantas las solicitudes de acciones que los concesionarios nos hemos visto en muy grandes compromisos para complacer a nuestros amigos".

Pero si algo le sobraba a Brittingham, cuando detectaba un buen proyecto, eran tenacidad y seducción. Siete días antes que se asentara en escritura pública en el Distrito Federal la creación del Banco Central, reiteraba: "Espero que usted pueda conseguirme los 100,000 pesos en acciones. Como usted sabe, tengo un interés muy grande en que prospere dicho Banco y me propongo contribuir de cuantas maneras pueda para que aumenten sus operaciones. Los negocios del Sindicato (alude a Jabonera, MC), que solamente haré por conducto de dicho banco, serán enormes. Naturalmente desearía tener el mayor número de acciones posible por la razón que puedo contribuir mucho para el crecimiento de sus operaciones". Y de inmediato, más propuestas: "Hablando de los negocios del Sindicato, se me ocurre preguntar a usted si el Banco Central puede desde luego concedernos las mismas condiciones favorables que tenemos con el Banco de Londres y México". Es que esta última institución, detallaba, no cargaba comisiones a Jabonera por cobranzas y cheques. Las comisiones sobre cobranzas fuera de México, además, se hacían "con un cambio muy módico". "Estamos ocupando exclusivamente al Banco de Londres y México y todas sus sucursales donde existen (pues) nuestras operaciones se extienden por todas partes de la república, desde Sonora a Yucatán. Como el Banco Central tendrá socios en casi todos los Estados, o sea en los bancos de los Estados, le pudiera convenir hacer (tales) negocios sobre mejores bases...Desearía tener una carta oficial del Banco Central Mexicano relativa a este asunto para, enseguida, cambiar la cuenta del Sindicato del Banco de Londres y México".

Creel agradeció los "bondadosos ofrecimientos sobre la cuenta de la Compañía Jabonera de La Laguna" en el mismo correo (3 de febrero de 1899) en que remitía a Brittingham "una lista que contiene los nombres de las personas que van a formar el Consejo de Administración del Banco Central Mexicano". Dos cosas remarcaba. En primer término, se había resuelto incorporar al Consejo a prominentes socios o funcionarios del Deutsche Bank, de la casa Bleischroeder y de Morgan y Cia. "Aunque estos señores no podrán venir a México -aclaraba- hemos deseado colocar sus nombres al frente de nuestra institución como una bandera de prestigio y respetabilidad en el extranjero". Luego, anunciaba: "A mí me han nombrado Presidente del Banco". Se sentía muy satisfecho y agradecido, sobre todo porque la decisión había sido unánime y propuesta por los dos grupos que integraban el paquete accionario.

El 6 de febrero de 1899 quedó formalmente fundada esta institución bancaria, quizás una de las obras más lúcidas del porfiriato. Su proyección fue espectacular. Para octubre de 1903 su capital ya ascendía a los diez millones de pesos (y había integrado inversiones de la Banque de l'Union Parisienne). Cuatro años después, en setiembre de 1907, cuando saltó a treinta millones de pesos (algo menos de 15 millones de dólares), se había transformado en uno de los principales bancos de México. La Revolución frenaría, de manera abrupta, tan explosiva expansión.

Brittingham siguió paso a paso este desenvolvimiento. Más atención debió prestarle, seguramente, desde el 15 de marzo de 1901: cuando la Asamblea General de accionistas lo designó Comisario Propietario. Se integró entonces a una Junta Directiva en la que sobresalían personajes prominentes del porfiriato: Joaquín D. Casasús, Olegario Molina, José Signoret, Enrique C. Creel, Fernando Pimentel y Fagoaga, Pablo Kosidowski. Con ellos, relevantes figuras de fuera del DF: Antonio V. Hernández, Rómulo Larralde, Carlos Bracho, Viviano L. Villarreal, Manuel Rivero Collada.

Pimentel y Fagoaga, que se hizo cargo de la gerencia en noviembre de 1901, fue el ejecutor de los planes de expansión ideados por Creel. Cuando Brittingham aceptó con entusiasmo, en 1907, suscribir el aumento de capital efectuado en setiembre, felicitó a tan ilustre integrante de la cúpula porfiriana de los negocios "por el gran éxito que obtuvo en su proyecto". Con los treinta millones de pesos que había reunido, aseguraba, Pimentel había llevado al Central Mexicano "a la vanguardia de los bancos más poderosos de la República".

marioceruttipignat@gmail.com

John F. Brittingham,  el banquero (1859-1940)

La Casa Grande.

John F. Brittingham,  el banquero (1859-1940)

Capilla en Dinamita, Durango.

John F. Brittingham,  el banquero (1859-1940)

Las instalaciones y obreros de la Jabonera "La Esperanza".


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