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Silvia Patricia Castro Zavala Domingo 17 de ago 2014, 8:44am ... Anterior 7 de 12 Siguiente ...

El mezquite y La Laguna

(LIC. ILHUICAMINA RICO)

SIGLOS DE HISTORIA

Nadie es profeta en su tierra, puede decir el mezquite. El árbol que una vez no sólo proveyó de sombra a esta región, que como todos sabemos es cotizada, también fue fuente de carbón, madera y alimento. Hoy, uno de los árboles nativos de la región es despreciado, tachado de feo y cuando se invita a sembrarlo hay quienes atacan al mezquite por tener espinas, argumento que nunca se ha usado en contra de los rosales.

En fin, volviendo al mezquite y su importancia para La Laguna. Podemos empezar por comentar varios testimonios histórico que refieren su abundancia en nuestra región. Es decir, que las planicies a las que ahora estamos acostumbrados, en otra época fueron ocupadas por una gran cantidad de bosques o montes de mezquites, según las fuentes históricas.

En julio de 1731, el Comisario de la Real Audiencia, realizó una medición de tierras en lo que hoy es la Comarca Lagunera. Debido a que el Marqués de Aguayo solicitaba le fueran adjudicadas como realengas (sin dueño) para acrecentar el mayorazgo. En el documento en que se anotaron medidas y linderos de aquellos cuatro días de mediciones, se habla de la vegetación autóctona: "mesquites, nopales y chaparillos". De entre ellos, el más nombrado es el mezquite que en algunos casos dificultó la medición por ser "mui alto (y) mui espeso".1

La presencia de este árbol permitió a los colonizadores darse cuenta de que la región era propicia para la siembra. En una pequeña biografía de don Catarino Navarro Urías, el autor pone en boca de éste las siguientes palabras: "Por otra parte, la existencia en esta región de extensos y lozanos bosques de mezquites nos garantizan un suelo sumamente fértil y rico en aluvión ..."2

La profunda raíz del mezquite le permite crecer en lugares por donde escasea el agua superficial de tal forma que lo encontraremos, según las fuentes históricas, por toda la región. La entrada del río Nazas a sus tierras, llevó a Leonardo Zuloaga a construir una presa en la boca de Calabazas. "Año de mil ochocientos cincuenta ... Don Leonardo Zuloaga recorrió una y otra vez las márgenes del río Nazas, desde el Cerro de las Calabazas hasta mucho más allá de donde terminaba el bosque de mezquites hacia el oriente. (...) Y al fin se decidió... A su administrador Pedro Santa Cruz, le dijo: "Aquí construyes la presa y también la cuadra..."3 El lugar escogido por Zuloaga ". . . no era realmente un desierto, ya que todo era un apretadísimo bosque de mezquites de más de dos metros de alto, que existían inclusive en lo que es actualmente el primer cuadro de la ciudad de Torreón . . ."4

En un artículo periodístico titulado: D. Andrés Eppen, fundador de la colonia "El Torreón," el autor relata: "Un extenso bosque de mezquites ocupaba los terrenos que más tarde servirían de asiento a la estación del Torreón. Hasta ellos venían a cortar leña algunos carreteros de Lerdo. (...) La casa del Torreón fue edificada para almacenar las herramientas y el material de trabajo que se utilizaba en la construcción de la Presa del Carrizal (la) que, una vez terminada, dispuso el señor Eppen se destinara a centro administrativo de la nueva hacienda, y los leñadores acudían a ella a hacer efectivo el pago correspondiente . . . D. Andrés Eppen se dio perfecta cuenta del valor económico, político y social que andando el tiempo habría de adquirir la Hacienda del Torreón convertida en convergimiento ferroviario de alta importancia para la comarca, y sin muchas meditaciones, pensó en transformar aquellos bosques de mezquites que se hallaban precisamente en el cruzamiento de las vías, en un centro de población."5

Esta abundancia no fue privativa de Torreón, en cuanto a Gómez Palacio, Sergio Luis Rosas describe la tierras adquiridas por el santanderino Santiago Lavín, y que formaron parte del Perímetro que lleva su nombre, como "vastas extensiones cubiertas por bosques de mezquites, que apenas servían de agostadero."6

Conforme avanzó la urbanización de Torreón, fueron desapareciendo aquellos mezquitales. En una entrevista hecha a la Profra. Dolores González González recuerda que que existía uno cerca de donde hoy se encuentra el bosque Venustiano Carranza: " ... y en 1932, siendo muy joven, me hicieron una proposición que me puso a pensar: "Por entonces Torreón era una ciudad pequeña, aunque en expansión. Poco más allá de la Alameda Zaragoza, casi no había casas, y a mi me ofrecieron la Dirección de una Escuela que estaba en las orillas, muy alejada del centro. (...) Por ese rumbo (Avenida Abasolo y Calle 8ª) no había pavimento, el tranvía pasaba a una cuadra y al oriente seguía un bosque de mezquites."7

En el área rural, la presencia del mezquite fue mas prolongada. En los textos del Dr. Terán son frecuentes las referencias a los mezquitales que había en la región. Narrando las andanzas de un bandido apodado el Mechudo explica la razón de su facilidad para esconderse: ". . . en aquellos entonces, en toda la región (antes del reparto agrario), más de la mitad de la tierra estaba sin cultivar y se encontraba poblada por apretados bosques de mezquites, que tapaban a un hombre de a caballo y tenían como mil caminos retorcidos, por donde el que no sabía, con peligro y ahí se perdía (...)". En ese mismo artículo el autor recuerda que a mediados de los años 30's para ir de Torreón a Matamoros había que saberse muy bien el camino, ya que se corría el riesgo de perderse por lo apretado del bosque de mezquites que había y para ilustrar mejor su dicho, asienta una vivencia del Dr. Bulmaro Valdés Anaya que ". . . cuando estaba chamaco y que trabajaba en la fábrica de su tío, un día domingo y a instancias de unos empleados que ahí estaban, le pidió prestado el automóvil al señor don Antonio, que para irse a comer unas sandías a Matamoros y ya cuando iban casi al medio camino, efectivamente se perdieron entre el apretado mezquital y como casi oscurecía, mejor se tuvieron que regresar, guiándose más bien por unas vías y por los postes del telégrafo."8

Es realmente muy interesante encontrar las referencias a los mezquitales en artículos de muy variada temática. En una entrevista hecha a Luis Treviño Alzalde, descendiente de uno de los guardianes del Archivo Nacional en la Cueva del Tabaco, describe el lugar en que se resguardaron los valiosos documentos de la siguiente forma: "Me decían personas que ya murieron que la cueva la cubría un gran árbol que tuvieron que doblar con lazos aquellos hombres para meter los bultos. Había un gran bosque de mezquites y era difícil llegar hasta el escondite."9 No estaría de más aclarar que dicho bosque ya no existe, lo que nos permite percibir la entrada a la Cueva del Tabaco desde la carretera.

Tiempo después de que el Profr. Wenceslao Rodríguez y el Lic. Federico Elizondo descubrieran la Cueva de la Candelaria, cerca de Paila, el primero escribió una serie de artículos sobre las exploraciones que se llevaron a cabo por estas tierras. En una de dichas narraciones, buscando un ojo de agua cercano a la Hacienda de Hornos, hoy ejido Venustiano Carranza, recuerda: "Y hacia él nos dirigimos por entre los mezquites que hábilmente sortean por veredas angostas y cerradas, nuestro pacientes animales . . . y al otro lado, en un claro del bosque, porque es un verdadero bosque de mezquites . . ."10

¿Qué pasó con todos aquellos bosques de mezquites? La respuesta parece estar en el avance del hombre sobre el medio físico en su afán de aprovechar para la siembra los ricos suelos de aluvión de la región. Hace algunos días, cuando comentaba con una querida amiga sobre este tema, me contó que cuando su papá llegó a La Laguna, en 1939 después de haber estudiado en la capital, compró un rancho. Para sembrar había que desmontar, o sea limpiar de vegetación las tierras laborables que estaban cubiertas de mezquites. En 1965, el Ing. Cenobio E. Blanco, Delegado Forestal y de la Fauna en la comarca, informó que se había concluido la investigación que se había hecho sobre la denuncia del Comisariado Ejidal de Gilita por la tala de mezquites que estaban haciendo los campesinos del ejido Zaragoza.11 Además, desgraciadamente el aroma de la madera lo ha hecho altamente cotizado para la elaboración de carbón vegetal, lo que ha propiciado su desaparición de nuestros campos.

La importancia económica y cultural del mezquite para quienes habitaban esta región es indudable, como ya anotamos, pues proveía de madera, leña, carbón y hasta de alimento. Su madera es muy dura lo que permite la construcción de muebles, postes y diversos implementos. Según el relato de un cronista sobre cómo se transportaba el algodón antes de la llegada del ferrocarril "en los bosques de mezquites de estas tierras se encontraba el material para la construcción de las carretas."12 Además el mezquite era, y en algunos casos todavía es, una fuente de alimentación. Su semillas, ya secas y molidas producen una harina con la que se elabora el mezquitamal y hasta mermelada o vino y sus hojas son usadas para hacer infusiones que se usan para curar enfermedades de los ojos.

El 4 de febrero de 2011 una helada negra de -8.5º C cayó sobre la región lagunera. Una de sus consecuencias a largo plazo fue la pérdida de entre el 40 y el 80% de sus árboles, cifra que depende de la fuente que se consulte. Esa pérdida deriva en gran parte del hecho de que hemos sembrado árboles que no son adecuados para el clima lagunero. Hermosas palmas coco plumoso, laureles o ficus hermoseaban nuestras calles. Aquella helada propició que nuestra región perdiera buena parte de su vegetación.

Un entusiasta grupo de jóvenes laguneros, que se han dado el nombre de Colectivo Mezquite. Su objetivo es sembrar árboles, sobre todo mezquites, también incluyeron: lágrimas de san pedro, huizaches y mimbre. Esto con el fin de reponer los árboles perdidos con aquellos que puedan aguantar el clima extremo. Aunque estos jóvenes se proponen estar pendientes de los árboles sembrados; algunos se los han encargado a los vecinos. Esto en parte, por que así como los humanos necesitan cuidado mientras crecen, estos árboles necesitan vigilancia. A cambio de regarlos tres veces por semana, los árboles se comprometen a: Dar sombra para carros y transeúntes, bajar algunos grados los termómetros y limpiar el aire. Si me lo preguntan tenemos todas las de ganar en este acuerdo.

silvia.castro.zavala@gmail.com

Lic. ILHUICAMINA RICO

1 Guerra, Eduardo. Historia de Torreón. Ayto. de Torreón, 1996. Pp. 29 a 33

2 HEST. C.P. Eduardo Echávarri Díaz Couder. Evocando el pasado. Don Catarino Navarro Urías. 14 de julio de 1991. Pp. 122

3 HEST. Miguel Ángel Ruelas. El símbolo de Torreón, un viejo edificio de adobe con almenas será reconstruído cuando se reanuden obras para edificar un cine. 1º de septiembre de 1977. Pp. 13.

4 HEST. Dr. Manuel Terán Lira. Crónicas de La Laguna. Los indios laguneros. Capítulo 11. 14 de febrero de 1982. Pp. 43.

5 HEST, D. Andrés Eppen, fundador de la colonia "El Torreón". 15 de septiembre de 1957, Pp. 21.

6 Rosas, Sergio Luis. Crónica gomezpalatina, El Perímetro Lavín, en El Siglo de Torreón, 31 de diciembre de 1991. Pp.95.

7 HEST. Miguel Ángel Ruelas. Cincuenta y un años sirviendo en una profesión que la misma maestra Dolores González González califica de "maravillosa". 1z1 de junio de 1976. Pp. 13

8 HEST. Manuel Terán Lira. Crónicas de La Laguna. Página Roja. Capítulo 52. 11 de enero de 1981. Pp. 21.

9 Ruelas, Miguel Ángel. En la cueva de un pordiosero estuvo el Archivo de la Nación, en El Siglo de Torreón. 24 de agosto de 1972. Pp. 5.

10 Rodríguez Wenceslao. Tras la huella de los indios en El Siglo de Torreón, 23 de agosto de 1956. Pp. 15

11 HEST. La tala de mezquites. 2 de abril de 1965. Pp. 11.

12 HEST. Sergio Luis Rosas. Crónica gomezpalatina. Y antes de que el tren llegara. 28 de mayo de 1990. Pp. 31.

Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx

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