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Y tú, ¿tienes fe, en tí mismo y en Dios?

Gerardo de la Garza Ortega
Gerardo de la Garza Ortega

Y TÚ, TIENES FE, ¿EN TI MISMO Y EN DIOS? 

Por Gerardo de la Garza Ortega

Conferencista, Motivador Profesional y Director de MOTTIVARE

¡…con la fuerza de la palabra!

Dos Historias que te cautivarán.  Y un chistorete de la red…, espero encontrar uno de los mejores…

¡Hola!  ¿Cómo te va?  Mi amigo y distinguido lector.  Espero que tengas un día excelente y maravilloso.

Narran que, en un pueblito rural, se produjo una gran sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos los campesinos del lugar.  Ya que todos subsistían de lo que les producía el campo.

Fue tanta su desesperación, que fueron con el párroco de su iglesia, y le pedían que, por favor, hiciera oración para que llegaran las lluvias.  El padrecito les dijo, cuenten con mis oraciones, no se preocupen, las lluvias llegarán.

Todo el grupo de campesinos, dejaron la parroquia esperanzados que el buen Dios les mandara las tan ansiadas lluvias para poder salvar las cosechas de esa temporada.  Pero pasó el tiempo…, y las lluvias no llegaban.

Sigamos esperando, se decían unos a otros, el padre nos dijo que tuviéramos fe, así que, pongámonos a esperar, hasta ver nuestro sueño hecho realidad, y que las lluvias lleguen a nuestras parcelas.

Para esto, todos los campesinos se pusieron de acuerdo, y cada domingo, no fallaba ni uno, estaban todos en la misa dominical, como para convencer más fácilmente al padrecito para que sus oraciones fueran escuchadas.

Pero el tiempo pasaba…, y las lluvias no llegaban.  Desesperados, volvieron con el cura y le dijeron, qué estaba pasando.  El padrecito les dijo, es que no lo están pidiendo con mucha fe.  Pongan mucha fe en su petición, y ya verán cómo llueve.

Se volvieron a regresar a sus casas, pero ahora con la encomienda del padrecito, pedir que caiga el agua del cielo, pero con mucha fe, y siguiendo asistiendo a la misa de los domingos.  Pero el tiempo seguía pasando…, y las lluvias no llegaban.

Volvieron a ser dóciles a las palabras del curita, y seguían pidiendo, pero ahora con mucha fe, para que el buen Dios hiciera el milagro que cayera agua en sus sembradíos.  Pero no llegaba nada…, ni una gotita de agua.

Entonces, regresaron de nuevo con el padre para reclamarle el por qué no estaba cayendo agua.  Y el padre les reclamó, es que no están pidiendo con mucha fe.  ¡Claro que sí!, gritaron todos.  ¿Seguros?  A ver, ¿por qué no traen los paraguas?

Menuda lección de verdadera y auténtica fe les dio el padrecito…

Pero vamos a otro hecho, por demás singular.  Ahora hablaremos, bueno, ok, escribiremos, acerca de un hecho que se requería mucha voluntad.  Se trata de Víctor Hugo, el autor de Los Miserables, ¿recuerdas?

Bien, pues a este bendito señor, le hicieron el encargo de que escribiera una novela en una semana, a cambio de recibir una gran cantidad de dinero.  Ese fue su motor, su motivación, y le echó ganas, trabajando día y noche, hasta que, finalmente mostró su nueva novela, desarrollada en una semana: Nuestra Señora de París.

El propio Víctor Hugo decía él mismo acerca de este hecho: “El talento es preciso para escribir, sí; pero también es importantísima la voluntad.”  Y yo, en lo personal agrego, y de igual manera, se necesita fe en sí mismo.

Y tú, tienes fe, ¿en ti mismo y en Dios?

Va en lo que quedamos...  Resulta que a Chucho se le ocurrió la bendita idea de aceptar la propuesta de su esposa de llevar a su suegra a un safari.  Total, que para no alargar más el cuento, que no es cuento, una tarde estando en lo más profundo de la jungla, se despiertan Chucho y su mujer, a media noche, y se dan cuenta que la señora madre de su hija no estaba en el campamento.

¡Salgamos a buscarla!, gritó desesperada su mujer.  Y Chucho, por complacerla, salen a ver si la logran hallar, en esa espesa selva, y con una negrura de noche, de espantarse, si encontraban a la suegra…, pero bueno, se ponen a tratar de encontrarla.  Al poco rato, escuchan, por donde andaban, unos ruidos en unos matorrales.  ¿Qué será ese ruido?  Investiguemos, dijo su esposa.

Al acercarse, y asomándose entre los arbustos, captan la siguiente escena.  Un león, de los más grandes que habían visto en el safari, estaba sobre la dichosa señora, a punto de empezar a engullírsela.  Entonces, la esposa de Chucho le dice, ¿qué vamos a hacer?  Y le contesta Chucho:  Nada.  Si el león se metió en este problema, que él salga solito…  jejeje!

Cierro como siempre, “y a seguir pataleando…, ¡porque no hay de otra!

Bibliografía consultada:

Más de 90 Lecciones para Elevar tu Autoestima.  Colección Literatura de Superación.  Corporación Gráfica Chirre.  (Adaptación realizada por Gerardo de la Garza Ortega)

www.todo-mail.com 

Las imágenes se obtuvieron de los siguientes sitios de internet:

www.ecoticias.com 

www.grupobillingham.com 

www.quelibroleo.com 

www.wikiart.com  

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